Sermones sobre la Vida Cristiana

Sermón: Hechos 2:41-47 Las Marcas de un Cristiano Saludable (parte 2)

Hechos 2:41-47 “41 Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas. 42 Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones. 43 Y sobrevino temor a toda persona; y muchas maravillas y señales eran hechas por los apóstoles. 44 Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; 45 y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno. 46 Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón, 47 alabando a Dios, y teniendo favor con todo el pueblo. Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos”.

 

            Uno de los énfasis en nuestra cultura lo es el cuidado de la salud. Cientos de revistas y aplicaciones para teléfonos inteligentes están diseñadas en proveer ayuda para cuidar nuestra salud física. Y yo diría que todos estamos de acuerdo en que es necesario que nos ocupemos en cuidarnos. En buscar preservar la buena salud que tengamos y en mejorar nuestra salud si ésta ha decaído.

            De eso es que estamos hablando aquí. Nosotros tenemos un hombre interior. Poseemos un alma en vital unión con el Señor Jesús. Y esa alma hay que alimentarla correctamente. El bienestar de nuestra alma guarda relación con el servicio que le debemos a Dios como nuestro Dios y nuestro Padre salvador en Cristo Jesús. Nuestra paz, nuestra alegría en tiempos difíciles, nuestra fortaleza y nuestra santificación están inseparablemente conectada con nuestra salud espiritual.  La misión de la iglesia, tu testimonio cristiano ante el mundo y ante tu familia dependen de la salud espiritual de cada uno de nosotros. La glorificación de Dios se da en el contexto de llevar mucho fruto. Y este fruto es producto de una vida cristiana saludable en íntima comunión con Cristo y en la dependencia del Espíritu Santo.

            El domingo pasado comenzamos a estudiar este tema. Y vimos que según Hechos 2:41-42 las marcas de una vida cristiana saludable y que son a la vez las marcas de un miembro saludable de la iglesia de Cristo son que éste: 1. Posee una recepción correcta del evangelio. 2. Persevera en el estudio de la doctrina bíblica. 3. Posee una sana participación de la vida familiar eclesiástica. 4. Participa consistente y responsablemente de los servicios de la iglesia. 5. Está involucrado a la tarea evangelística.

            El domingo pasado solo pudimos cubrir los primeros dos puntos. Y en aquel momento dijimos que solo un genuino creyente, verdaderamente regenerado, sanamente convertido es el único que puede vivir la vida cristiana que agrada a Dios. “Porque sin fe, es decir, [sin fe salvadora] es imposible agradar a Dios” (Hebreos 11:6). Nada de lo que hace el no creyente es hecho para la gloria de Dios. La vida de Dios no existe en su corazón. No hace las cosas espirituales por amor a Dios porque el amor a Dios no mora en su corazón. Así que lo primero que tiene que hacer una persona así es preguntarse: ¿he recibido el evangelio de una manera correcta? ¿Realmente me he arrepentido de mi vida pasada? ¿He recibido a Cristo como el Rey y Amo de mi vida? ¿Descanso para la salvación en los méritos de Cristo sola y exclusivamente?

            La segunda mara que estudiamos fue que un creyente saludable procura recibir y estudiar la doctrina cristiana hasta el punto de ser un maestro de esa Palabra. Obviamente no al nivel pastoral. Obviamente hablamos, como habla el libro de hebreos, de aquellos que llevan tiempo en la fe cristiana. Ahora bien, seas tú un recién convertido en tu juventud o en tu ancianidad, la meta es la misma: es crecer constantemente en el estudio de la Palabra de una manera significativa; de una manera cabal, según tus capacidades intelectuales. Hacer nuestra la resolución #28 del famoso ministro puritano Jonathan Edwards: Resolución #28: “Estoy resuelto a estudiar las Escrituras tan firmemente, constantemente y con frecuencia, al punto de que pueda encontrar y plenamente percibir, que estoy creciendo en el conocimiento de ella”. Hermanos, esta es la voluntad de Dios para tu vida. Y esta es también la obra del Espíritu Santo en tu vida. Dios como buen Padre que es desea que nosotros sus hijos crezcamos y maduremos en la fe. Les hablo a ustedes padres que comparten ese mismo deseo por sus hijos: verlos crecer, madurar física y mentalmente, no para mí sino para Dios. Y procurar darle buena alimentación, preverle tiempo de ejercicio y re creación pero también tiempo de estudios y de diversas tareas para enseñarles a que se dirijan al hombre y mujer que deben ser. Y los jóvenes deben desean ir creciendo y madurando para que se conviertan en hombres y mujeres de provecho, buenos cristianos para Dios y la iglesia, pero también buenos ciudadanos, buenos padres fundando todas sus decisiones en la Palabra de Dios.  

            Ahora bien, cuáles son las otras tres marcas de un cristiano saludable según Hechos 2:41-41. La tercera marca de un cristiano saludable que es la misma para un miembro saludable de la iglesia de Cristo lo es: que posee una sana participación de la vida familiar eclesiástica.  

III. Posee una sana participación de la vida familiar eclesiástica

            V. 42 “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros”. Ya vimos que en el versículo 41 los que recibieron la Palabra del evangelio predicada por el apóstol Pedro se unieron a la iglesia. ¿Cómo lo hicieron? Lo hicieron por medio del bautismo. Fue algo inmediato. Unirse la iglesia por medio de la membresía no es una opción para un cristiano. Es el deber de todo cristiano hacerlo. Y es también el fruto natural de la obra del Espíritu Santo en el corazón de todo genuino creyente. ¿Por qué digo esto? Porque este es el fruto de Pentecostés. Lucas aquí describe a la iglesia llena del Espíritu Santo.   Y tal devoción a la enseñanza de los apóstoles e incorporación a la membresía de la iglesia visible es la obra del Espíritu Santo. Por eso nos dice que “y se añadieron aquel día como tres mil personas”. ¿Se añadieron a qué?  Se añadieron al número de los discípulos. Se añadieron a la comunidad de la iglesia. A la congregación de los 120, que eran en ese momento la iglesia.

            El bautismo da inicio al discipulado cristiano a cargo de los líderes de la iglesia. Eso lo podemos ver en la Gran Comisión en Mateo 28:19-20. La iglesia ha sido comisionada a hacer discípulos, seguidores y estudiantes de todo lo que Cristo ordenó. El bautismo marca el inicio del discipulado cristiano y la solemne admisión de la persona bautizada a la iglesia visible de Cristo. Es el testimonio de lo que Dios ha hecho para salvarnos por medio de la sangre de Jesús. Pero también es el testimonio de su entrega a Dios por medio de Jesucristo para caminar una vida nueva.

            Pero ellos no solo se hicieron miembros de la iglesia por medio del bautismo, sino que entraron a la vida misma de la iglesia.  Ellos perseveraban, se adherían en cuerpo y en alma, con todo lo que tenían a la vida familiar eclesiástica. Ellos se veían como lo que eran: la familia de Dios. No de nombre sino de hecho y en verdad. Ellos no asistían de una manera desconectada. Ellos vivían como una nueva familia: cuyo Padre es el mismo para todos y cuyo Salvador Jesús es su hermano mayor. Y todos se trataban como hermanos. Abrían sus vidas y su corazón para compartir con ellos. Eran una verdadera familia. Ellos perseveraban en la comunión, en el griego en la koinonía, en la unión en conjunto unos con otros, como fruto de su koinonía con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Ellos daban y recibían. Abrían sus casas, compartían sus necesidades.

            Mira cómo se describe la vida de la iglesia. V. 44 “44 Todos los que habían creído estaban juntos, y tenían en común todas las cosas; 45 y vendían sus propiedades y sus bienes, y lo repartían a todos según la necesidad de cada uno”. No estamos diciendo que la comunidad de bienes es lo que debemos practicar en la iglesia. Eso fue algo especial, obra del Espíritu Santo. Pero sí podemos ver en la realidad práctica lo que es la comunión de los santos. Ellos compartían todos juntos. No había grupitos en donde nadie sino unos pocos cabían. Había una unidad real. Compartían sus cosas. No había un individualismo. Ni la práctica de que estoy cerca físicamente pero lejos en mi amor por mis hermanos. Velaban por las necesidades de los demás hermanos. Daban de su dinero para satisfacer las necesidades de los hermanos. Se preocupaban por cada uno de ellos. Velaban por las viudas. Velaban por los huérfanos. Lloraban con los que lloraban y reían juntos con los que reían. Conversaban constantemente. Todo parte de la comunión de los santos.

            Un creyente saludable espiritualmente tiene una sana participación de la vida de la iglesia. El sabe que la voluntad de Dios es salvar a una iglesia o no meramente individuos. Que Cristo dio su vida por la iglesia. Que la iglesia es la familia de Dios. Que hay una unidad en el Espíritu que debemos fomentar y cuidar. Que todos somos hermanos unos de otros y de cada uno. Que todos somos miembros los uno de los otros. Que debemos amar, ayudar y cuidar a cada uno de nosotros porque Jesús ama, sostiene y cuida a cada uno porque somos sus ovejas. Por eso la obra de salvación implica que Dios nos une a un cuerpo. Que nos lleva a conocernos y amarnos a quienes tal vez jamás hubiéramos conocido y jamás nos hubiéramos movido a amarnos. El creyente saludable busca maneras no solo de estar presente sino de darse totalmente a sus hermanos porque Cristo se dio totalmente por cada uno de nosotros.

            Pero eso no es todo. La cuarta marca de un cristiano saludable y que es a la vez la marca de un miembro saludable de la iglesia es que participa consistente y responsablemente de los servicios de la iglesia.

IV. Participa consistente y responsablemente de los servicios de la iglesia

            V. 42 “42 Y perseveraban… en el partimiento del pan y en las oraciones”. Así que no solo un creyente saludable es dado a oír la predicación y enseñanza apostólica de parte de los ministros del evangelio, y procuraban aprender cabalmente todo lo que Dios nos enseña en la Palabra sino que también abrían su casa, su corazón y su vida a la vida de los hermanos.

            También perseveraban en el partimiento del pan. ¿Qué significa esto? Algunos entienden que se refiere a los ágapes o a las celebraciones o comidas que realizaban en común los cristianos. Y mencionan el ejemplo en el versículo 46 donde dice: “y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón,”. De esto ser así entonces es otro ejemplo de la koinonía o comunión los unos con los otros.

            Hay otros que entienden que a frase se refiera a la Santa Cena. Y yo entiendo que esa explicación hace más sentido. ¿Por qué? Porque Lucas está enumerando las actividades que se realizaban en los servicios de la iglesia. Allí predominaba la predicación, la comunión de los santos y las oraciones. Además, la frase se usa en la Biblia para referirse a la celebración de la Santa Cena según el ejemplo de Jesús en Mateo 26:26 “Y mientras comían, tomó Jesús el pan, y bendijo, y lo partió, y dio a sus discípulos, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo”.  Y que esa frase se usó para referirse a la Santa Cena. Lo tenemos mencionado por Pablo en 1 Corintios 10:16 “La copa de bendición que bendecimos, ¿no es la comunión de la sangre de Cristo? El pan que partimos, ¿no es la comunión del cuerpo de Cristo?”.

            Así que la iglesia perseveraba en la celebración de la Santa Cena. Y de las oraciones. La palabra oraciones es en plural denotando los diversos cultos de oraciones realizados por la iglesia. El libro de Hechos menciona más de 10 de esas reuniones por la iglesia. La iglesia era una iglesia de oración. Toda la iglesia se reunía como un cuerpo para orar los unos por los otros.

            Ahora bien. Si te das cuenta la iglesia era una iglesia de adoración. La celebración de la Santa Cena y las oraciones nos enseña que la iglesia era una dedicada a adoración en el templo y por las casas. En otras palabras, había adoración formal e informal. Ellos no rechazaron la iglesia como institución. No dijeron ya tenemos la necesario: el Espíritu Santo y la Biblia y nada más. No. Ellos se reunían cada día en el templo. Ellos se reunían a ciertas horas para orar como hacían los judíos. Tenías ciertas horas fijas para la oración. Y ellos suplementaron las reuniones del templo con reuniones espontáneas en sus hogares. V. 46 “46 Y perseverando unánimes cada día en el templo, y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón,”. Si te das cuenta las reuniones en los hogares era parte esencial de la vida de la iglesia primitiva.

            Así que un cristiano saludable es uno que está activo en los servicios de la iglesia. Participa consistente y responsablemente de los servicios de la iglesia. Ordena sus prioridades de su vida alrededor de la adoración a Dios en la casa de Dios. Ordena su tiempo para participar de los servicios de la iglesia. Procura estar presente en los cultos de oración. Procura estar presente toda vez que se da la Santa Cena. Para él la iglesia no es algo meramente de los domingos. Para él la iglesia es primeramente la comunión de los santos. Comunión primeramente con Dios en Cristo Jesús y por su gracia. Pero comunión también unos con otros. Es venir a aprender para poder enseñar y compartir con los demás hermanos. Es dar mi vida a mis hermanos. Auxiliarle en sus necesidades. Participar de sus vidas como hermanos. Es ser celosos en la participación de los medios de gracia. Si te das cuenta la iglesia es una en donde los medios de gracia: palabra, sacramentos y la oración son el fundamento para la edificación de la iglesia. Y no hace falta nada más.

            Pero también no es un creyente de domingos solamente. Se reúne con sus hermanos creyentes en sus casas para compartir y adorar a Dios. Y eso no era una carga sino motivo de gozo. Dice: “y partiendo el pan en las casas, comían juntos con alegría y sencillez de corazón”.

            La quinta marca de un cristiano saludable lo es su participación activa en la evangelización de los perdidos.

V. Es activo en la evangelización de los perdidos

            V. 47 “Y el Señor añadía cada día a la iglesia los que habían de ser salvos”. O literalmente los que iban siendo salvados. Ahora bien, Lucas nos dice algo súper importante. Dios es el gran evangelista. Porque es El quien por medio de su Palabra y Espíritu atrae eficazmente a la fe. Pero hay algo importante que señalar. Dios obra a través de medios. Y el medio que Dios siempre utiliza para la salvación de pecadores lo es el testimonio de la iglesia. Los creyentes no se limitaron a venir a la iglesia para aprender, celebrar la Santa Cena y orar solamente. Ellos daban testimonio de la verdad. Ellos vivían la verdad y tal vida atraía a los inconversos. La iglesia predicaba el evangelio a los no creyentes. La iglesia oraba para Dios abriera puerta mientras se hacían milagros y prodigios por parte de los apóstoles. La iglesia era una iglesia misionera, una iglesia evangelística.

            Así que un creyente saludable espiritualmente participa activamente en la tarea evangelística. Ora por las almas que se pierden. Habla acerca de su fe. Invita a la iglesia. Regala biblias. Confiesa a Cristo delante de los hombres. Y esto por amor al amor salvador de Dios en Cristo Jesús. Porque ama a los pecadores. Y así como alguien les habló del evangelio y fue el medio para su salvación, de igual manera desea que otros se salven y no se pierdan en el infierno.  

            Ahora bien. A la luz de esta Palabra, cómo está tu vida espiritual. ¿Cuán saludable está tu vida espiritual? ¿Estás perseverando en estudiar con miras a dominar la Palabra de Dios? ¿Has abierto tu corazón a la vida de la iglesia? ¿Has procurado hablar y hacer amistad con otros hermanos o son siempre los mismos? ¿Participas activa y consistentemente de los cultos de oración de la iglesia? ¿Cuán importante es la celebración de la Santa Cena? ¿Cuán consistentemente eres en asistir a la iglesia? ¿Es adorar a Dios la prioridad número uno de tu vida por encima de lo demás? ¿Por quienes estas orando por su conversión? ¿Qué más puedes hacer por las almas que se pierden? 

            Este es el momento para auto-examinarnos. Este es el momento para pedir perdón a Dios por nuestras faltas. Pero tampoco es el momento para enorgullecernos. Quiera Dios que todos nosotros amemos como Cristo, hacer la voluntad de nuestro Padre. Que anhelemos siempre estar a solas con El en oración. Y ser como Jesús que siempre estaba presente cada día de culto en la reunión del pueblo de Dios. Y esto para la gloria de Dios y el estado espiritual de nuestra alma.

 

Sermón: Hechos 2:41-42 Las Marcas de un Cristiano Saludable Espiritualmente

Hechos 2:41-42 “41 Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas. 42 Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones”.

 

            Yo siempre he dicho que hay por lo menos tres cosas importantes que hacer para mantenerse saludable físicamente: comer bien (saludablemente), hacer ejercicio y visitar al médico por lo menos una vez al año para un chequeo general.

            Lo mismo sucede en la vida cristiana. Todos debemos auto evaluarnos constantemente para ver cómo va nuestra vida cristiana. Y preguntarnos cómo yo estoy en mi relación con Dios, en mi relación con Jesús y en mi dependencia del Espíritu Santo. Y si mi caminar es digno de mi llamado.

            Fíjate que Pablo le dice a la iglesia de los corintios, a cada uno de ellos, miembros de esa iglesia, que se evalúen y se pregunten si son realmente cristianos. En 2 Corintios 13:5 “5 Examinaos a vosotros mismos si estáis en la fe; probaos a vosotros mismos. ¿O no os conocéis a vosotros mismos, que Jesucristo está en vosotros, a menos que estéis reprobados?”. Dice: examinaos. Haz un examen de ti mismo: de tu corazón, de tus motivos, de tu fe misma en el Señor Jesús, de la sinceridad de tu fe. Y probaos, es decir, concluye si la evidencia del examen pasa o no la prueba. Pregúntate: ¿Jesús está en mí? ¿Es El mi Dios y Señor, mi Profeta, mi Sacerdote, mi Rey? En otras palabras, Pablo desea que nos preguntemos si somos realmente convertidos. Eso Pablo le ordenó a la iglesia de los corintios.

            Y yo les hago esta pregunta: ¿Cómo tú estás espiritualmente? ¿Cuán sana está tu vida espiritual? La única manera de contestar a esta pregunta es colocándonos ante los rayos X de la Palabra de Dios. Es como cuando vamos al médico y le decimos que nos sentimos bien pero cuando nos examina nos dice: amigo, tienes la presión alta y le decimos: de veras yo no siento nada (y nos dice el médico por eso la llaman el enemigo silencioso). Y nos dice: tienes los triglicéridos altos, la azúcar está en pre-diabetis, etc. No lo sabíamos a menos que fuéramos a los laboratorios. Pues la Palabra de Dios es nuestro laboratorio espiritual. Y ésta nos ayudará a evaluarnos según los estándares de Dios y no del mundo ni de nuestra imaginación y criterios. Aquí los criterios que cuentan son únicamente los de Dios. Y al hacerlo nos ayudará a contestarnos ¿cuáles son las marcas de un cristiano saludable espiritualmente hablando? Y que son a la misma vez las marcas de un miembro saludable de la iglesia de Cristo. No podemos separar los uno de los otro. No lo podemos hacer. Un cristiano saludable será un miembro saludable de la iglesia. Deficiencias en nuestro caminar en la iglesia es fruto y consecuencia de nuestra deficiencia espiritual.

            Y del pasaje podemos ver por lo menos 4 puntos. Y estos son: 1. En su recepción correcta del evangelio. 2. En la perseverancia de la recepción y estudio de la doctrina bíblica. 3. En la participación de la vida familiar eclesiástica. 4. En la participación consistente y responsable de los servicios de la iglesia. Hoy solamente veremos dos de estos puntos.

            Así que, ¿cuáles son las marcas de un cristiano saludable espiritualmente hablando? Esta se refleja en primer lugar…

I. En su recepción correcta del evangelio

            Hermanos míos, es imposible vivir la vida cristiana que Dios demanda si no hemos recibido correctamente el evangelio de salvación. Un muerto espiritual no puede actuar espiritualmente. Si no hay vida física no hay actividad cerebral, emocional, ni voluntaria. Solo los vivos pueden hacer estas cosas.

            De igual manera solo los que han recibido correctamente el evangelio de salvación son los únicos que pueden vivir la vida cristiana que Dios requiere de sus hijos. Regeneración y nuevo nacimiento es un prerrequisito indispensable. Por eso dice Lucas en Hechos 2:41 “41 Así que, los que recibieron su palabra fueron bautizados; y se añadieron aquel día como tres mil personas”. Los que recibieron su palabra. ¿Cuál palabra? La palabra del evangelio predicada por el apóstol Pedro en el día de Pentecostés. La palabra que declaraba que Jesús había sido entregado a la muerte por el determinado consejo y anticipado conocimiento de Dios, Hechos 2:23. Que su misión no fue por casualidad, sino que Jesús fue predestinado para dar su vida en rescate por muchos. Que Dios por medio de Jesús hizo milagros y portentos confirmando su ministerio de salvación. Que otra prueba de gozar del favor de Dios es que Dios lo levantó de entre los muertos. Que Dios lo levantó para que se sentara en el trono de David. Que su misión conllevó subir a los cielos y derramar el Espíritu Santo a su iglesia. Y aquel a quien ellos habían crucificado y por tanto son culpables de su muerte: Dios le ha hecho Señor y Cristo.

            En otras palabras, un creyente genuino es uno que recibe correctamente la palabra del evangelio, es decir, a Cristo Jesús como el Señor y el Cristo de su vida. Y no meramente dice que es cristiano, sino que lo es en verdad. Porque Cristo Jesús es su Salvador, su Dios, su Señor, su Amo, su Cabeza, su Esposo, su Rey, el alma de su vida, el gozo de su vivir. Y descansa en el sacrificio de Cristo y en su santidad para la justificación y el perdón de sus pecados. Y ha entrado en un pacto de fe y arrepentimiento, pero también en un pacto de obediencia y de servicio a Cristo. Lo vemos en Génesis 17:7-9 “7 Y estableceré mi pacto entre mí y ti, y tu descendencia después de ti en sus generaciones, por pacto perpetuo, para ser tu Dios, y el de tu descendencia después de ti. 8 Y te daré a ti, y a tu descendencia después de ti, la tierra en que moras, toda la tierra de Canaán en heredad perpetua; y seré el Dios de ellos. 9 Dijo de nuevo Dios a Abraham: En cuanto a ti, guardarás mi pacto, tú y tu descendencia después de ti por sus generaciones”. No solo Dios entró en pacto con Abraham, sino que además Dios requirió de Abraham que guardara su pacto y que procurara que sus hijos, nietos y demás descendientes lo guardaran.  Y lo vemos en el pasaje de Hechos cuando los que recibieron la palabra fueron bautizados y se unieron a la iglesia. Hermanos, la fe salvadora es una fe obediente. Por eso Calvino dijo comentando en Hechos 2:41 “aquí tenemos una declaración de la naturaleza y fuerza de la fe en la prontitud y en la alegre y voluntaria recepción de la Palabra. La fe debe comenzar con una disposición y deseo de obedecer”.

            Hermanos, este es el primer paso y sin este asegurado es imposible vivir la vida cristiana que Dios espera de cada uno de nosotros. Si es ese tu caso, si no has recibido correctamente el evangelio, te digo que jamás podrás vivir una vida cristiana saludable porque no existe vida espiritual en tu alma. Cristo no mora en tu corazón. Entonces no conoces lo que es la morada del Espíritu Santo en tu vida. Ni sabrás jamás lo que es la herencia de los santos en luz. No hay vida eterna en ti. Y aunque tal vez puedas parecerte a un cristiano, hablar como cristiano, caminar en muchas cosas como cristiano, realmente no lo eres. Eres como un cuadro hermoso que no tiene vida dentro de sí.

            Así que lo primero que necesitas tener presente es preguntarte: ¿He recibido el evangelio correctamente? ¿Soy genuinamente convertido? ¿Soy un cuadro más o hay vida espiritual en mi vida? ¿Poseo las marcas en mi vida de un genuino creyente? ¿Oigo la voz de mi Buen Pastor, le conozco y sigo sus Palabras fielmente?

            La segunda marca de un cristiano saludable espiritualmente hablando lo es:

II. En la perseverancia de la recepción y estudio de la doctrina bíblica

            Mira cómo se ve esto en el pasaje en la vida de la iglesia primitiva. V. 42 “Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles”.

            Perseveraban significa según el Diccionario Vine: “ser firmes. Denota persistir firmemente en una cosa, y dando cuidado constante a ella”. Es ser constante. Es adherirse a algo. Es ocuparse constantemente de algo. Se utiliza de perseverar en la oración en Hechos 1:14 y Colosenses 4:2. Ellos recibieron y perseveraron en el estudio de la doctrina de los apóstoles o la enseñanza de los apóstoles. La iglesia primitiva era una iglesia apostólica. Fieles a la enseñanza doctrinal de los apóstoles.

            En otras palabras, un creyente saludable espiritualmente tiene una adicción por la Palabra. Hay hambre espiritual por esa Palabra. Desea como niño recién nacido esa Palabra. Persevera en estudiarla y no solo en leerla. El procura ir en dirección a ser un maestro de la Palabra de Dios. Sí, hermanos. En el sentido de ser un verdadero conocedor de toda la Palabra de Dios. No meramente conocer algo de la Palabra, sino que nos esforzamos en buscar ser maestros de la Palabra. Y esto es para todo creyente y no solo para los líderes. Por ejemplo, esa la amonestación que le da el autor de los hebreos a esos hermanos. Veamos Hebreos 5:11-12 “1 Acerca de esto tenemos mucho que decir, y difícil de explicar, por cuanto os habéis hecho tardos para oír. 12 Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido”. El autor tiene una queja con esos hermanos. No habla aquí de los líderes sino de la iglesia en su totalidad, de cada cristiano en particular. Y les dice: yo no puedo continuar hablando sobre este tema (del oficio sacerdotal de Cristo según el orden de Melquisedec) porque es difícil y ustedes se han hecho tardos para oír (lentos en aprender). ¿Por qué? Porque, aunque llevan mucho tiempo en el evangelio aún siguen siendo niños, en necesidad de leche y no de alimento sólido. Se supone que ellos ya debían ser maestros, didaskalos, la misma palabra usada de Jesús como el maestro. Debiendo ser maestros todavía son niños. Tú meta es ser maestro de la Palabra de Dios. Es decir, conocerla de tal manera que puedas decir yo tengo un conocimiento cabal de esa Palabra en su totalidad. Un conocimiento cabal del mensaje, de las doctrinas bíblicas, de los autores de la Biblia, de la historia de la Biblia. Un conocimiento cabal del AT y del NT. Y de la “historia salutis”, de la historia de la salvación.

            Un creyente saludable espiritualmente hace por sí mismo un estudio de la Palabra. Se pregunta cuanto yo sé del AT. ¿Yo sé quién era Sofonías? ¿Sé yo cuál es el mensaje principal del libro de Crónicas? ¿Puedo ver a Cristo en el AT?

            Tú meta es ser un maestro de la Palabra. Un conocedor profundo de esa Palabra.  No serlo después de años en la fe revela una deficiencia espiritual. Ese hermano estaría revejío espiritualmente hablando.

            El creyente que está saludable espiritualmente no solo sabe que es su deber estudiar la Palabra de Dios. Lo hace no solo porque es su deber sino también porque es su placer y deleite. Allí busca ver a Cristo Jesús en cada página de las Escrituras. Él sabe que toda la revelación tiene un solo mensaje: la salvación en Cristo Jesús. Y busca ver en cada libro de la Biblia cómo Cristo es revelado allí. Porque en última instancia: la biblia es la revelación de Jesucristo. Allí busca leer las Pde su Esposo. Y responde a esa Palabra como Dios espera: creyendo en sus promesas, obedeciendo sus mandamientos y temiendo a sus juicios.

            Hermanos, en esta era de tanta tecnología y de muchos buenos libros que salen a diario, no hay excusa para ser maestros de la Palabra. Cómprate una buena Biblia de estudio. Un buen diccionario. Compra comentarios bíblicos buenos. Hay comentarios técnicos, intermedios y comentarios generales muy buenos. Estos te ayudan a entender profundamente la Palabra de Dios. Por ejemplo, la serie de comentarios Romanos para ti, Jueces para ti, etc. Es una buena colección confiable para estudio. Hay una colección de libros en audio que te pueden ayudar.

            También puedes tomar notas del sermón expositivo de esta iglesia. Y entonces durante la semana puede estudiar el pasaje, meditar en él, buscar los pasajes citados e incluso reunirte con algún hermano para discutir el sermón predicado.

            Y no solo eso. El fin es conocer a Dios más y más. Como dijo John Milton: “el fin de todo aprendizaje es conocer a Dios y de este conocimiento amarle e imitarle”. Honrarle al honrar su hermosa Palabra. Es recibir a Cristo más y más por medio de esa Palabra. ¿Sabes por qué no nos parecemos más a Jesús? Porque su Palabra no es estudiada ni vivida como Dios espera de nosotros. Es ser hacedores y no solo oidores de esa Palabra. ¿Eres tú solo un oidor de esa Palabra o un hacedor de la misma?

            Tú meta es ser maestro de la Palabra. Es alimentarte de una buena dieta de toda la Palabra de Dios. Y no solo de los mismos libros y los mismos pasajes. Y aunque algunos los libros devocionales que hay son buenos jamás podrán darte todo el alimento que necesitas para crecer en todas las áreas de tu vida. Jamás. Solo las Escrituras decía John Flavel: “nos enseñan la mejor manera de vivir, la forma mas noble de sufrir y la forma mas consolable de morir”.

            Y yo te pregunto: ¿eres ya maestro de la Palabra de Dios? ¿Eres ya como dice el autor de hebreos “experto” en la palabra de justicia? ¿Eres maduro en el conocimiento de esa Palabra? ¿La estudias a diario? ¿Luchas contra la dejadez del estudio de la Palabra?  ¿Estás perseverando en la doctrina de los apóstoles? Hermanos, que la resolución de Jonathan Edwards sea hecha tuya y mía. Resolución #28: “Estoy resuelto a estudiar las Escrituras tan firmemente, constantemente y con frecuencia, al punto de que pueda encontrar y plenamente percibir, que estoy creciendo en el conocimiento de ella”. Esa actitud es la de un creyente saludable espiritualmente hablando.

            ¿Cuáles son las dos primeras marcas de un creyente saludable que son a la vez las marcas de un miembro saludable de la iglesia? La primera es un recibir correctamente el mensaje del evangelio. Es aceptar, recibir y descansar en Cristo solo para justificación, santificación y vida eterna en virtud del pacto de gracia. Y la segunda es dedicarnos totalmente y con firmeza en progresar en la recepción y estudio de la Biblia hasta el punto de ser maestros de la Palabra. Y de esa manera demostrarle a nuestro Dios en el poder del Espíritu Santo y por amor Cristo, yo “prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús”. Filipenses 3:14. Hasta que llegue “a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo;”. Efesios 4:13. Y mi vida sea verdaderamente un trofeo de la gracia de Dios en Cristo Jesús. Amén.


 

 

Sermón: 1 Samuel 1:15 Ofreciendo violencia en la Oración 

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Mateo 11:12 “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan.” 1 Samuel 1:15 “Y Ana le respondió diciendo: No, señor mío; yo soy una mujer atribulada de espíritu; no he bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante de Jehová.”

 

            Dijimos que comentando sobre el pasaje de Mateo, Calvino dijo que nos enseña acerca de la naturaleza de la fe salvadora. Los que poseen la fe salvadora se esforzarán en agradar a Dios. Ellos saben que el propósito de nuestras vidas es glorificar a Dios. Y nosotros le glorificamos con nuestras vidas, con nuestros cuerpos y con nuestros labios. La obra de gracia en los creyentes se manifiesta en un ardiente deseo de que Dios sea exaltado con nuestras vidas. No provoca sentimientos fríos acerca de Dios sino todo lo contrario. El creyente arderá en deseos de que el nombre de su Dios sea reverenciado por nuestra conducta. Sólo los violentos arrebatan el reino de los cielos. Sólo los violentos entran a morar con Dios en los cielos. Por eso dijo Guillermo Hendricksen en su comentario sobre este pasaje: “la entrada en el reino exige un esfuerzo sincero, una energía inagotable, una diligencia suprema”. Es decir, que la entrada en el reino no se logra con un mero intento o un débil deseo por Dios sino todo lo contrario. Exige un esfuerzo, exige una energía, exige una diligencia. Sólo los violentos arrebatan el reino de los cielos. Los creyentes genuinos se esforzarán con valentía en correr la carrera que tienen por delante. Lucharán contra todo obstáculo en su camino hacia la ciudad celestial. Tienen trazada su meta y correrán hacia ella con todas las fuerzas que puedan. Pero correrán en el poder de Dios.

            Ya hemos visto que debemos ofrecer violencia hacia nosotros mismos. Debemos motivarnos y predicarnos a nosotros en nuestra lucha de la vida cristiana. También vimos que debemos ofrecer violencia en nuestro estudio de la palabra de Dios y en la manera en que escuchamos los sermones que se predican en la iglesia. En cuarto lugar Dios nos llama a que ofrezcamos violencia en la oración. Debemos tener una vida de oración. Es indispensable que así sea. El creyente ora. Su vida se caracteriza por ser una vida de oración. No una vida que ora alguna que otra vez. Debemos vivir nuestra vida orando. Pero para poder lograr esto debemos ofrecer violencia.

El pasaje de primera de Samuel nos da un ejemplo del requisito indispensable de una verdadera oración. Es un requisito indispensable el ser violentos al orar. Es decir, Dios espera de nosotros que cuando le oremos a Dios lo hagamos con fervor. La oración a Dios no debe ser una oración fría, sin vida o mecánicamente. Sino que debemos orar con un celo santo al Dios trino y uno. Debemos rogarle con la debida reverencia que El se merece. Fíjate en el caso de Ana. Ella lloraba y estaba afligida porque ella deseaba tener un hijo. No estaba borracha como pensaba erróneamente Elí. El fervor de la oración de Ana lo podemos ver en la frase “he derramado mi alma delante de Jehová.” Ella vació su corazón delante de Dios. Implica el fervor y la violencia en el sentido de vaciar todos sus anhelos, todas sus frustraciones y todas sus cargas delante del único que puede contestar su petición. Otro ejemplo de fervor en la oración lo tenemos en el caso de Jacob con el ángel. En Génesis 32:24 “Así se quedó Jacob solo; y luchó con él un varón hasta que rayaba el alba.” Jacob luchó con el ángel, Jacob luchó con Dios rogándole que le bendijera. Toda la noche la dedicó Jacob a orar pidiéndole que contestara su petición de que Esaú no le matara a él ni a sus esposas ni a sus hijos. ¿Con cuánto fervor crees que oró a Dios? Decía Johannes Vos en su comentario al Catecismo Mayor acerca de la pregunta 185 ¿Cómo debemos orar a Dios? “No debemos orar como si tuviéramos pobres  deseos por Dios y su bendición, sino con un intenso y ardiente deseo de una cercanía de Dios [hacia nosotros] y de sus bendiciones. Sólo tal actitud en la oración puede ser aceptable a Dios.”

Teodoro decía de Lutero: “Yo lo escuché orar a Dios y [mi madre] con cuánta vida y espíritu él oraba. Con cuanta reverencia oraba cuando se dirigía a Dios pero a la vez con cuanta confianza oraba como si hablara con un amigo”.

Hermanos, debemos ser violentos en nuestra vida de oración. En primer lugar debemos orar a Dios mucho más de lo que lo hacemos. Nosotros glorificamos a Dios con nuestras oraciones. La iglesia cristiana moderna es una iglesia con el espíritu de los Laodiceanos. De ellos se dice que son “ni frío ni caliente, son tibios”. Son sin lugar a dudas una iglesia que no ora. Pero Dios nos llama a ser una iglesia vibrante, una iglesia militante. Y es imposible ser una iglesia poderosa en el Señor sin oración. Es imposible ser una iglesia útil en las manos de Dios sin ser una iglesia dada a la oración. El reino de los cielos avanza por medio de la iglesia. Pero por medio de una iglesia que ora. No por medio de una iglesia que no ora.

Que debemos ser violentos, es decir, dedicados en alma y cuerpo a una vida de oración se desprende de varias consideraciones.

1. Del mandamiento mismo de Dios. Dios mismo nos llama a orar sin cesar. El apóstol Pablo inspirado por el Espíritu Santo nos da el mandamiento divino en 1 Tesalonicenses 5:17 “Orad sin cesar.” Y ¿qué significa esto? ¿Cómo yo puedo orar sin cesar? Aprovechando toda oportunidad para ofrecer tus deseos a Dios en la oración. En las mañanas, saca un breve momento de tu tiempo para buscar a Dios. Un nuevo día ha comenzado y Dios nos ha bendecido durante la noche. Ha cuidado nuestra vida. Ha protegido los bienes que nos ha dado. Nos ha dado la oportunidad de ver a nuestros seres queridos de nuevo. ¿Tenemos o no razones para adorar a Dios desde temprano en la mañana? Si como dice Jesús cada día trae su propio mal, entonces debemos comenzar cada día buscando a Dios en la oración suplicándole que nos dé la sabiduría para poder bregar con los problemas que nos visitarán cada día. Tenderemos, tal vez, problemas en el trabajo, en nuestra casa, en la escuela, con nuestros familiares, nuestros vecinos, en el supermercado, en la fila del banco, etc. Eso y mucho más nos deben dar la razón para orar sin cesar. Pero el mero hecho de que Dios nos ordena orar sin cesar es suficiente para nosotros los creyentes. O por lo menos debe ser suficiente. No sólo tenemos el mandamiento de Dios mismo sino tenemos el mandamiento de Jesús mismo. En Lucas 18:1También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar,”. Es necesario orar siempre. Tener a Dios constantemente en nuestros pensamientos. Efesios 6:18 “orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos”.

2. Del ejemplo mismo de Jesús y sus santos. Al cualquiera que lea la Biblia de vez en cuando se dará cuenta que Jesús fue un hombre de oración. Jesús oraba sin cesar. En El tenemos el perfecto ejemplo de lo que es ser violentos en nuestra vida de oración. Jesús aprovechaba toda oportunidad para orar. La vida agitada de Jesús no fue impedimento para vivir una vida dedicada a la oración. Alguien podría decir: ¿es que mi vida es bien complicada para poder tener una vida dedicada a la oración? ¡Para mí es imposible! No creo que ninguno de nosotros tiene o ha tenido una vida más complicada que la vida de Jesús. Aún así vemos a Jesús orando constantemente durante su ministerio. Sabiendo Jesús que su día iba a ser un día lleno de trabajo y trabajo físico agotador, decide levantarse bien temprano en la mañana para orarle en secreto a su Padre. En Marcos 1:35 tenemos el ejemplo, “Levantándose muy de mañana, siendo aún muy oscuro, salió y se fue a un lugar desierto, y allí oraba.” ¡Qué pobre vida de oración nosotros tenemos! Debemos suplicarle a Dios que nos perdone por tal práctica.

            Tenemos el ejemplo también de los santos de que ellos vivieron una vida consagrada a la oración. De David se nos dice que él oraba a todas horas. Por lo menos tres veces al día. Salmo 55:17 “Tarde y mañana y a mediodía oraré y clamaré, Y él oirá mi voz.” Y esto no sólo en la vida de David. Ha sido la práctica del pueblo de Dios, ser un pueblo dedicado a la oración. Romanos 12:12 “gozosos en la esperanza; sufridos en la tribulación; constantes en la oración;”

3. De la promesa de Dios de contestar nuestras oraciones. Dios nos ordena a orar constantemente, pero El también nos promete oír todas nuestras oraciones. Dios es un Dios que escucha la oración. Por el hecho de que Dios nos promete que oirá nuestras oraciones debemos con gran confianza dedicarnos a la oración.  Esa promesa la vemos en el Salmo 50:14-15 “Sacrifica a Dios alabanza, Y paga tus votos al Altísimo; E invócame en el día de la angustia; Te libraré, y tú me honrarás.” Dios mismo nos pide que le oremos y nos motiva a hacerlo en base a la promesa de que nos oirá y nos contestará, “E invócame en el día de la angustia; Te libraré, y tú me honrarás”. Y en 1 Juan 5:14-15 “Y ésta es la confianza que tenemos en él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, él nos oye. Y si sabemos que él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho.” En este pasaje Dios nos dice que nuestras oraciones hechas en fe no son en vano. Debemos acercarnos a Dios en la oración con confianza, es decir, con fe. Con fe en Dios y en su amor por nosotros y su buena voluntad hacia su pueblo. Pero esa confianza no nos da la libertad de pedir lo que se nos antoje. Debemos pedir conforme a su voluntad. Su voluntad revelada en la Biblia. Y sabemos que Dios escucha nuestras peticiones. Y esa seguridad nos debe llevar a descansar todas nuestras cargas en El. Sabiendo que si El nos oye recibiremos lo que hemos pedido en el tiempo del Señor.

Hermanos, debemos ser violentos en la oración. Dios ha prescrito la oración como el medio para que nosotros adquiramos lo que necesitamos. A veces no recibimos porque no pedimos. Es al que toca la puerta al que se le abre. Y Dios ha establecido la oración como la llave que abre el cofre de tesoros de Dios para nosotros. Tesoros para nuestro bien, no tesoros para satisfacer nuestros deseos carnales. Por eso mira a Jesús. El oraba constantemente a su Padre. El que Dios era su Padre y le ama con amor eterno no evitaba que le orara constantemente. El oraba sin cesar. El oraba con fe en su divino Padre. El buscaba todo lo que necesitaba por medio de la oración. Lo vemos orando antes de sanar, antes de hacer un milagro. Y fue oído por su temor reverente. (Heb.5:7). Ve tú, hijo de Dios, y haz lo mismo. Amén.

Sermón: Proverbios 2:1-5 Ejerciendo violencia con la Palabra de Dios

Mateo 11:12 “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan.” Proverbios 2:1-5 “Hijo mío, si recibieres mis palabras, Y mis mandamientos guardares dentro de ti, 2 Haciendo estar atento tu oído a la sabiduría; Si inclinares tu corazón a la prudencia, 3 Si clamares a la inteligencia, Y a la prudencia dieres tu voz; 4 Si como a la plata la buscares, Y la escudriñares como a tesoros, 5 Entonces entenderás el temor de Jehová, Y hallarás el conocimiento de Dios.”

 

            ¡Estás pelao! Y mientras estás pensando en qué hacer para comprar las medicinas, pagar la renta o cualquier otra de nuestras muchas deudas, caminando por el patio descubres algo interesante. No puede ser: ¡es un diamante! Y cuando vas a recogerlo ves que está incrustado. Le haces un huyo alrededor. Estás cavando y descubres otra diamante mucho más pequeño. No es un diamante pulido ni está cortado. Es una piedra de diamante. Y te preguntas cómo es posible que haya una piedra de diamante aquí. Los diamantes se hayan en zonas volcánicas. Pero en ese momento recuerdas tu buen maestro de estudios sociales que te dijo que Puerto Rico fue producto de erupciones volcánicas. Así que es posible que en el patio de mi casa haya una mina de diamantes.

            ¿Qué vas a hacer? Yo sé lo que vas a hacer. No se lo vas a decir a nadie… todavía. A su tiempo. Mientras tanto vas a comprar una pala, un rastrillo, guantes y cualquier otra cosa que te ayude a cavar para ver si hay más diamantes en el patio de mi casa. Y como no tenías dinero al principio vas a vender algo tuyo para comprar los materiales o vas a pedir prestado dinero a alguien que no te va a preguntar para qué lo quieres. Ese día no vas para ningún sitio. Tienes un compromiso con tu patio. Allí está lo bueno. Allí está la acción.

            Hermanos, en aquello que es valioso todos nosotros ofrecemos violencia, nos esforzamos aunque esto implique fatiga, cansancio. Ponemos todo el empeño y toda la pasión, ponemos el corazón. Eso es lo que significa ofrecer violencia.

            Sobre todas las riquezas que podamos imaginar nada se compara con el reino de los cielos. Nada se compara con obtener nuestra salvación, poseer a Dios. Mateo nos dice quiénes son los que arrebatan el reino de los cielos, quienes son los que llegan allí: solo los violentos. O como lo traduce LBLA: “los violentos lo conquistan por la fuerza.”

            Como dijo Calvino dijo: “La verdadera fe no lleva a los hombre a dar un asentimiento frío e indiferente cuando Dios habla, sino que produce cálidos afectos hacia Él y corre como en una santa lucha”.

            Y en esa violencia santa al cual Dios nos llama no debemos olvidar que El no llama a ofrecer violencia en el estudio de la Palabra de Dios. Toda la Escritura nos llama a adquirir sabiduría, a ser llenos del conocimiento de la voluntad de Dios. Colosenses 3:16 “La palabra de Cristo more en abundancia en vosotros”.  Proverbios 4:7 “Sabiduría ante todo; adquiere sabiduría; Y sobre todas tus posesiones adquiere inteligencia.” 2 Pedro 3:16 “Antes bien, creced en la gracia y el conocimiento de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.” Así que somos llamados a ser diligentes, esforzados, a ofrecer violencia en que la Palabra de Cristo more en abundancia en nosotros y ser violentos en crecer en el conocimiento del Señor Jesucristo. Ese es nuestro deber. Esa es nuestra responsabilidad.

            Pero ese deber no viene a menos que lo trabajemos, a menos que como a tesoro inigualable lo busquemos con afán santo. De eso trata el pasaje de Proverbios 2:1-5.  ¿Qué Dios nos quiere enseñar en este pasaje sobre la manera de estudiar la voluntad de Dios que se encuentra en la Biblia?

I. Hay que recibir y atesorar

            V. 1 “Hijo mío, si recibieres mis palabras, Y mis mandamientos guardares dentro de ti,”. Hermanos, la violencia santa en el estudio de la Palabra de Dios para adquirir sabiduría requiere en primer lugar que recibamos esas palabras. Cuando leemos la Palabra de Dios y cuando la oímos cuando se predica debemos acercarnos a ella con un corazón receptivo. Ella no es la palabra de los hombres, ella es la Palabra de Dios. Esa Palabra está por encima de nosotros y no nosotros por encima de esa Palabra.  Debemos pensar: esta Palabra es Dios hablándome a mí. Y yo debo creer esta Palabra y recibirla como la medicina que sana todos nuestros males. No pongamos freno. No endurezcamos nuestro corazón ante ella. Sé receptivo a esa Palabra.

            Pero además guarda esa palabra dentro de ti, en tu mente y en tu corazón. En otras palabras debemos memorizar esa Palabra. Pero memorizarla con entendimiento. Necesitas saber qué significa lo que has memorizado de lo contrario no te va a beneficiar. Memorízala en tu corazón. Has parte tuya esa Palabra. Esa es la voz de mi Dios y es mía. Por ella yo vivo y ella me transforma. Salmo 119:11 “En mi corazón he guardado tus dichos,
Para no pecar contra ti.”
He guardado esa Palabra, la he hecho mía con un propósito: qué ella me cambie, me transforme, me santifique y así me lleve a no pecar contra Dios.

            Ahora bien, lo interesante de la palabra guardar en el versículo 1 es la idea que conlleva en el original. La idea es de almacenar. Almacena esa palabra en tu mente y corazón. La idea es almacenar algo que no necesariamente vas a utilizar en el momento. Almacénala para que tengas algo en el futuro. No pienses de qué me sirve ahora esto que estoy estudiando y memorizando. Estás almacenando comida para el futuro, riquezas para el futuro.

II. Hay que estar atentos y responsivos

            V. 2 “Haciendo estar atento tu oído a la sabiduría; Si inclinares tu corazón a la prudencia,”. Hermanos, no puede haber aprendizaje si no estamos atentos a lo que se nos enseña y a lo que estudiamos. En otras palabras, al estudiar la palabra de Dios sea a leerla o escucharla predicada debemos estar concentrados en lo que hacemos. Si nuestra mente está distraída jamás aprenderemos. Aprender requiere concentración. Y concentración requiere esfuerzo, lucha. Por eso dice el versículo: “Haciendo estar atento tu oído”. tenemos que esforzarnos en atender y buscar hacer algo que nos ayude en la concentración. Por ejemplo: algunos toman notas del sermón y del estudio. Y esto les ayuda a la concentración.

            Pero también hay que estar responsivos a la enseñanza. No pongas freno a lo que se te enseña o aprendes en tu estudio de la Palabra. Hermanos, la Palabra de Dios es comparada a una espada de dos filos, por donde quiera que la toques te va a cortar. Pero eso es bueno. Ya que su corte es para desangrar el pecado para ser curado por la gracia de Jesucristo. Es el alcohol que desinfecta las heridas que infringe el pecado. Y cuando aplicamos ese alcohol a la herida arde, pero desinfecta. Sé responsivo a la Palabra para ser sanados.

III. Hay que depender de Dios

            V. 3 “Si clamares a la inteligencia, Y a la prudencia dieres tu voz;”. Hay que clamar por la inteligencia. Hay que pedirle a Dios: ayúdame a entender tu Palabra. Ayúdame a creer tu Palabra. Ponme nuevos lentes para poder ver con claridad lo que Tú oh Dios deseas de mí.  Di como dijo el salmista en el Salmo 119: 18 “Abre mis ojos, y miraré Las maravillas de tu ley.”

            Hay algo interesante en este versículo. La idea es no solo orar o pedir sino clamar, rogar. Y esto implica que hemos intentado entender y no hemos podido entender. ¿Qué debemos hacer entonces? Clamar, rogar: Señor ayúdame, socórreme, quiero entender. No entiendo ayúdame a entender. Conlleva la idea de no desmayar cuando no entendemos sino de suplicar pidiendo entendimiento.

IV. Hay que estudiar con santo afán

            V. 4 “Si como a la plata la buscares, Y la escudriñares como a tesoros,”. Hay que buscarla como cuando buscamos la plata. Ella no se encuentra a simple vista. Hay que cavar en busca de ese tesoro. Hay que ser diligentes, ofreciendo violencia en el estudio de la palabra de Dios. Esta no viene sino por medio de gran esfuerzo y dedicación.

            Entonces, lee todos los día la Biblia. Memoriza versículos bíblicos. Ven a todos los estudios de la palabra para que así aprendas a cómo se interpreta. Estudia el catecismo de la iglesia. El te dará un conocimiento doctrinal que te ayudará a entender la Biblia. Ora mucho a Dios. Evita toda distracción. Compra libros que te ayuden a entender la Biblia. Comparte lo que has aprendido. Pregunta si tienes dudas. No seas sabio en tu propia opinión. Y como resultado.

V. Conocerás a Dios

            V. 5 “Entonces entenderás el temor de Jehová, Y hallarás el conocimiento de Dios.” El fin de todo esto es conocer a Dios. Conocer a Dios depende del conocimiento de El en su Palabra. Sin la Palabra de Dios no hay conocimiento de Dios. Pero cuando estudiamos con santa violencia su Palabra con un corazón receptivo entonces no solamente conoceremos acerca de Dios sino conoceremos a Dios. Y esto es salvación. Juan 17:3 “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.”

            ¿Cómo sabemos si estamos aprendiendo? Cuando “entendemos el temor de Jehová”. Cuando nuestra vida se aparta de todo mal y se consagra totalmente a Dios. Cuando vemos progreso en la santidad entonces hemos entendido el temor de Jehová. Job 28:28 “He aquí que el temor del Señor es la sabiduría, Y el apartarse del mal, la inteligencia”.

            ¿Cómo estudiarás la Palabra de Dios? Con santa violencia, recibiéndola y almacenándola, siendo atentos y responsivos, en dependencia de Dios, con un santo afán, buscarla como buscamos tesoros. Entonces conocerás a Dios. 

Sermón: Mateo 11:12 Sólo los violentos arrebatan el reino de los cielos

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Mateo 11:12 “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan.”

 

Uno de los grandes problemas que enfrenta la iglesia de Cristo del siglo 21 lo es su desconocimiento de lo que es el evangelio. La iglesia moderna carece de un conocimiento completo acerca de la biblia, las doctrinas cristianas, la forma correcta de adorar a Dios.  Y lo triste del caso es que carece de un claro entendimiento de lo que es el evangelio y la verdadera naturaleza de la conversión. Carece de un claro entendimiento acerca de las marcas distintivas de un verdadero cristiano.  No entiende lo que es la fe salvadora y las marcas distintivas de lo que es la fe salvadora. Así que en comparación con otras épocas del cristianismo, la iglesia de Cristo hoy día es una iglesia que necesita mucho, pero mucho que aprender de la biblia y de la teología cristiana.

            Este versículo que tenemos delante de nosotros es uno que trata acerca de la naturaleza de la fe salvadora. Y con respecto a esto tenemos que decir algo muy importante: no toda fe en Cristo es fe salvadora. Una persona puede creer en Cristo y aún así ir para el infierno. No sé si me sigues. Una persona puede creer en Cristo, saber todo lo relacionado a la vida y misión de Jesús, puede incluso explicar correctamente la doctrina de la Trinidad y explicar perfectamente la unión hipostática de la naturaleza humana de Jesús con su naturaleza divina y explicar correctamente cómo uno se salva y aún así perderse por toda la eternidad. ¿Por qué? Porque aunque sabe mucho acerca de Cristo Jesús no ha conocido a Cristo de una manera salvadora. Por eso decimos: no toda fe en Cristo es una fe salvadora.

Pero entonces se levanta una pregunta, ¿Cuáles son las características de poseer una fe salvadora? Nuestro pasaje nos dice cuáles son dichas características. O por lo menos nos dice de una característica fundamental de la fe salvadora. ¿Cuál es? Ya mismo lo explicaremos.

            Ahora bien, Jesús mismo lo enseñó cuando dijo en Mateo 7:22No todo el que dice Señor, Señor entrará en el reino de los cielos sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”. Jesús mismo nos dice que invocar su nombre de una manera afectiva: Señor, Señor, no es suficiente para clasificar como fe salvadora. La fe salvadora, dice Jesús, tiene que ir acompañada de obediencia. Jesús dice quién entrará en el reino de los cielos, es decir, quién se salvará “el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos”. Repito: la fe salvadora, dice Jesús, no digo yo, tiene que ir acompañada de obediencia. De eso trata el sermón de hoy.

No todo el que se sienta en la iglesia a escuchar el mensaje predicado es nacido de nuevo. Porque sólo los que han nacido del agua y del Espíritu estos son los que han nacido de nuevo. No todos los que se hacen miembros de la iglesia de Cristo son necesariamente miembros de Cristo. Sólo los regenerados son los verdaderos miembros de Cristo. Y no todo el que por años persevera en una iglesia, leyendo la Biblia, orando y ayunando es necesariamente un hijo de Dios.

            Oh hermanos y amigos esto es muy importante. Y nos debe llevar a cada uno de nosotros a meditar y preguntarnos si realmente poseemos la fe salvadora. Cada uno de nosotros debe auto-examinarse para ver si está en la fe. Y este auto-examen es necesario y saludable tanto para el ceryente verdadero como para el que cree que es creyente cuando realmente no lo es.

            Jesús mismo nos dice quiénes son los que heredan el reino de los cielos. Y estos son los violentos.

            Miremos lo que nos dice Jesús: “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia”. Juan el Bautista fue quien comenzó a predicar el evangelio de Jesucristo llamando al pueblo a preparar su vida para la llegada del Mesías. El evangelio que antes había sido prometido ahora hizo su entrada por medio de la predicación de Juan el Bautista. Y desde esos momentos el reino de los cielos o los cielos mismos, donde mora Dios, sufre violencia. Muchos se apresuraban y se esforzaban para entrar en él. Lo vemos cuando Juan el Bautista comenzó a predicar el bautismo de arrepentimiento cómo las multitudes venían a su bautismo. Dice Marcos 1:5 “Y salían a él toda la provincia de Judea, y todos los de Jerusalén; y eran bautizados por él en el río Jordán, confesando sus pecados.” Lo mismo ocurría con la predicación de Jesús en los años de su popularidad. En esos tiempos vemos cómo las multitudes le buscaban. Las casas estaban llenas de gente que si alguien quería ver a Jesús le era casi imposible entrar. Incluso los amigos de un paralítico tuvieron que hacer una abertura en el techo para poder lograr que Jesús lo viera y lo sanara. Lo vemos en las multitudes que fueron por él alimentadas: la alimentación de los 5 mil y la alimentación de los 4 mil.  En otras palabras, la idea es que desde que Juan comenzó a predicar que el Mesías había llegado y que El vino a traer salvación y juicio, multitudes corrían con ímpetu y fuerza por entrar en el reino de los cielos, para alcanzar la salvación. Esa es la naturaleza de la fe salvadora. Aquél que posee la fe salvadora se esforzará para llegar a los cielos. El reino de los cielos sufre violencia, muchos desean entrar a los cielos y alcanzar la salvación eterna. ¿Quién quiere ir al infierno? ¿Quién desea ser condenado y destruido en cuerpo y en alma por toda la eternidad? ¿A quién le gustaría ser atormentado de día y de noche por los siglos de los siglos sin fin? El infierno es un horno de fuego donde los que van allí son castigados perfectamente: quemados en cuerpo y en alma, sufriendo en inagotable agonía todos los días de su vida, por toda la eternidad, y sin la más mínima posibilidad de que su sufrimiento termine. ¡Qué cosa más horrible! ¿A quién le gustaría ir allí? Por eso muchos buscan entrar en el reino de los cielos. Pero muchos lo buscan equivocadamente. Muchos buscan ser salvos, no del pecado, sino del infierno. Muchos buscan ser salvos con sus pecados no de sus pecados. Quieren ser salvos viviendo en pecado. ¡Qué ignorantes son! Es más, ¡qué perversos son!

Pero Jesús nos dice quienes son los únicos que realmente llegan a los cielos. Jesús nos dice quiénes son los únicos que arrebatan el reino de los cielos. Y esos son los violentos. Sólo los violentos arrebatan el reino de los cielos. Así lo dice Jesús: “el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan”. Sólo los violentos lo arrebatan. El sustantivo violento en griego es “biastés” que significa: hombre esforzado o violento. Implica fuerza, vehemencia, dedicación.

Algunos comienzan la carrera pero cuando ven lo que implica se quitan de la misma. Muchos entran a la carrera con ideas equivocadas de lo que es ser cristiano. Entran bajo emociones equivocadas y cuando esas emociones desaparecen dejan de perseverar. Y algunos piensan que mostrar interés en las cosas de Dios es todo lo que se necesita para ser salvos. Pero Jesús nos dice que no es así. Solo los violentos, no dice los valientes, sino los que ofrecen violencia en las cosas de Dios heredan el reino de los cielos.

            Y te pregunto: ¿Eres tú violento para el reino de los cielos? ¿Te esfuerzas para entrar en él? Todo aquél que desea ser salvo debe ofrecer violencia para el reino de los cielos. ¿Por qué? Porque solo los violentos lo arrebatan. Sólo los violentos entran en el reino de los cielos. Sólo los violentos se salvan. Eso es lo que Jesús enseña. Fe sin obediencia a Dios es una fe muerta.

            Si tú deseas ver a Dios y recibir de El las palabras de Mateo 25:34:Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo.” tienes que ser violento. Tienes que ofrecer y estar ofreciendo violencia para arrebatar el reino de los cielos.

            Ahora bien, quisiera hacer una aclaración antes de proseguir con la exposición. Quisiera aclarar lo que no es ser violento para el reino de los cielos. Y luego explicar cuál es la violencia santa que debemos ejercer para arrebatar el reino de los cielos.

            Veamos lo que no es ser violento para el reino de los cielos. Algunos piensan que ser violentos para el reino de los cielos es ser religioso. Piensan que después que yo vaya a la iglesia algunos días especiales durante el año: en Navidad, Viernes Santo, etc. eso es ofrecer violencia para entrar en el reino de los cielos. Eso es lo que debemos hacer para asegurar la entrada en los cielos. Hermanos, eso no es ofrecer violencia para entrar en los cielos. Eso es ser supersticioso. Dios no ordenó la celebración de tales días. La iglesia los celebra para conmemorar la vida y obra de Jesús y recordar los grandes hecho históricos que son el fundamento del evangelio. Pero, nadie es salvo por celebrar esos días. Es más uno puede ser salvo sin celebrar el día de la Navidad. Nadie se salva por obras religiosas. Somos salvos por la fe y no por obras. Pablo dijo: “Por gracia sois salvos por medio de la fe… no por obras para que nadie se gloríe”. Efesios 2:8-10. Pero aunque somos salvos por la fe, tenemos que entender que no somos salvos por cualquier clase de fe. La fe tiene que ser verdadera. Es decir, una fe que obra por el amor. Podemos comprar un pollo con diez dólares, pero no podemos comparlo con un billete falsificado. Por eso dijo el ministro puritano Elisha Coles: “La fe justifica a la persona, y las buenas obras justifican su fe”.

Otros piensan que ser violentos para alcanzar los cielos lo es el ser sinceros cualquiera que sea su fe. Piensan que después que uno sea sincero en lo que cree y humilde y servicial a los demás eso es lo que vale para ser salvos no importa lo que uno crea. Eso no es bíblico. Jesús no enseñó eso. Jesús dijo a la mujer Samaritana que los samaritanos están errados en su fe, ¿Por qué? Porque su fe no estaba basada en la verdad de la Escrituras. En Juan 4:22 “Vosotros adoráis lo que no sabéis; nosotros adoramos lo que sabemos; porque la salvación viene de los judíos.” Dios escogió al pueblo de Israel para ser los recipientes de la revelación de Dios. Y si ustedes no siguen dicha revelación no están adorando al Dios verdadero. Si te das cuenta la sinceridad de lo que uno cree no es suficiente para ser salvos. Debemos poseer la verdad.

Otros piensan que ser violentos para el reino de los cielos es hacer buenas obras para ganar los cielos. Si yo trabajo honradamente, no le hago mal a nadie, cuido a mis hijos y esposa tengo el cielo gano. Eso no es el evangelio de salvación. Nadie gana el cielo. La salvación no es por obras sino por la gracia de Dios. Es por creer en Cristo. Es por recibirle por fe como nuestro único Profeta, Sacerdote y Rey. Es por creer en Cristo y recibirle como Señor. Creyendo que sólo la sangre de Cristo es la única que nos puede limpiar de nuestros pecados. Como aquél único que nos puede reconciliar con Dios.

Lo interesante del caso es que muchos piensan que ni siquiera es necesario ser violentos o esforzarse para entrar en el reino de los cielos. Que todo esfuerzo es negar la salvación por la gracia de Dios y traer como se dice por la puerta trasera salvación por obras. Pero fue Jesús mismo quien dijo en Lucas 13:24 “Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán”. La palabra esforzaos en griego es [agonizomai (ἀγωνίζομαι)] (del castellano, agonizar), se puede traducir: luchar. Comentando sobre esta palabra dice el Diccionario Vine: “la idea es de luchar como en una competencia, forzando todos y cada uno de los nervios para alcanzar el objetivo”. NET: “La idea es la de ejercer el máximo esfuerzo”. Hermanos, solo los violentos heredan el reino de los cielos. Por tanto cada uno de nosotros debemos ofrecer violencia para entrar en el reino de los cielos.

            Veamos ahora, cuál es la violencia santa que debemos ejercer para arrebatar el reino de los cielos.

            En primer lugar, debemos ejercer violencia hacia la verdad. La verdad es únicamente lo que Dios dice que es la verdad. Pablo dijo en Romanos 3:4 “sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso”. Sólo Dios es veraz. Sólo Dios es el único que no miente. Sólo El tiene la verdad y habla la verdad. Y toda verdad que hablen los hombres es verdad porque procede de Dios. Y esa verdad se encuentra en la Biblia.  ¿Qué es la verdad? La verdad no es otra cosa que la Palabra de Dios, por eso es llamada la Palabra de Verdad en Efesios 1:13. Y la verdad es toda doctrina que se deriva de las Santas Escrituras. Así que debemos contender por la doctrina de la Trinidad, de la Creación, del pecado original, de la predestinación, de la justificación por la fe solamente, la santificación, la segunda venida de Cristo, etc. Debemos ser violentos por estas doctrinas que son esenciales al mensaje del evangelio.

Los que desean ser salvos deben ejercer violencia hacia la verdad. ¿Por qué? Porque Dios nos llama a contender por la verdad revelada. Judas 3 “Amados, por la gran solicitud que tenía de escribiros acerca de nuestra común salvación, me ha sido necesario escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe que ha sido una vez dada a los santos.” Judas nos dice que la verdad del evangelio está siendo atacada. Es atacada por aquellos que usan el evangelio no para agradar a Dios, viviendo en santidad, sino todo lo contrario. Algunos “convierten en libertinaje la gracia de nuestro Dios, y niegan a Dios el único soberano, y a nuestro Señor Jesucristo.” Y esto mismo pasa en nuestros tiempos. Algunos se jactan del amor de Dios. Y en vez de que este amor les motive a vivir una vida de agradecimiento a Dios y santidad, usan, erróneamente, la doctrina santa del amor de Dios para justificar su vivir en pecado. Como Dios es amor Dios me ama no importa que yo no le sirva. Dios me ama no importa si yo soy homosexual. Dios me ama y no importa si no soy miembro de ninguna iglesia. Dios me ama y no importa si hablo malo, me apropio ilegalmente de lo que no es mío. No importa si yo miento, si manipulo para conseguir las cosas, si yo asisto a la iglesia una vez al mes, etc. Por eso Judas le dice a toda la iglesia cristiana: “contiendan ardientemente por la fe que de una vez para siempre fue entregada a los santos.”

            ¿Por qué más debemos ser violentos por la verdad?  Porque somos salvos por medio de la verdad. Santiago 1:18 “Él, de su voluntad, nos hizo nacer por la palabra de verdad, para que seamos primicias de sus criaturas.” Porque somos santificados por la verdad, Juan 17:17 “Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.” Porque sólo la verdad nos hace discípulos de Cristo y verdaderamente libres. Juan 8:31-32 “Dijo entonces Jesús a los judíos que habían creído en él: Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.”

En segundo lugar, debemos ejercer violencia hacia nuestra salvación. Pablo dijo en Filipenses 2:12 “Por tanto, amados míos, como siempre habéis obedecido, no como en mi presencia solamente, sino mucho más ahora en mi ausencia, ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor,” ¿Qué quiere decir Pablo con ocupaos en vuestra salvación? El contexto nos da la respuesta: sigan siendo obedientes a Dios en humildad y sumisión. Ese es el contexto del pasaje. En los versículos anteriores Pablo les dijo a los Filipenses sean de un mismo sentir, hablen un mismo idioma en la iglesia, ámesen de una misma manera, haya armonía entre ustedes, sean humildes, nada hagan por vanagloria sino con humildad considerando los demás como superiores a ustedes mismos. Tengan el mismo espíritu que hubo en Jesús quien se humilló para nuestra salvación. Humíllense unos a otros, sírvanse unos a otros, así como Cristo vino a servir. Y así como habéis obedecido a mis palabras sigan obedeciendo mis palabras: V.12 “ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor”. Y lo repite de nuevo, V.14 “Haced todo sin murmuraciones y contiendas”.  No se coman por los rabos. Ese es el llamado. En otras palabras: trabajen con su corazón, luchen en el Espíritu con su soberbia, con su orgullo, con las actitudes pelioneras. Crezcan en humildad y respeto unos con otros. Debemos esforzarnos, debemos ser violentos con respecto a la santidad, eso es ocuparnos de nuestra salvación con temor y temblor.

            Hermanos, el ser violento con respecto a nuestra salvación, en arrebatar el reino de los cielos, implica por lo menos tres cosas. Implica en primer lugar una plena resolución de nuestra voluntad. Muchos no llegan a los cielos porque no tienen hambre de los cielos. Comienzan a buscar de las cosas de Dios pero se fatigan. Se cansan de ir a la iglesia, se cansan de leer la Biblia, se cansan de orar, se cansan de perseverar, se cansan de luchar contra su pecado, de vivir vidas rectas, de poner en práctica la santidad de vida que Dios demanda, en otras palabras, d negarse a sí mismo, tomar la cruz cada día y seguir a Jesús. Y se convierten en casi cristianos. Sólo los violentos arrebatan el reino de los cielos. Solamente los que tienen esa hambre de llegar a los cielos llegarán. Los que están dispuestos a seguir adelante no importa lo que se ponga en su medio. Están dispuestos a sufrir, a llorar, a aborrecer a padre, madre, hijo, dinero y aún su propia vida para ser dignos de ser discípulos de Cristo. Mateo 10:37-38 “El que ama a padre o madre más que a mí, no es digno de mí; el que ama a hijo o hija más que a mí, no es digno de mí; 38 y el que no toma su cruz y sigue en pos de mí, no es digno de mí”.

            Implica también una plena resolución en nuestras emociones. Nuestras emociones prejuician nuestros planes. A veces sabemos lo que es correcto pero no lo amamos. Es por eso que debemos dirigir nuestras emociones por el camino correcto sujetándolas a la Palabra de Dios, sometiéndolas bajo el Señorío de Cristo para que ellas, bien informadas, acompañen la resolución de nuestra voluntad.

            Y por último implica una dedicación a esta empresa.  Los comerciantes exitosos son los que se entregan al comercio. Los cantantes exitosos son los que se entregan en cuerpo y alma a su carrera de cantantes. Los que heredan los cielos son los que se dan en cuerpo y alma para el reino de los cielos. Es por eso que Jesús hablando de la conversión dijo en Lucas 13:24 “Esforzaos a entrar por la puerta angosta; porque os digo que muchos procurarán entrar, y no podrán.” Ya vimos este pasaje. Pero no comentamos sobre algo importante. Dice Jesús que hay muchos que “procurarán entrar y no podrán entrar”. ¿Por qué no podrán? Jesús dice porque no se han esforzado. No es meramente procurar entrar sino esforzarse a entrar. La fe de ellos no ha sido acompañada con la obediencia violenta que evidencia que poseen la fe salvadora.

Sé violento, sé esforzado, agoniza, porque sólo los violentos arrebatan el reino de los cielos.  

Sermón: 2 Crónicas 32:31 Las Causas de la Frialdad Espiritual

2 Crónicas 32:31 “Mas en lo referente a los mensajeros de los príncipes de Babilonia, que enviaron a él para saber del prodigio que había acontecido en el país, Dios lo dejó, para probarle, para hacer conocer todo lo que estaba en su corazón.”

 

            Hermanos y amigos hoy vamos a retomar el tema que habíamos estudiado la última vez antes sobre la frialdad espiritual. Y quisiera que repasáramos algunas de las cosas que ya dijimos la última vez que tratamos este tema.

            Cuando Dios nos salva El implanta en nuestros corazones un nuevo principio de vida espiritual. Esa naturaleza nueva busca crecer, lucha por vivir. Como todo niño que viene a este mundo, desde el momento que nace, lucha por sobrevivir, de igual manera lo hace la nueva naturaleza en los creyentes.

            Pero aunque esto es así si esta nueva naturaleza no es cuidada, no es alimentada propiamente entonces sin lugar a duda comienza a enfriarse, comienza a debilitarse. Su vigor espiritual, su pasión por las cosas de Dios comienzan a declinar, a decaer. Y vimos que esta debilidad espiritual es llamada por Jesús mismo en Apocalipsis 2:4 como el perder el primer amor. Un creyente genuino puede perder ese primer amor, esa pasión y entrega por las cosas de Dios que antes poseía.

            Dijimos que este perder el primer amor se manifiesta por una falta de apetito espiritual. Ya no le apasionan las cosas de Dios como antes. Lee la Biblia y siente que Dios no le habla. No tiene deseos para orar y aunque puede asistir a la iglesia lo hace más por cumplir que por deseo de estar cerca de Dios y de disfrutar del mensaje que Dios tiene para él o ella.

            Esto es serio hermanos y amigos. Cualquier esposo o esposa se preocuparía si descubre que su cónyuge ya no le ama con la pasión y entrega que tenía antes. Y todos nosotros nos podemos identificar si vemos que nuestros hijos ya no nos aman como al principio o ellos sienten que nosotros no les amamos como antes y piensen que son para nosotros una carga.

            De igual manera lo es para Dios. El nos llama a que le amemos con todo nuestro corazón, con toda nuestra mente, con toda nuestra alma y con todas nuestras fuerzas (Marcos 12:30-31). ¿Le amamos así? ¿Cómo no debemos amarle con todo nuestro ser y todas nuestras fuerzas a aquel que dio su vida en la cruz del Calvario, sufrió el mismo infierno y llevó sobre el madero nuestra maldición?

            Hermanos y amigos, hay miles de razones para amar a Dios con todo nuestra alma y fuerzas. Pero aunque esto es así, un genuino creyente puede enfriarse espiritualmente.  Puede desarrollar una actitud indiferente a las cosas de Dios. Puede venir a la Santa Cena y participar de ella y salir vacío de Dios. Puede escuchar un buen sermón y no movérsele un pelo de la cabeza. Y esto es triste. Y es serio. Tan serio que Jesús mismo reprendió a la iglesia de Éfeso por tal frialdad espiritual. Apocalipsis 2:4 “Pero tengo contra ti”. Tengo una queja contra ti. Esto no está bien en ti. ¿Es esa tu actitud ante esa condición espiritual? Ahora bien.

            ¿Cuáles son causas de esta frialdad espiritual en la vida de un genuino creyente? Hay varias causas. Y el conocerlas nos ayudará a saber cómo recuperarnos si nos hemos enfriado. O el de ayudar a otros si les ha ocurrido. Nuevamente, ¿Cuáles son causas de esta frialdad espiritual en la vida de un genuino creyente?

I. La Mano de Dios

            Eso es lo que tenemos aquí en 2 Crónicas 32:31. ¿Qué es lo que está pasando aquí? El pasaje nos habla del último rey de Judá Ezequías. El fue un buen rey. Trajo muchas reformas para el pueblo de Dios. Pero un día enfermó de muerte. Y Dios envió al profeta Isaías para decirle que tenía que poner en orden su casa ya que iba a morir. A lo cual Ezequías respondió en humillación. Clamó a Dios y El escuchó su ruego. 2 Reyes 20:4 “Vuelve, y di a Ezequías, príncipe de mi pueblo: Así dice Jehová, el Dios de David tu padre: Yo he oído tu oración, y he visto tus lágrimas; he aquí que yo te sano; al tercer día subirás a la casa de Jehová.” Y no solo eso. Dios le añadió 15 años más de vida a Ezequías y lo libraría a él y a Jerusalén del rey de Asiria. Junto con ello le daría una señal: haría retroceder la sombra del sol 10 grados atrás.

            Pero luego de haber sido sanado por Dios Ezequías se enorgulleció. Y nos dice el autor de Crónicas y Dios lo dejó. Dios se apartó de Ezequías, dejó de sostenerle. ¿Con qué propósito? Dice el versículo “para probarle, para hacer conocer todo lo que estaba en su corazón”.  Para ver si Ezequías confiaba plenamente en Dios para que lo librara de sus enemigos o confiaría en los hombre y en hacer tratos con ellos. 

            ¿Qué ocurrió cuando Dios lo dejó?  Vinieron los enemigos de Dios para visitar a Ezequías y saber sobre el milagro. Y Ezequías abrió su palacio y les mostró sus riquezas. Ezequías se comportó como si todo lo que tenía lo había logrado por sí mismo. Y Dios se enojó contra Ezequías.

            Hermanos, Dios hace lo mismo con nosotros. Dios nos pone a prueba constantemente para que nosotros demostremos nuestra absoluta fidelidad a Dios. Para que demostremos que confiamos plenamente en Dios no importa lo que pase en nuestras vidas. Pero muchas veces fallamos. Y en vez de agarrarnos por la fe en Jesús y buscar más de El por medio de la oración, el estudio de la Palabra y aprender a decir como dice el Salmo 27:3 “Aunque un ejército acampe contra mí, No temerá mi corazón; Aunque contra mí se levante guerra, Yo estaré confiado.” comenzamos a descuidar la oración y nuestra fe se desvía de Dios y se deposita en otra cosa.

            Y cuando esto ocurre nuestra vida espiritual comienza a decaer. Y cuando vemos que lo que le pedimos a Dios no llega nos desesperamos y dejamos de confiar en Dios, nos ausentamos de la iglesia, dejamos de leer la Biblia, dejamos de negarnos a nosotros mismos y tomar la cruz.

            Hermanos Dios es justo al ponernos a prueba. El es sabio al hacerlo. Que nadie dude de esto. Cuánto tú y yo necesitamos de Él. Sin El nada podemos hacer. Si Él no nos sostiene nos caemos con gran rapidez. En toda nuestras pruebas jamás dejes de confiar en Dios. Jamás dejes de buscarle aunque no veas tu petición cumplida. ¿O le servimos meramente porque nos bendice? Si El decide contestarnos un No a una petición grande en nuestras vidas, ¿le seguiremos sirviendo?

            Dios nos suelta muchas veces para que hagamos como los niños pequeños cuando los padres los sueltan, buscan agarrase más rápido que ligero de ellos. Así debemos hacer nosotros.

            El pasaje de Crónicas solo menciona una causa de la frialdad espiritual. hay otras más en otros pasaje bíblicos. ¿Qué otras causas?

II. La Vagancia de Nuestro Corazón

            Vivimos en una época en donde todos quieren las cosas fáciles. Pero a mí me enseñaron que las cosas fáciles, fáciles se van. La vida espiritual requiere trabajo espiritual. Buscar a Dios, estudiar su palabra, orar, meditar en la Biblia, venir a la iglesia etc. dan trabajo. Y conlleva que tú y yo nos esforcemos en luchar hacia delante. Por eso dice Filipenses 2:11 “Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor”. La palabra ocupaos en el original griego [katergatzomai] significa trabajar, ocuparse, producir mediante esfuerzo, llevar a cabo la obra. Y esto implica fajarnos. Es un mandamiento que todos nosotros nos fajemos por el bienestar de nuestra alma. Pero la naturaleza humana caída se resiente, lucha, es vaga, tiende a lo terrenal más que a lo espiritual.

            ¿Cómo se traduce esto? Se traduce en descuidar nuestra alma. Sacar tiempo para todo lo demás y poco tiempo para cuidar, alimentar nuestra alma. Se traduce en poner una alarma para que no se me olvide la novela, pero no ponemos una alarma para que no se nos olvide orar, leer la Biblia. Se traduce en ver una detenimiento una revista o una película pero leemos la Biblia con suma rapidez y no sacamos tiempo para meditar en lo leído. Se traduce en estar más pendiente de lo que hacen los niños de lo que se predica aquí. Y todo esto produce frialdad espiritual.

            Lo triste del caso es que como toda enfermedad que no se atiende ni se le pone un freno, la misma se sigue apoderando hasta que postra en la cama a su víctima.

            ¿Cuán dedicado eres a las cosas de Dios? ¿Sacas más tiempo para ellas que para las cosas del mundo? No es que no vayamos al cine, o ver una película, o ir a divertirnos. ¿Pero te ocupas más de tu alma de lo que te ocupas de otras cosas? Esto no está bien. No lo tomes como poca cosa porque no lo es.

            ¿Qué otra causa?

III. Por tolerar el pecado

            Uno de los males en nuestra época es la falta de sensibilidad al pecado. Algunos piensan que solo debemos preocuparnos por los pecados grandes y no por los pequeños. Por ejemplo, ponemos nuestra mirada en el mundo y la quitamos de Dios, y podríamos pensar que es poca cosa. Y no confesamos nuestro pecado. O codiciamos a una mujer o a un hombre, pero como no hicimos nada más podríamos pensar que no es gran cosa. Y cuando se actúa así tal actitud nos enfría cada día más y nos hacemos más insensibles a las cosas de Dios. Tal actitud nos aleja de Dios quien es la fuente de nuestra vida espiritual y nos lleva a perder poco a poco el vigor espiritual.

            En otros casos, la frialdad espiritual viene por haber cometido un gran pecado el cual ataca nuestra conciencia. Como David cuando pecó con Betsabé y Urías heteo. En este caso hay una herida enorme. La caída es tan grande y de momento que debilita con mayor rapidez y fuerza la vida espiritual de ese cristiano. Y no solo su caída es grande sino que su recuperación es más difícil.

            ¿Cuál es la solución ante todo esto?

1. Reconocer que nosotros mismos somos la causa de esa frialdad. Somos nosotros lo que no nos hemos esforzados. Somos nosotros lo que hemos jugado con el pecado. Somos nosotros los que hemos quitado nuestra confianza con Dios. Eso fue lo que Jesús le dijo a la iglesia de Éfeso en Apocalipsis 2:5 “Recuerda, por tanto, de dónde has caído, y arrepiéntete”. Si nos hemos enfriado espiritualmente, y todos hemos experimentado esto en nuestras vida en algún momento u otro, lo primero que tenemos que hacer es reconocer que nosotros nos hemos caído por nuestro propio peso. Tú y yo somos responsables por nuestra vida espiritual. Tú y yo somos responsables por habernos enfriado. Y la solución es una clara: pídele perdón a Dios por haberle amado poco, por no haberle buscado con pasión. Confiesa tu pecado.

            Lo maravilloso de esto es que Dios te ama o cristiano. Él te anhela. El quiere estar a solas contigo. El quiere recibir tu amor como El quiere darte de su amor. Ve a El pronto.

2. Busca cuidar tu alma con temor y temblor. No vengas a la casa de Dios para adorarle sin preparar tu corazón. Antes de venir: háblale a tu alma yo voy a la casa de Dios y allí Dios está. Allí debo buscarle con fe creyendo que su amor es quien me invita, que mi amado quien murió por mí me está esperando para cenar conmigo. Allí lo encontraré por la fe cuando se lee la Biblia, cuando tomo la Santa Cena, cuando dirijo mis cántico para alabarle. Saca tiempo para estar a solas con Dios. ¿Cuándo fue la última vez que sacaste tiempo, pero tiempo de calidad para estar a solas con Dios en oración, en alabanza, en el estudio serio de la Palabra. Si no lo haces te debilitarás más y más. Y aunque un genuino creyente jamás podrá perder su salvación Dios le hará la vida difícil por no amarle con pasión.

3. Si no eres cristiano tu condición espiritual es una de muerte. Tu alma está muerta espiritualmente. Solo Dios puede darte vida. Y la vida espiritual que Dios da refresca el alma como nada en este mundo puede hacer. Solo Dios puede saciar todas nuestras necesidades porque El es infinito en su Ser. La paz que El da no se consigue en ningún lugar sino en El. En Jesús hay vida, en Jesús hay perdón eterno, en Jesús hay pleno gozo y perfecta felicidad. Recíbele como tu Dios y Salvador. Y tendrás vida, vida abundante para toda la eternidad. Si no vienes hoy no hay garantía que vendrás mañana. Tú no controlas el mañana. Al que ha tomado veneno no le decimos tómate la cura mañana sino hoy, ahora, que más tarde es peor. Ven a Cristo y verás la vida.