Sermón: 2 Timoteo 3:16-17 La Inspiración, Autoridad y Suficiencia de las Escrituras

2 Timoteo 3:16-17 “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”.

 

            El domingo pasado vimos que Dios nos llama a vivir una vida consagrada. Hemos sido comprados por precio. El precio pagado lo fue la sangre preciosa del Señor Jesucristo. Esta consagración de vida incluye el cuerpo físico: nuestros brazos, nuestros pies, nuestra lengua, nuestros ojos, nuestras partes íntimas. Todo lo pertenece a Dios. Dijimos también que Dios nos llama a renovar nuestra mente. Debemos cambiar nuestra forma de pensar. Y el medio para esa renovación intelectual lo es la Palabra de Dios. Debemos leerla, estudiarla, comprenderla en un todo. Debemos conocer cada una de sus partes, cada uno de sus libros y cada mensaje que Dios ha dado con cada uno de esos libros.

            Siendo esto así, nos toca repasar nuestra confianza en la Palabra de Dios. Ella es el medio para nuestra transformación moral y espiritual a la imagen de Jesús.

            Dios nos ha dado su Palabra. Tenemos delante nuestros ojos y al alcance de nuestras manos nada más ni nada menos que la misma Voz de Dios. La Biblia es Vox Dei. Ella es también Verbum Dei, la Palabra escrita de Dios. Y como ella es su Palabra, ésta debe poseer ciertos atributos que la distinguen de todo lo demás. Por tanto, hoy vamos a contestar la siguiente pregunta: ¿cuáles son los atributos o cualidades que poseen las Escrituras como Palabra de Dios? Es imposible contestar esa pregunta completamente en el día de hoy. Por eso solo vamos a limitarnos a tres de ellos: la inspiración, la autoridad y la suficiencia de las Escrituras.

            ¿Cuáles son los atributos o cualidades que poseen las Escrituras como Palabra de Dios?      

I. Ella es inspirada por Dios

            Miremos el versículo 16 “Toda la Escritura es inspirada por Dios”. ¿A qué Escritura se refiere Pablo? El contexto inmediato se refiere a las Escrituras del AT. ¿Cómo lo sabemos? Miremos los versículos 14-15 “Pero persiste tú en lo que has aprendido y te persuadiste, sabiendo de quién has aprendido; 15 y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras, las cuales te pueden hacer sabio para la salvación por la fe que es en Cristo Jesús.” Pablo le dice a Timoteo un joven pastor: persiste, continúa firme en tu fe, en lo que has aprendido y estas persuadido y que desde la niñez has sabido las Sagradas Escrituras. ¿Cuáles? El AT. Timoteo era hijo de una mujer judía y padre griego. Y su madre y su abuela se encargaron que desde niño Timoteo aprendiera las Sagradas Escrituras. De ellas Pablo dice “Toda la Escritura es inspirada por Dios”. El AT es inspirado por Dios. ¿Pero solo el AT es inspirado por Dios? El contexto inmediato se refiere al AT. Pero cuando tomamos conocimiento de todo el contexto de las epístolas pastorales sabemos que incluye también el NT. Miremos 1 Timoteo 5:17-18 “Los ancianos que gobiernan bien, sean tenidos por dignos de doble honor, mayormente los que trabajan en predicar y enseñar. 18 Pues la Escritura dice: No pondrás bozal al buey que trilla; y: Digno es el obrero de su salario.”  Pablo basa el salario de los ancianos en dos pasajes bíblicos o como Pablo dice aquí: “Pues la Escritura dice”. El primer pasaje de la Escritura que cita lo es Deuteronomio 25:4No pondrás bozal al buey que trilla”. Cuando el buey esté trillando, es decir, trabajando en recortar el trigo no le tapes la boca. Déjale que coma de su trabajo, esa es la idea. Pero lo que nos interesa aquí es que Pablo cita otro pasaje para fundamentar el argumento del salario de los ancianos citando, como Escritura Lucas 10:7, que dice: “Digno es el obrero de su salario.” Si te das cuenta para Pablo la frase “toda la Escritura” se refiere tanto al AT como al NT.

            Y no dice Pablo, toda ella es inspirada por Dios. ¿Qué significa la palabra inspirada? La palabra en griego es “theopneustos”, que significa exhalada por Dios. Esto es súper importante. Hermanos, el que “toda la Escritura es exhalada por Dios” implica dos cosas:

            (1) Dios es el autor de las Escrituras. Es cierto, Dios utilizó hombres para que redactaran su mensaje. Pero Dios se encargó que lo que redactaran no fuera otra cosa que su misma Palabra. Miremos 2 Pedro 1:21 “porque nunca la profecía fue traída por voluntad humana, sino que los santos hombres de Dios hablaron siendo inspirados por el Espíritu Santo.” En este pasaje la palabra traducida “inspirada” es una palabra distinta en el griego. Es la palabra “φερόμενοι”. Y esta puede ser traducida: movida, impulsada o dirigida. La BDHH traduce el pasaje: “porque los profetas nunca hablaron por iniciativa humana; al contrario, eran hombres que hablaban de parte de Dios, dirigidos por el Espíritu Santo.” La NVI traduce: “Porque la profecía no ha tenido su origen en la voluntad humana, sino que los profetas hablaron de parte de Dios, impulsados por el Espíritu Santo.” La Biblia de Jerusalén traduce: “hombres movidos por el Espíritu Santo, han hablado de parte de Dios”. Dios es al autor de las Escrituras. La Biblia es la Palabra de Dios cuyo origen es divino. Fue Dios quien la exhaló. Fue El quien la produjo. No fue que los hombres se dijeron vamos a dejar por escrito lo que nosotros creemos es la voluntad de Dios. No. Fue Dios mismo quien los impulso a escribir. Fue El quien los comisionó para que escribieran sus Palabras. Como traduce la NVI: “la profecía no ha tenido su origen en la voluntad humana”. Ha tenido su origen en Dios. El es el autor de las Escrituras.

            (2) El resultado de la exhalación de Dios es que tenemos en la Biblia una Escritura inspirada. El producto de la obra de Dios es una Biblia inspirada. Fue El quien movió a los santos hombres para que escribieran su misma voz. La Biblia no es en última instancia un escrito humano, sino divino. Ella es en la forma más clara y sencilla de decirlo: La misma voz de Dios.

            ¿Qué otro atributo posee las Escrituras?

II.  Ella posee suprema autoridad

            La Biblia posee suprema autoridad. Esto se desprende de que ella es inspirada por Dios. Si Dios es el autor de las Escrituras y El se aseguró en impulsar a los hombres para que escribieran sus Palabras, El exhaló las Escrituras y ellas son en última instancia divinas y no humanas, o más bien la Palabra de Dios en lenguaje humano. Entonces, concluimos que ellas al ser Palabra de Dios tiene suprema autoridad sobre todo.

            Por tanto, ella de ser creída en todo lo que enseña. Ella debe ser obedecida en todo lo que ordena. Por eso dice la CFW.I.4: “La autoridad de las Santas Escrituras, por la que ellas deben ser creídas y obedecidas, no depende del testimonio de ningún hombre o iglesia, sino exclusivamente del testimonio de Dios (quien en sí mismo es la verdad), el autor de ellas; y deben ser creídas, porque son la Palabra de Dios”.

            No creer el mensaje y la enseñanza de la Biblia es no creer a Dios. De igual manera, desobedecer a las Escrituras es desobedecer a Dios mismo, porque ella es su Palabra. Por eso Pablo elogia a los tesalonicenses porque cuando recibieron el mensaje de los apóstoles lo recibieron como lo que realmente era: el mensaje de Dios mismos. Busquemos 1 Tesalonicenses 2:13 “Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes.”

            Hermanos, esto es importante y sumamente serio. Dios nos ha dado su Palabra. Y su palabra es su voluntad revelada para nosotros. Cuando Dios nos dice: confía, es nuestro deber confiar; cuando nos dice: cree, es nuestro deber creer; cuando nos dice: obedece: es nuestro deber obedecer. Cuando leemos la Palabra de Dios o cuando la enseñamos y la predicamos, no es cualquier cosa. No es una tontería. No creer y no obedecer la Palabra de Dios es rebelarnos contra Dios. Y la rebelión contra Dios lleva a la perdición. Torcer la Palabra de Dios, hacer que diga lo que no dijo, es algo serio. Cuan terriblemente serio es predicarla, enseñarla. 2 Pedro 3:15-16 “Y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación; como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito, 16 casi en todas sus epístolas, hablando en ellas de estas cosas; entre las cuales hay algunas difíciles de entender, las cuales los indoctos e inconstantes tuercen, como también las otras Escrituras, para su propia perdición.” Torcer las Escrituras es para nuestra propia perdición.

            Dios es el autor de las Escrituras, por tanto, ellas poseen suprema autoridad sobre todo: sobre toda idea, sobre todo valor, sobre toda enseñanza, sobre toda filosofía, sobre toda opinión de los hombres.

            Mira a Jesús y su autoridad. Mateo 5:43-45 “Oísteis que fue dicho: Amarás a tu prójimo, y aborrecerás a tu enemigo. 44 Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen; 45 para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos, que hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos.” Por encima de las opiniones de los hombre está la autoridad de Dios.

            ¿Qué otro atributo posee las Escrituras?

III. Ella es suficiente         

            Miremos 2 Timoteo 3:16-17 “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, 17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”. Ella es útil para enseñar la voluntad de Dios para nuestra salvación, es útil para redargüirnos de pecado, para corregirnos si nos hemos desviado del camino correcto y es útil para instruirnos en justicia, es decir, en el camino de la santidad. Pero alguien pudiera decir: Pablo dice que la Biblia es útil para muchas cosas pero no que es suficiente.

            Miremos el versículo 17:a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”. Por el hombre de Dios debemos entender en primer lugar el ministro de la Palabra. Esa es la manera en que Pablo la usa en las cartas pastorales. Y la idea es que la Biblia es suficiente para que el ministro sea capaz de cumplir todos sus deberes ministeriales: “sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra”. Y si la Biblia es suficiente para el ministro cuanto más lo es para todo creyente.

            Ahora bien, ¿suficiente para qué? No para pasar el examen de matemática, ni el examen de inglés, ni para enseñarte cómo pintar una casa, etc. Suficiente para darte el conocimiento necesario para la salvación, para saber cómo debemos glorificar a Dios, lo que debemos creer y todo lo necesario para vivir la vida celestial que a Dios le agrada y demanda. En todo eso ella es suficiente y no necesitamos nada más. Como dice la CFW.I.6: “El consejo completo de Dios tocante a todas las cosas necesarias para su propia gloria y para la salvación, fe y vida del hombre, está expresamente expuesto en las Escrituras, o se puede deducir de ellas por buena y necesaria consecuencia,”.

            Hermanos, Dios nos ha dado su Palabra y esto es un acto de increíble misericordia. ¿Sabes por qué? Porque el mundo sin la Palabra de Dios está en tinieblas.  No conocen el camino de salvación. No saben cómo agradar a Dios ni cómo glorificarle, ni cómo ordenar sus vidas de tal manera que agrade a Dios. Pero Dios en su misericordia nos ha dado su Palabra. Nos ha traído la luz del evangelio. Nos ha revelado a Cristo. Su ha revelado así mismo. Nos ha dado una porción de su mente. Nos ha revelado su corazón.

            En última instancia, ¿qué es la Biblia para ti? ¿Es un libro cualquiera o es la palabra de Dios?

            Para la iglesia de Cristo, ella tiene su origen en Dios. Posee suprema autoridad. Y es suficiente para capacitarnos para darnos el conocimiento de la salvación, la gloria de Dios, lo que debemos creer y cómo debemos vivir. Espero que esa sea tu convicción.

 

 

Sermón: Romanos 12:1-2 Cambiando Nuestra Forma de Pensar

Romanos 12:1-2 “Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. 2 No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”

 

            Un nuevo año se aproxima. Y esto implica nuevas cosas. No sabemos lo que el nuevo año traerá o más bien lo que Dios nos traerá en el nuevo año. Pero una cosa sí sabemos: “que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, 39 ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señor nuestro.” (Romanos 8:38-39).

            No hay mejor manera de enfrentar un nuevo año sino con una nueva mentalidad, con nuevos propósitos, nuevos sueños, nuevos planes. La vida continúa. Lo pasado quedó atrás. Nosotros seguimos hacia adelante hacia “a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús” (Filipenses 3:14).

            Y que mejor pasaje para ayudarnos a coordinar nuestros planes futuros que el pasaje que tenemos aquí de Romanos 12:1-2.

            Dios nos ha salvado, hermanos y amigos, para vivir para Él. No somos nuestros. Le pertenecemos en cuerpo y en alma a Dios. Y Él nos llama a vivir una vida consagrada a Él, con una mente transformada totalmente por su voluntad. De eso trata el pasaje de Romanos.

            Mira cómo Pablo desarrolla ese llamado a una vida consagrada a Dios.

            V. 1 “Así que hermanos”. Me gusta más la traducción de la LBLA “Por consiguiente, hermanos”. La palabra en griego es “οὖν” y puede ser traducida: por tanto. Hermanos, en nuestro estudio de la Biblia es importante que miremos cómo comienzan las oraciones de los versículos. A veces encontramos palabras claves que nos ayudan a entender mejor el pasaje. Y una de ellas es este “Así que” o “por consiguiente”. ¿Por qué? Porque esa palabra une el capítulo 12 con todo lo que Pablo ha dicho. Y él nos ha hablado acera del pecado, de la gracia de la justificación, de la santificación de la elección divina, de los planes que Dios tiene con los judíos y los gentiles. ¿Cuál es la idea? Pablo quiere que tú y yo miremos lo que Dios ha hecho para salvarnos. El quiere que sintamos el peso de todo lo que Dios ha hecho con nosotros para darnos vida eterna, para salvarnos. Tú y yo estábamos muertos en nuestros pecados y delitos. Éramos esclavos del pecado. In capaces de salir de ese estado y condición de pecado y miseria. Estábamos destituido de la gloria de Dios. No éramos justos, no buscábamos a Dios. Sepulcro abierto era nuestra garganta. No conocíamos el camino de paz. No nos sujetábamos a la ley de Dios y tampoco podíamos hacerlo. Éramos enemigos de Dios. Éramos débiles para poder salir de ese estado y condición.

            Pero Dios nos salvó. Dios nos perdonó, Él nos justificó por medio de la fe en el Señor Jesucristo. Y nos dio paz de conciencia. Derramó su espíritu Santo sobre nosotros. Nos hizo templo de Dios. No crucificó con Cristo y nos resucitó para una nueva vida. El pecado ya no reina en nosotros. Nos dio su Espíritu Santo y es El quien nos guía. Somos herederos con Cristo. Y esperamos la bienaventuranza de la libertad gloriosa de los hijos de Dios.

            Y todo es parte de los planes de Dios. El nos escogió desde antes de la fundación del mundo y nos predestinó para ser hechos conforme a la imagen de su Hijo. Todo eso y mucho más Dios ha hecho por nosotros.

            Por consiguiente, hermanos, por todo lo que Dios ha hecho por nosotros y en nosotros, dice Pablo, “os ruego por las misericordias de Dios”, por el hecho de que Dios ha derramado su gran misericordia sobre nosotros, os ruego que sigáis consagrándoos a Dios. Esa es la idea. ¿Por qué decimos que sigáis? Porque ya Pablo había tratado el tema de la santificación en el capítulo 6 de Romanos y ahora continua con ese mismo tema. Hermanos, cuán importante es esto. La base de nuestra obediencia a Dios descansa en la gracia de Dios, en lo que Dios ha hecho por nosotros. El mundo pagano busca hacer las cosas bien para ganar la misericordia de los dioses. Pero en el cristianismo, buscamos obedecer por la misericordia que ya Dios nos ha otorgado. Dios nos salva para obedecer. 1 Pedro 1:2 “elegidos según la presciencia de Dios Padre en santificación del Espíritu, para obedecer y ser rociados con la sangre de Jesucristo”. ¿Acaso no hacemos nosotros lo mismo con nuestros hijos? Nosotros les damos la vida si es necesario. ¿Y qué esperamos? Que obedezcan en agradecimiento por todo lo que hemos hecho por ellos. Así es Dios. El espera que vivamos para El en agradecimiento por sus misericordias.  

            Ahora bien, Dios no llama a una vida consagrada, a una transformación total de nuestra forma de pensar y a un disfrute y deleite de la voluntad de Dios. Veamos cada punto.

I. Consagración

            Fíjate cómo Pablo lo presenta. V. 1 “que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional.” Pablo tiene detrás de su mente la adoración en el AT, cuando el creyente traía ante Dios su sacrificio. Y Pablo nos dice, nosotros también debemos presentar un sacrificio. ¿Cuál? El sacrificio de nuestro cuerpo. Esto es importantísimo.

            La santificación y consagración a Dios incluye nuestro cuerpo físico. Cristo vino a salvar a nuestro cuerpo y no solo nuestra alma. 1 Corintios 6:20 “Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo”. ¿Cuál es la idea? Pablo la explica en Romanos 6:13 “ni tampoco presentéis vuestros miembros al pecado como instrumentos de iniquidad, sino presentaos vosotros mismos a Dios como vivos de entre los muertos, y vuestros miembros a Dios como instrumentos de justicia.” ¿Qué significa? Oh hermanos, muchas veces usamos nuestro cuerpo para el pecado. Usamos nuestra lengua para los chismes, o para ofender a nuestro prójimo, burlarnos de él. Usamos nuestros oídos para escuchar lo que no nos conviene ni edifica. Usamos nuestras manos para hacer daño, para golpear y maltratar. Usamos nuestros ojos para ver lo que no nos conviene como cristianos.  Pero Dios nos llama a presentar nuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo agradable a Dios. A usar nuestro cuerpo de una manera santa, que agrade a Dios.

            Hay cristianos que piensan que tienen libertad en Cristo para hacer cualquier cosa que deseen, o ver cualquier cosa que deseen ver. Eso no es cierto. Hace un tiempo atrás yo puse en el Facebook de la iglesia un artículo hablando sobre el sexo en la serie de HBO “Game of Throne”. Y hubo personas que se indignaron por ello. Hermanos, muchas de las series de televisión hoy día son pornográficas. Y no es sabio ni prudente verlas. Dios nos llama a consagrar nuestro cuerpo porque El lo compró. y El demanda y espera que sus hijos usen su cuerpo como instrumento de justicia no impiedad. Miremos 1 Corintios 6:13 “Las viandas para el vientre, y el vientre para las viandas; pero tanto al uno como a las otras destruirá Dios. Pero el cuerpo no es para la fornicación, sino para el Señor, y el Señor para el cuerpo.” V. 15 “¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? De ningún modo.” Vuestros cuerpos son miembros de Cristo, mi unión con Cristo no solo es una unión espiritual sino también física.

            ¿Cuál es la idea de todo esto? La idea es consagrar mi cuerpo al Señor. Todo mi cuerpo le pertenece a Él. Consagra tu cuerpo, úsalo como instrumento para bien. Haz lo mismo que hizo Job. Job 31:1 “Hice pacto con mis ojos;
¿Cómo, pues, había yo de mirar a una virgen?”.
El consagró sus ojos a Dios: que no miraría a un virgen para codiciarla. Mis ojos son del Señor: no son para la pornografía. Mi boca es del Señor, no es para ofender. Mis partes íntimas son del Señor, no para usarlas sino cuando me case formalmente con mi esposa.

            La santificación y la consagración conlleva la consagración de nuestra mente. Vimos que conlleva la consagración de nuestro cuerpo físico, pero también la consagración de nuestra mente. V. 1 “que es vuestro culto racional.” La palabra racional es importante. ¿Sabes por qué? Porque Dios espera que le sirvamos también con nuestra mente. Es más, es imposible consagrar nuestro cuerpo a Dios si no hemos usados nuestra mente. ¿Por qué? Porque Dios espera que nuestra adoración no sea mecánica, automática. Esto es importante.

            Dios desea que le amemos no solo con todo nuestro cuerpo sino también con toda nuestra alma.  Marcos 12:30. Dios espera que le sirvamos con nuestra mente y con nuestra voluntad.  ¿Qué implica esto? Implica que le sirvamos con amor y por amor. Servir a Dios no debe ser una carga para nosotros. Debe ser algo que surja espontáneamente. Dios debe estar presente en todos nuestros pensamientos. Todo lo hacemos pensando: ¿le agradará a Dios lo que yo hago? ¿Cómo yo puedo servirle mejor? ¿De qué manera yo puedo estar más involucrado en el servicio a Dios en la iglesia? Tal vez no puedo barrer, pero puedo fregar, traer galletitas para los niños, comprar productos de limpieza, darle pon a alguien, comprar papel de baño, llamar a mi hermano. ¿Por qué? Porque amo a Dios, amo a su iglesia de la cual formo parte.

            Dios nos llama a vivir una vida consagrada. Nuestro cuerpo le pertenece a Dios y también nuestra alma. Somos distintos del mundo por lo que Dios ha hecho en nosotros.  Por eso Dios nos llama a pensar de una manera distinta. Él nos llama a la transformación.  

II. Transformación

            V. 2 “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” Ahora bien. Esta transformación tiene un aspecto negativo y uno positivo. Veamos cada uno.

            El aspecto negativo es separarnos del mundo, “No os conforméis a este siglo”. ¿Qué quiere decir Pablo por siglo? Por siglo Pablo quiere decir la forma de pensar, vivir, actuar y valorar que posee el mundo que no tiene a Dios. Lo podemos llamar la filosofía del mundo o la mentalidad del mundo, los valores del mundo, la forma de pensar del mundo. De un mundo que no tiene a Dios como su Dios y Rey. De un mundo que no obedece a la Palabra de Dios. De un mundo que no busca ser gobernado por Dios. Ese es el siglo del cual Pablo nos dice: “no os conforméis”.

            Esa separación no es una física necesariamente sino moral y espiritual. Cuando digo física me refiero que no significa encerrarnos en nuestras casas y no tener contacto con el mundo externo. De esa mentalidad surgió el monaquismo, lo monasterio, los anacoretas. Esa no es la idea. Dios nos llama a una vida moral y espiritual distinta a la vida que vive el mundo. Nuestra ética es distinta del mundo porque es una ética basada en la Palabra de Dios no en la democracia, sociología, en la estadística, etc.

            Nuestra vida no debe conformarse al mundo. ¿Cómo pensamos acerca del matrimonio? ¿Cómo pensamos acerca de las relaciones sexuales fuera del matrimonio? ¿Cómo pensamos acerca de criar a nuestros hijos? ¿Cómo pensamos acerca del aborto, del homosexualismo? ¿Cómo pensamos acerca de nuestro prójimo? ¿Cómo debemos reaccionar ante el paso del huracán María: solo pensamos en nosotros y nos ocupamos de nosotros y después que todo esté bien pues que cada cual se salve como pueda? ¿A quiénes hemos servido a parte de nosotros mismos y los que nos rodean, nuestros familiares y qué del prójimo?

            Esta trasformación tiene también un aspecto positivo y ese es: renovando nuestra mente. V. 2 “No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento”. Hermanos, Dios nos llama a cambiar nuestra forma de pensar. No podemos consagrar nuestro cuerpo ni apartarnos del mundo de una forma correcta a menos que cambiemos nuestra forma de pensar. Tiene que haber una metamorfosis intelectual. Nuestra forma de pensar ha sido afectada por el pecado y necesitamos que esta sea cambiada completamente.

            Pero esa renovación no viene sino por medio de la Palabra de Dios. No viene sino por el estudio consciente, dedicado, arduo, consistente de la Palabra de Dios. No viene sino por el estudio de buenos libros que nos ayudan a entender la Palabra e Dios. No viene sino por exponernos constantemente al ministerio educativo de la iglesia: sea escuela dominical, estudio bíblico los jueves y la predicación de la Palabra.  No viene sino por la constante meditación de la Palabra de Dios. No viene sino por evaluar toda forma de pensar a la luz de la Biblia. pero no podemos evaluar correctamente a menos que conozcamos la Palabra de Dios, a menos que escudriñemos la Palabra de Dios. Ni viene a menos que reconozcamos que ella es la Palabra de Dios y que yo debe someterme en alma y corazón a esa Palabra.  

            Solo podremos “comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.” ¿Qué significa eso? Significa que solo cuando nuestra mente es transformada por la Palabra de Dios podremos decir verdaderamente la voluntad de Dios es agradable, es buena para mí, es perfecta, no tengo nada más que buscar. Eso es lo que yo necesito. Eso es lo que necesita el mundo. Que buena es esa Palabra. Lo mejor que me ha sucedido es conocerla y vivirla.

            Hermanos, Dios nos da dado el regalo más grande que alguien puede dar en este mundo: la salvación. Su gran misericordia sobre nosotros ha sido abundante. Dios no ha retenido ninguna bendición para nosotros. ¿Qué pide de nosotros? Que le amemos como nos ha amado. Que consagremos toda nuestra vida a El de una manera consciente, inteligente y voluntaria. Que ese sea tu resolución para este nuevo año: vivir una vida totalmente consagrada para Él. 

Sermón: Lucas 2:25-32 El Nunc Dimittis

Lucas 2:25-32 “Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel; y el Espíritu Santo estaba sobre él. 26   Y le había sido revelado por el Espíritu Santo, que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor. 27 Y movido por el Espíritu, vino al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron al templo, para hacer por él conforme al rito de la ley, 28 él le tomó en sus brazos, y bendijo a Dios, diciendo: 29 Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, Conforme a tu palabra; 30 Porque han visto mis ojos tu salvación, 31 La cual has preparado en presencia de todos los pueblos; 32 Luz para revelación a los gentiles, Y gloria de tu pueblo Israel.”

 

            Hemos venido predicando sobre los cánticos navideños que precedieron y siguieron el nacimiento del Señor Jesús. Y así debió ser. Dios merece toda adoración y que manera más hermosa que adorarle por medio de los cánticos. Cuando hay alegría es momento de cantar. Y Dios en su soberana sabiduría nos dio estos hermosos cánticos de adoración en la venida de nuestro glorioso Salvador el Señor Jesucristo.

            En los últimos dos domingos hemos estudiado el Magnificat de María. Hermoso cántico o salmo si me permiten identificarlo de esa manera. Un salmo que no revela lo increíble que era María. Que mujer piadosa. Que mujer poderosa en las Escrituras. Pero sobre todo que increíble privilegio el ser la madre de nuestro Señor, según la carne. El domingo pasado estuvimos estudiando el Benedictus de Zacarías. Y allí vimos cómo Zacarías por encima de darle gracias a Dios por darle un hijo en su vejez él le da gracias a Dios por acordarse de su pueblo y proveer para Israel y el mundo un poderoso Salvador.

            Hoy tenemos ante nosotros el cuarto cántico navideño conocido históricamente como el Nunc Dimittis, por las primeras palabras de ese cántico en Latín: “Nunc Dimittis servum tuum Domine” (Ahora, despide a tu siervo Señor).

            Este cántico fue pronunciado por un hombre llamado Simeón. Nada sabemos de ese hombre fuera de este pasaje de la Biblia. Todo lo que podemos saber de él está contenido en este hermoso pasaje. Y lo que nos dice de él este pasaje es suficiente para tenerle en alta estima.   

            Miremos lo que se dice de él, V. 25 “Y he aquí había en Jerusalén un hombre llamado Simeón, y este hombre, justo y piadoso”. V. 26 “que no vería la muerte antes que viese al Ungido del Señor”. Estas palabras no enseñan que él era un hombre viejo. Que sus días habían llegado a sin fin entre nosotros pero que Dios le había prometido que no vería la muerte antes de ver al Ungido del Señor, literalmente del griego al “Cristo del Señor”. La palabra Cristo significa ungido. Pero aparte de ser anciano era todo un verdadero cristiano. El era un hombre justo: dikaios, es decir, íntegro en su trato a su prójimo. Fiel a la segunda tabla de la ley. Todos podían confiar en él. No tenían problema al dejar dinero en la mesa ya que sabían que jamás se lo llevaría. Ningún esposo tendría problema en dejarle a su esposa a su cuidado. Era íntegro en sus palabras: para él el sí es sí y el no es no. Un hombre que respeta a la autoridad sin importar si esa persona es más joven que él o menos inteligente que él, o menos educado. Pero no solo eso. El era un hombre piadoso: eulabes, es decir, devoto, temeroso de Dios, reverente. Y en el contexto del pasaje: un hombre que toma en serio las promesas y la Palabra de Dios. Que confía en todo lo que Dios ha revelado en su Palabra. Que sabe que Dios espera que le sirvamos con sinceridad, con el corazón. Que vivir para Dios es la vida de su alma. El no solo sirve a Dios, él se entrega al servicio de Dios. El no es un cristiano de nombre. Uno de esos que caminan con la Biblia debajo del brazo, pero su vida no demuestra que conocen al Señor.

            Oh hermanos, así debemos ser siempre. Y así debemos envejecer. ¡Qué hermoso es ver a un anciano lleno de canas y lleno de piedad, fiel a Dios íntegro en su conducta ante los hombres y ante Dios!

            Pero el pasaje nos dice algo más. Y ese algo a mí me llena de regocijo. Y espero que a ti también. Nos dice el versículo 25 cuál era su esperanza. V. 25 Simeón “esperaba la consolación de Israel”. La palabra consolación ustedes la conocen:paraklesis”, de donde sale la palabra Parakletos. ¿Quién es el Parakletos? El Espíritu Santo. Simeón esperaba la consolación de Israel. Esperaba que Dios cumpliera su promesa de dar genuino y permanente consuelo a su pueblo. Y es de esa consolación que vamos a hablar hoy. Y vamos a contestar varias preguntas:

I. ¿Quién es la consolación de Israel?

            El cántico de Simeón nos dice que esa consolación nos viene por medio del hijo de María y José. Cuando María y José fueron al templo para circuncidar a Jesús Simeón lo coge en sus brazos y él ve en Jesús el Ungido del Señor. Él es la consolación de Israel. Simeón bendice a Dios V. 30 “Porque han visto mis ojos tu salvación”. Jesús mismo es nuestra salvación.   Es por su muerte y resurrección que nosotros podemos disfrutar de una perfecta consolación.

            Oh hermanos, la tendencia nuestra es buscar consolación sólida y permanente en las cosas del mundo. Dios ha diseñado este mundo con cosas que nos consuelan. Un amigo, un hermano, la hermosura de la creación, una esposa, un esposo, el trabajar, etc. Son cosas que en un sentido producen satisfacción y cierto consuelo. Pero todas estas cosas Dios nos la da para que busquemos en El la fuente de todo consuelo.  Todos estos consuelos son débiles y efímeros. Nuestros amigos se van o parten de este mundo. Las riquezas son inciertas. Pero Dios es permanente. Simeón nos dice que es en el Ungido del Señor, en el Cristo de Dios en todo nosotros debemos buscar toda consolación.

            Jesús puede consolar porque El fue ungido por Dios para traer consolación. Ese es parte de su ministerio. Miremos Isaías 61:1-3 “El Espíritu de Jehová el Señor está sobre mí, porque me ungió Jehová; me ha enviado a predicar buenas nuevas a los abatidos, a vendar a los quebrantados de corazón, a publicar libertad a los cautivos, y a los presos apertura de la cárcel; 2 a proclamar el año de la buena voluntad de Jehová, y el día de venganza del Dios nuestro; a consolar a todos los enlutados; 3 a ordenar que a los afligidos de Sion se les dé gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar de luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya.” Según Lucas 4:18-19, las palabras de Isaías se cumplen en Jesús. El fue ungido con el Espíritu Santo para ser nuestro Consolador.

            Y como El fue experimentado en quebranto El puede consolar a todos sus hermanos que sufren. Como Él fue menospreciado incluso por sus discípulos El puede consolar cuando somos menospreciados por los seres más íntimos nuestros. El sabe lo que es sentirse solo, abandonado, rechazado. Y con su presencia y Espíritu dar consuelos a sus hijos.

            Pero el consuelo mayor descansa en el hecho de que solo El nos puede dar el consuelo fruto de su muerte y resurrección. Dice Romanos 5:12 “Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo;” Qué consuelo es saber que Dios no es nuestro enemigo. Que realmente puedo decir que Dios es mi amigo, que El camina conmigo. Ese privilegio es solo de los creyentes. Nadie disfruta de ese beneficio. Solo gracias a Jesús. Solo gracias al Dios y Padre del Señor Jesucristo. Y solo gracias al Espíritu Santo.

II. ¿En qué consiste esa consolación?

            Consiste en que Jesús traerá V. 32 “Luz para revelación a los gentiles”. Sin Jesús el mundo está en tinieblas. El paganismo, la idolatría, la irracionalidad arropa este mundo que dice ser un mundo intelectual, un mundo avanzado. Nos libra de las cartas del Tarot, de la ouija, del horóscopo, de dar igual o mayor valor a los animales que a los seres humanos, nos libra de la práctica del aborto, de la eutanasia, etc. Jesús trae consigo mismo la verdad porque El es la luz del mundo.

            Consiste en que ella es V. 32 “Y gloria de tu pueblo Israel”. Para el pueblo de Israel significó ser la nación de la cual vendría el Salvador. Un gran privilegio que ninguna nación ha tenido ni tendrá en este mundo.

            Pero lo grande de esa consolación es el hecho de que capacita a un creyente a enfrentar la muerte con paz. Mira a Simeón. Cuando él vio a Jesús y lo tomó en sus brazos él dijo, V. 29-30 “Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, Conforme a tu palabra; 30 Porque han visto mis ojos tu salvación”. Simeón podía enfrentar la muerte en paz por dos razones. En primer lugar, porque él vio que Dios cumple su Palabra. Dios le reveló por el Espíritu Santo que él no moriría hasta que viera al Ungido del Señor. “despides a tu siervo en paz, Conforme a tu palabra”. Y Dios cumplió su Palabra. En segundo lugar, porque Simeón tuvo en sus manos la salvación de Dios. El tuvo en sus manos la seguridad de que Dios salva a su pueblo. De que todo lo que Dios había prometido cumplir para la salvación se estaba cumpliendo con Jesús.

            Lo grande de esa consolación para todos nosotros hoy día es que Cristo ya compró nuestra salvación. Cuando Jesús dijo en la cruz: Consumado es, ya había revelado que no hay que hacer nada más por la salvación de nuestras vidas. No hay nada que hacer para adquirir los cielos: excepto tener fe salvadora en el Señor Jesucristo y arrepentirnos de nuestros pecados para con Dios.

            Lo grande de esa consolación es que nosotros ahora podemos enfrentar la muerte en paz y sin temor. Porque, qué es la muerte sino el paso a una mejor vida. Qué es la muerte sino el reposo de nuestras vidas. Qué es la muerte sino el poder ver a Dios cara a cara. Qué es la muerte sino el experimentar en carne propia la más perfecta felicidad, santidad, paz, amor, gozo, en donde ya no hay más dolor ni tristeza. Y esa paz se acompaña con la seguridad que, así como Dios ha cuidado mi vida El cuidará de cada cabello de los miembros de mi familia. Solo la fe en Cristo nos reviste de esa paz. Solo Cristo da esa paz. ¿Cómo un creyente puede enfrentar la muerte en verdadera paz? ¿No una paz fingida, no una paz basada en la ignorancia sino una paz verdadera, real y que no avergüenza? Porque Jesús es el consolador para el mundo y especialmente para ti y para mí.

            Por eso Dios merece toda alabanza y gloria. Amén.

Sermón: Lucas 1:67-79 El Benedictus

Lucas 1:67-79 “Y Zacarías su padre fue lleno del Espíritu Santo, y profetizó, diciendo: 68 Bendito el Señor Dios de Israel, Que ha visitado y redimido a su pueblo, 69 Y nos levantó un poderoso Salvador En la casa de David su siervo, 70 Como habló por boca de sus santos profetas que fueron desde el principio; 71 Salvación de nuestros enemigos, y de la mano de todos los que nos aborrecieron; 72 Para hacer misericordia con nuestros padres, Y acordarse de su santo pacto; 73 Del juramento que hizo a Abraham nuestro padre, Que nos había de conceder 74 Que, librados de nuestros enemigos, Sin temor le serviríamos 75 En santidad y en justicia delante de él, todos nuestros días. 76 Y tú, niño, profeta del Altísimo serás llamado; Porque irás delante de la presencia del Señor, para preparar sus caminos; 77 Para dar conocimiento de salvación a su pueblo, Para perdón de sus pecados, 78 Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, Con que nos visitó desde lo alto la aurora, 79 Para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte; Para encaminar nuestros pies por camino de paz.”

 

            Estamos en la época navideña, una época caracterizada por cánticos, jolgorios, parrandas, etc. Es una época para cantar. Y es interesante que el nacimiento de Jesús fue precedido por cánticos o himnos de alabanza. Hay cuatro de ellos en el evangelio de Lucas. El domingo pasado estuvimos estudiando el himno de María llamado el Magnificat, el cual comienza diciendo: “Engrande mi alma al Señor; Y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador”. María irrumpe en adoración a Dios por la misericordia que Dios le ha mostrado. Hermanos, sus misericordias sobre nosotros son nuevas cada día. No hay un día en el cual Dios no derrame su bondad sobre nosotros. Por eso, adorar a Dios debe ser algo que fluya diariamente de nuestros labios.

            Hoy continuamos nuestro estudio de los cánticos navideños bíblicos. Y el segundo que tenemos es el himno profético del sacerdote Zacarías conocido históricamente como el Benedictus. Se llama así por la primera palabra de este himno en la traducción de la Biblia al latín conocida como la Vulgata. Y ella comienza diciendo: “Benedictus esto Dominus Deus Israelis”, que significa: Bendito sea el Señor, Dios de Israel.

            Zacarías al igual que María nos recuerda que esta época navideña es una de adoración a Dios. Que por encima de cualquier regalo que podamos recibir hay un regalo que sobrepasa a los demás. Y al entender lo que ese regalo es y significa nos debe llevar también a adorar a Dios. ¿Qué podemos aprender del Benedictus de Zacarías? Por lo menos tres cosas:

I. Dios merece alabanza

            Así comienza este himno profético. V. 68 “Bendito el Señor Dios de Israel”.  Zacarías lleno del Espíritu Santo, es decir, habiendo recibido una unción adicional del Espíritu Santo profetiza o predica acerca de Jesús y de su hijo Juan el bautista. Y lo primero que hace es alabar a Dios por la salvación. Esto es increíble. ¿Por qué? Porque Zacarías acababa de ponerle nombre a su hijo al ser circuncidado. Y lo “lógico” sería adorar a Dios por el privilegio de ser padre aun en la vejez. Pero Zacarías no hace eso. El adora a Dios por la salvación que Dios va a cumplir y que Zacarías ya da por cumplido por medio del Mesías al decir en el versículo 68 “Que ha visitado y redimido a su pueblo”. El habla en tiempo pasado. ¿Por qué? Porque para Zacarías no hay duda alguna de que Dios rescatará a su pueblo. Dios salvará sin lugar a duda a su pueblo. Y esto es materia de adorar a Dios.

            Mira lo que hace Zacarías. Por encima de todo lo demás, por encima del nacimiento del hijo que Dios le ha dado, Zacarías mira a la salvación que Dios ha provisto a su pueblo y adora a Dios.

            Zacarías estuvo mudo por nueve meses y una semana. Y cuando recobra su voz lo primero que hace es alabar a Dios, no por su hijo, sino por la obra de salvación que ya Dios había comenzado a hacer, según era evidente en la vida de Elizabet y María.

            Hermanos, en vez de pensar en sí mismo, él piensa en el reino de Dios, en la obra de salvación. Hermanos, así también debemos pensar. El reino va por encima de nuestros bienes temporales. Debemos ir por encima de nosotros y ver la obra de Dios. No que no veamos que nuestros hijos son una gran bendición de Dios porque lo son. Pero por encima incluso de eso, lo grande es la obra de salvación. Y por eso Dios merece ser adorado. Zacarías por encima del regalo que Dios le dio, él pensó en el regalo del cual se beneficia toda la humanidad, el regalo de la salvación. Y por eso él adora a Dios.

            Hermanos, esta época navideña debe ser una época de adoración a Dios por encima de todo lo demás. Por encima de cualquier regalo, el regalo de la salvación para el mundo entero debe ser el motivo principal para adorar a Dios. ¿Es ese tu sentir? Nuestro deseo constante y oración deben ser: “Venga tu reino”, oh Dios. Padre, que otros conozcan de Cristo. Que nuestros hijos sean instrumentos para dar a conocer el evangelio a los demás. Que yo tenga siempre presente que yo también debo invitar a otros a la iglesia, orar por su conversión, darles libros evangelísticos. En fin, buscar que la Palabra de Cristo llegue a las demás personas. Ese debe ser nuestro deseo constante.   

            Así que Zacarías comienza su himno profético alabando a Dios.  ¿Por qué?

II. Porque Dios ha visitado a su pueblo

            V. 68 “Bendito el Señor Dios de Israel, Que ha visitado y redimido a su pueblo,”. El pueblo de Dios ha tenido el privilegio de que Dios le visite nuevamente. Y aunque Dios puede visitar a un pueblo para juzgarlo por sus pecados, Zacarías nos dice que Dios los ha visitado para redimirlos, para rescatarlos.

            Esto es algo importante, hermanos. Por 400 años no había voz profética en Israel. Dios no había levantado un profeta por cuatro siglos. Así como Zacarías estuvo mudo por 9 meses Dios estuvo callado por 400 años. “El pueblo pudo haber pensado: Dios se olvidó de nosotros. El nos ha desechado. Ya no hay salvación ni esperanza para nosotros”. Pero luego de 400 años de silencio profético Dios envía un ángel a Zacarías con la promesa de un hijo. Y en voz profética Zacarías dice: “Bendito el Señor Dios de Israel, Que ha visitado y redimido a su pueblo,” Hermanos, no hay salvación a menos que Dios esté en medio nuestro. Podemos tener un hermoso templo, podemos servir a la comunidad, podemos incluso hacer obra evangelística, pero si Dios no está en medio nuestro, jamás habrá victoria. Jamás habrá salvación. Nunca olvides la derrota de Horma en Números 14:39-45. Por eso cuando Zacarías ve lo que está sucediendo el adora a Dios por que la salvación ha llegado. Así que lo importante es saber si Dios está en medio nuestro. Y Dios está en donde su palabra es fielmente predicada y enseñada y el pueblo de Dios la obedece. Moisés tenía la verdad y el arca del testimonio, y aun así el pueblo fue derrotado. ¿Por qué? Porque el pueblo no obedecía esa Palabra. ¿Quieren que Dios esté aquí? Vivan la Palabra, crean y vivan el evangelio. Sean fieles en enseñarla y vivirla.  

            Y nos dice más. Nos dice que lo que movió a Dios a venir para redimir a su pueblo lo fue la misericordia de Dios. Y esto lo dice dos veces: V. 72 “Para hacer misericordia con nuestros padres, Y acordarse de su santo pacto;” V. 78 “Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, Con que nos visitó desde lo alto la aurora,”.

            ¡Oh hermanos, cuán importante es esto! Dios viene a salvar a su pueblo no porque lo merecen, no porque se lo han ganado sino por la misericordia y compasión de Dios. Dios es un Dios de entrañable misericordia. Y aunque su pueblo no merece la salvación ni jamás podrán comprarla, ni ganarla, Dios por su entrañable misericordia vino a salvar a su pueblo de sus pecados. ¡Qué gran Dios es el Dios que servimos!

            Zacarías dice más. Dios ha visitado a su pueblo por su fidelidad al pacto Davídico y Abrahámico. V. 69 “Y nos levantó un poderoso Salvador En la casa de David su siervo,” V. 73 “Del juramento que hizo a Abraham nuestro padre, Que nos había de conceder”. ¿Qué significa esto? Significa que la vendida de Cristo fue en cumplimiento de las promesas que Dios hizo a David y a Abraham. Dios le prometió a David que de su descendencia según la carne vendría un Rey cuyo reino no tendría fin. Que sobre el trono de David se sentaría un Rey justo, poderoso, compasivo, que aseguraría la salvación de su pueblo para siempre. Un Rey que nadie puede derrotar. Y por tanto una salvación invencible.

            Pero que también, ese hijo de David y que es Señor de David, sería de la simiente de Abraham, en quien serían benditas todas las familias de la tierra. Hermanos, quien realmente trae bendición a todas las familias de la tierra lo es el Señor Jesucristo. El regalo gratuito de la salvación, por su muerte y resurrección, es el regalo más importante de la navidad. Así lo anunciaron los santos profetas del AT.

            Hermanos, todo regalo navideño se puede perder, se puede dañar, puede perder su valor, no así Jesús. El es el regalo más valioso del mundo que no se puede perder, que no se puede dañar y que jamás pierde su valor. ¿Quieres ese regalo? Apocalipsis 22:17 “Y el Espíritu y la Esposa dicen: Ven. Y el que oye, diga: Ven. Y el que tiene sed, venga; y el que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente.”

            ¿Por qué Zacarías adora a Dios? En primer lugar, porque Dios ha visitado a su pueblo y en segundo lugar, porque Dios ha traído salvación.

III. Porque ha traído salvación

            Fíjate lo que dice el versículo 69 “Y nos levantó un poderoso Salvador”. ¿Quién es ese? Ese es Jesús. Todos los versículos del 67-75 tratan de Jesús.

            Zacarías adora a Dios porque en Jesús Dios nos ha dado un poderoso Salvador. Hermanos, Jesús es un poderoso Salvador. El no es un debilucho. Su muerte no fue la desgracia de una persona que padeció por la corrupción del gobierno romano. El vino a dar su vida para rescatar a muchos. Nadie le quitó su vida, sino que él voluntariamente la dio. Y él tenía poder para darla y poder para retomarla de nuevo por sí mismo.

            Ahora bien, en qué consiste la obra de ese poderoso Salvador. Nos dice Zacarías en que ese poderoso Salvador y solo él es quien nos libra de nuestros enemigos. V. 71 “Salvación de nuestros enemigos, y de la mano de todos los que nos aborrecieron;” Estos enemigos son enemigos espirituales no físicos. Son ilustrados por enemigos físicos, pero son espirituales. Solo Jesús nos libra de nuestros enemigos espirituales: Satanás, el mundo y nuestro pecado. Si no eres cristiano genuino eres esclavo de Satanás, eres esclavo del mundo y eres esclavo de tus pecados. Solo Jesús tiene la llave de la libertad.

            Jesús es un poderoso Salvador porque solo él nos da luz. Jesús es llamado aquí la aurora, V. 78 “Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, Con que nos visitó desde lo alto la aurora,” La aurora es la primera luz después de la oscuridad de la noche. Jesús es esa luz que quita la oscuridad en el mundo. Sin Jesús estamos en oscuridad, estamos en tinieblas. Juan el bautista vino, nos dice Zacarías, desde el versículo 76 en adelante, para decirle al mundo que Jesús vino V. 79 “Para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte”. El mundo está en tinieblas y no solo PR. Y esa oscuridad no desaparece cuando AEE restaure la electricidad. Sin Cristo el mundo entero permanece en tinieblas, aunque tenga luz eléctrica. Si no tienes a Cristo como tu Dios y Señor estás en tinieblas y permanecerás en tinieblas.   

            Jesús es un poderoso Salvador porque solo él nos da la paz. Ese también fue el mensaje de Juan el bautista con respecto a Jesús. V. 79 “Para encaminar nuestros pies por camino de paz.” Sin luz no sabemos por donde ir. En Quebradillas hay una sección en donde no hay luz y se han borrado las líneas de los carriles. Y cuando uno va por la noche uno no sabe por dónde va. No sé si voy en mi carril o el carril contrario o cerca de chocar la valla. De igual manera hermanos, solo Cristo puede guiar nuestros pies por camino de paz. Paz para con Dios, paz para con nuestro prójimo, paz en nuestra familia: con nuestros esposos, esposas, hijos; paz con la vida, paz con nosotros mismos. Cristo es nuestra paz.

            ¿Cuál entonces debe ser nuestra respuesta a este poderoso Salvador?

            La única respuesta sensata es creer en el evangelio. Es recibir a Cristo como la aurora de tu vida. Es rendirte a sus pies como el único que puede rescatarte del pecado, de Satanás, de la ira de Dios. Esto es importante y es serio. Si no crees rechazas la misericordia de Dios. Si no crees rechazas la fidelidad de Dios. Si no crees sigues bajo el dominio de tus enemigos. Si no crees no tendrás luz en tu vida y si no crees no tendrás paz jamás. Ven a Cristo ahora. Esa es la única respuesta sensata a la misericordia de Dios.

            Dios ha visitado a su pueblo en Cristo Jesús y en él nos ha traído salvación para todo aquel que en él cree y por eso Dios debe ser adorado. Amén.

Sermón: Lucas 1:46-55 El Magnificat

Lucas 1:46-55 “Entonces María dijo: Engrandece mi alma al Señor; 47 Y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador. 48 Porque ha mirado la bajeza de su sierva; Pues he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones. 49 Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; Santo es su nombre, 50 Y su misericordia es de generación en generación A los que le temen. 51 Hizo proezas con su brazo; Esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones. 52 Quitó de los tronos a los poderosos, Y exaltó a los humildes. 53 A los hambrientos colmó de bienes, Y a los ricos envió vacíos. 54 Socorrió a Israel su siervo, Acordándose de la misericordia 55 De la cual habló a nuestros padres, Para con Abraham y su descendencia para siempre.”

 

            Tenemos ante nosotros el himno de alabanza de María conocido históricamente como el Magnificat. Se le llama así porque en la Biblia latina “La Vulgata” comienza el primer verso del himno con las palabras: “Magnificat anima mea Dominum”.

            Este himno de alabaza es maravilloso. Revela la increíble piedad de María. Entre una de las cosas que podemos ver del pasaje que nos debe impresionar es su gran conocimiento de la Biblia. En este himno María cita directa e indirectamente más de doce pasajes bíblicos. Ella corre por todo el AT. Ella cita de los Salmos, de Job, de Génesis, de Isaías, de Éxodos, de 1 Samuel, de Malaquías. María conocía la Biblia. Sin lugar a duda, María la había memorizado y grabado en su corazón. ¿Cuántos de nosotros podemos citar de todos estos lugares de la Biblia? ¿Cuántos de nosotros podemos combinar pasajes bíblicos para formar un todo armonioso? Sus padres verdaderamente se ocuparon de educar a su hija en la Palabra de Dios. Para la familia judía el memorizar y atesorar la Palabra de Dios era algo prioritario. El ocuparse de los que hijos aprendieran su Biblia no era algo dejado a los sacerdotes exclusivamente. Ellos sabían que eran responsables de criar a sus hijos con la Palabra de Dios. Y que debían enseñársela en todo momento, de día, de noche, cuando salían de la casa, cuando jugaban, cuando comían. En todo momento la familia era saturada y centrada en la Palabra de Dios. Y María es un vivo ejemplo aquí de cuán serio e importante es criar a nuestros hijos y nietos en la Palabra de Dios.

            María es una creyente modelo. El Magnificat es un himno de alabanza a Dios. Y en este himno de alabanza ella nos enseña cómo adorar a Dios correctamente. Nos enseña acerca de la actitud, el objeto y la razón de la adoración a Dios.  

I. La actitud propia en la adoración

            ¿Cuál debe ser la actitud propia de la adoración?

            1. Debemos adorar a Dios con el corazón. V. 46-47 “Entonces María dijo: Engrandece mi alma al Señor; 47 Y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador.” Hermanos, adorar a Dios no es algo meramente de los labios o del cuerpo. Adorar a Dios no es meramente ponernos de pie cuando se cantan los cánticos. Ni es meramente abrir nuestras Biblias cuando se va a leer la Palabra. Adorar a Dios es algo del corazón. Mira como María lo dice: “Mi alma engrandece al Señor; mi espíritu se regocija… en Dios”. Dios demanda de nosotros: “hijo mío dame tu corazón” como dice el libro de Proverbios. Nuestra alma y nuestro espíritu, que son lo mismo, deben adorar a Dios, deben gozarse en el Señor. Oh hermanos, cuando vienes a la casa del Señor yo sé que viene tu cuerpo. ¿Pero viene también tu alma? Dios demanda que le adores con tu corazón y no solo con tus labios. No es suficiente el estar presente en la casa del Señor.

            2. Debemos adorar a Dios con intensidad. V. 46-47 “Entonces María dijo: Engrandece mi alma al Señor; 47 Y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador.” Mira cómo María lo hace. Ella no le da una adoración fría a Dios. Ella no le da una adoración superficial. No le da una adoración mecánica. Ella adora con todo su ser y con intensidad. Su alma engrandece al Señor. No que podemos hacer más grande a Dios de lo que lo es. Eso es imposible. Pero ella exalta y honra a su Señor y Dios y se regocija en Dios su Salvador. Son palabras de intensidad. Dios merece lo mejor. Y El merece una adoración no fría ni superficial sino con pasión, con entrega, como quien su vida depende de ello.

            3. Debemos adorar humildemente. En el versículo 48 ella habla de “la bajeza de su sierva”. Ella reconoce que socialmente no es nada. Ella no es rica sino la desposada de un carpintero. María, en ningún momento se enorgullece por ser la Madre del Señor. Ella adora humildemente. Se acerca al Señor reconociendo que Dios lo es todo y ella nada. Que El es Soberano y su Rey. Hermanos, solo los humildes adoran a Dios. Por eso Santiago dice que “Dios resiste a los soberbios, pero da gracia a los humildes”.

II. El Objeto de la adoración

            Dios es el objeto de la adoración. María misma no es el objeto de la adoración. Ella reconoce que es a Dios y solo a El a quien debemos adorar. María menciona tres atributos de Dios que nos deben llevar a rendir gloria a Dios.

            1. Dios es Todopoderoso. V. 49 “me ha hecho grandes cosas el Poderoso”. Hermanos, Dios es Todopoderoso. ¿Crees esto? Yo sé que lo crees intelectualmente, con tu mente. ¿Pero lo crees en tu corazón? No hay nada difícil para Dios. Hacer que María queda embarazada sin la intervención de un hombre no es algo difícil para Dios. Él es Todopoderoso. Crear los cielos y la tierra fue algo sencillo para Él.  Y El puede cumplir nuestras peticiones con suma facilidad. Si aún no ha contestado nuestras oraciones no es que El no puede hacer lo que le pedimos, sino que Él sabe mejor que nosotros lo que nos conviene.

            2. Dios es santo. ¿Por qué menciona María este atributo de Dios? La santidad de Dios aquí implica su imposibilidad de hacer mal. Dios hace bien a sus hijos porque El es santo. Lucas 11:11-13 “¿Qué padre de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? ¿o si pescado, en lugar de pescado, le dará una serpiente? 12 ¿O si le pide un huevo, le dará un escorpión? 13 Pues si vosotros, siendo malos, sabéis dar buenas dádivas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre celestial dará el Espíritu Santo a los que se lo pidan?”

            3. Dios es misericordioso. V. 50 “Y su misericordia es de generación en generación A los que le temen.” Tres cosas podemos ver en este versículo. Dios es misericordioso. El tiene compasión de los que sufren. El se compadece de los que están en la miseria: sea económica, espiritual, emocional. Él es misericordioso. El es eternamente misericordioso “de generación en generación”. O podemos decir también sobre nuestras generaciones. Dios ha incluido en su pacto a nuestros hijos. Cuando los bautizamos testificamos que ellos están incluidos en el pacto. Son hijos del pacto. Hermanos, Dios busca salvar a su pueblo en medio de nuestras generaciones. Y promete hacerlo hasta mil generaciones. Cuando nuestros hijos, nietos o tataranietos o chornos vienen a los pies de Cristo es Dios cumpliendo su promesa de ser el Dios de nuestra simiente por mil generaciones. Y algo más nos dice el versículo. Su misericordia es particular, es para los que le temen, es decir, los genuinos cristianos. Aquellos que le adoran con el corazón, con intensidad, con humildad, que tienen a Cristo como el Rey de sus vidas, como su Salvador exclusivo, como su Profeta, cuya Palabra es sacrosanta y debe ser obedecida con todo el corazón.

III. La razón para nuestra adoración.

            1. María reconoce que Dios es su Salvador. V. 47 “Y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador.” Ella no es salvadora. Ella no es corredentora, ni mediadora, ni dispensadora de gracia. Dios es su Salvador. ¿Y esto es importante para la adoración? Nosotros no adoramos a Dios meramente porque El es el creador de los cielos y de la tierra. Eso es cierto. Pero sobre todo porque Dios es nuestro Salvador. Para María Dios no solo es el Dios que salva en el sentido que libra de las aflicciones y nos levanta cuando hemos caído. Para ella Dios es su Salvador del pecado y del infierno. Ella sabía que el Santo ser que nacerá será “llamado Hijo de Dios”. Lucas 1:35. Ella sabía que su hijo se llamaría Jesús porque “él salvará a su pueblo de sus pecados”. Mateo 1:21. Nosotros al igual que María hemos venido a adorar a Dios con todo nuestra alma y nuestro espíritu, con humildad e intensidad porque Dios nos ha salvado. Ha tenido compasión de nosotros. Y nos ha dado el privilegio de ser salvos para siempre. Por eso le adoramos.

            2. Agradecida de su compasión hacia ella. V. 48 “Porque ha mirado la bajeza de su sierva; Pues he aquí, desde ahora me dirán bienaventurada todas las generaciones. 49 Porque me ha hecho grandes cosas el Poderoso; Santo es su nombre”. Dios no se ha olvidado de ella. Aunque ella era una mujer pobre, socialmente desconocida, sin fama alguna, Dios no se ha olvidado de ella. Y le ha dado la bendición de ser la madre del Señor. Dios la ha enriquecido de esa manera sin dinero. Las riquezas no son el dinero. Es más, una persona puede tener mucho dinero y ser realmente pobre: sin amistades, si amor, sin alegría, sin paz y sin la salvación. Dios nos ha enriquecido con la salvación. Pero también nos ha enriquecido con muchas bendiciones. Cada día disfrutamos de nuevas bendiciones: la vida, los hijos, la creación, el estudiar, el servir, el amar y ser amados, etc.

            3. Agradecida por lo que Dios hace con su pueblo. María no solo piensa en sí sino también en los demás: en todo creyente disperso y muy en particular su propio pueblo. V. 50, 54-55 “Y su misericordia es de generación en generación A los que le temen. 54 Socorrió a Israel su siervo, Acordándose de la misericordia 55 De la cual habló a nuestros padres, Para con Abraham y su descendencia para siempre.” La adoración a Dios es colectiva. Nunca olvidemos que somos arte de una familia. Que al adorar aquí nos acompañan los ángeles que velan la adoración del pueblo de Dios. Pero también adoramos juntos en espíritu con toda la iglesia católica o universal. Cuando adoremos a Dios no nos olvidemos de sus promesas, eso es lo que hizo María. Ella trajo a la memoria la misericordia de Dios: “Socorrió a Israel su siervo, Acordándose de la misericordia 55 De la cual habló a nuestros padres, Para con Abraham y su descendencia para siempre.” Trae a la memoria la fidelidad de Dios. Y ello te impulsará a adorar con mayor fervor y alegría. Cristo conoce a sus ovejas una por una. Y por cada una de ellas murió y resucitó. Tan grande es su amor que El no olvida ninguna de ellas. Y deja a las 99 que están bien y va a buscar a la descarriada. El no dice: tengo 99 y solo se me perdió una, Ok. Jamás, hermanos. El ama a cada una de ellas y cuida de cada una de ellas. Las llama por su nombre. Y cumple su Palabra con cada una de ellas. Hermanos, ninguna promesa de Dios para ti caerá por tierra. Recuerda esto y alaba a Dios.

            4. Dios es el defensor de su pueblo. V. 51-53 “Hizo proezas con su brazo; Esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones. 52 Quitó de los tronos a los poderosos, Y exaltó a los humildes. 53 A los hambrientos colmó de bienes, Y a los ricos envió vacíos.” Hermanos, Dios hace justicia en la tierra. Y El es el gran transformador del mundo. El quebranta a los soberbios, quita a los reyes que se levantan contra El y a los ricos opresores El envía vacíos. Y El exalta a los humildes, da comida a los hambrientos. Con su brazo hace proezas. Dios transforma este mundo. Dios es el defensor de su pueblo. Dios te defiende. Dios es enemigo de aquellos que buscan tu mal. El que se levante contra nosotros en gran lío se ha metido, porque no se levanta meramente contra nosotros sino contra nuestro Padre celestial quien es nuestro defensor.  El es nuestro escudo y protector.

            Hermanos, cuál debe ser nuestra actitud en la adoración a Dios: debemos adorar con el corazón, intensamente y con humildad. Debemos adorar solo Dios y reverenciar su poder, su santidad y su misericordia. Siempre recordando que El es nuestro Salvador para siempre.

Sermón: Efesios 1:3-4 Dando Gracias por la Salvación

Efesios 1:3-4 “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él,”

 

            Si existe una persona que debe estar agradecida todos los días por las misericordias de Dios, esa persona es el cristiano. A la luz de la Palabra de Dios revelada en la Biblia el dar gracias a Dios es el corazón y alma del cristiano. No se puede ser cristiano a menos que haya en nosotros un sentido de adoración y una deuda de amor a Dios por todo lo que Dios ha hecho por nosotros y hace en nosotros. En Hebreos 13:15 se nos dice “Así que, ofrezcamos siempre a Dios, por medio de él, sacrificio de alabanza, es decir, fruto de labios que confiesan su nombre.” Debemos ofrecer siempre a Dios un sacrificio de alabanza, es decir, adoración y alabanzas por quién Dios es y por lo que El hace por nosotros. Pero fíjate que el autor de Hebreos nos dice “ofrezcamos siempre”. ¿Por qué siempre? Porque Dios derrama sus misericordias siempre a sus hijos.

            Todos los días Dios derrama su bendición sobre nosotros. Y aunque Dios bendice a todas sus criaturas o más bien hace bien a todos, a nosotros Dios las derrama como expresión de su amor paternal.

            Es nuestro deber el dar gracias a Dios por sus múltiples bendiciones materiales. Le damos gracias por la comida, el techo, la familia, el trabajo, la salud, etc. Y eso es correcto. Debemos darle a Dios gracias porque todo eso lo recibimos de parte de Dios.

            Pero por encima de todas las bendiciones materiales que Dios nos otorga diariamente hay unas bendiciones que sobrepasan a las demás. Hay unas bendiciones que Dios nos otorga que tienen mayor peso sobre otras bendiciones. Y esas bendiciones son las bendiciones espirituales.

            Lo triste del caso es que muchas veces se nos olvida recordar esas bendiciones. Pocas veces las enumeramos como las bendiciones superiores y primarias en nuestras vidas. Pero ellas lo son. Y por ellas debemos dar gracias a Dios siempre.

            Eso es lo que nos enseña Pablo en este pasaje. Pablo, luego de la salutación a la iglesia de Éfeso comienza adorando a Dios diciendo: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo”. Fíjate que Pablo dirige su adoración al Padre. ¿Por qué al Padre? Porque es el Padre autor y diseñador de la salvación. Y Pablo nos dice a qué se debe esa adoración. “que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo”. Hermanos, Dios nos ha bendecido con toda bendición espiritual. Pablo adora a Dios el Padre al reconocer que Él nos ha bendecido rica y abundantemente. Pablo desea que la iglesia adore a Dios al reconocer lo desprendido que ha sido Dios en bendecirnos.

            Ahora bien, lo interesante es que Pablo nos llama a bendecir a Dios no por las bendiciones materiales que Dios nos ha dado sino por las bendiciones espirituales que Dios nos ha dado en Cristo Jesús. Debemos dar agracias a Dios por todas sus bendiciones. Pero por encima de las bendiciones materiales se levantan las bendiciones espirituales.

            Y dentro de todas las bendiciones espirituales que Pablo pudiera señalar, él señala la elección eterna. V. 4 “según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él,”. ¿Qué nos enseña Dios aquí? Nos enseña que debemos dar gracias por las bendiciones espirituales y sobre todo por nuestra elección eterna.

I. Debemos dar gracias por las bendiciones espirituales

            En el Día de Acción de Gracias nos reunimos, en la iglesia o entre la familia, para dar gracias a Dios por sus misericordias. Lo normal es dar gracias por la salud, la familia, el trabajo, los hijos, la mano de Dios en nuestra vida, las libertades que gozamos. Pero generalmente hay algo que se olvida mencionar: las bendiciones espirituales. Generalmente no damos gracias: por la salvación, por el perdón de pecados, por la santificación, por la adopción de hijos, por la morada del Espíritu Santo en nosotros, por los dones espirituales que Dios no ha dado para servir a los demás, etc.  Es bueno tener trabajo, gozar de salud, tener una familia. Esas son bendiciones incalculables. Pero por sobre ellas las bendiciones espirituales son mayores.

            Miremos el Salmo 103:1-5 “Bendice, alma mía, a Jehová, Y bendiga todo mi ser su santo nombre. Bendice, alma mía, a Jehová, Y no olvides ninguno de sus beneficios. Él es quien perdona todas tus iniquidades, El que sana todas tus dolencias; El que rescata del hoyo tu vida, El que te corona de favores y misericordias; El que sacia de bien tu boca De modo que te rejuvenezcas como el águila.” David da gracias a Dios por sus múltiples bendiciones. Pero fíjate la primera que David menciona: “Él es quien perdona todas tus iniquidades”. Para él, el primer lugar en la lista de bendiciones es el perdón de Dios.

            Hermanos, el hecho de que Dios nos ha salvado debe ser la razón principal para darle gracias a Dios. ¿Por qué?

            1. Porque ella exalta más que nada la gracia y la misericordia de Dios. Dios es glorificado al bendecirnos con bienes materiales. Pero su grandeza brilla aun más al darnos la salvación. Dice Efesios 1:6 “para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado,” Todo lo que Dios hace en nuestra salvación, lo hace para “la alabanza de la gloria de su gracia”.

            Crear a un mundo de la nada es glorioso. Pero recrear a un mundo caído en pecado es indescriptible.

            2.

 

II. Debemos dar gracias por las bendiciones espirituales y sobre todo por nuestra elección eterna.

            Hermanos, Dios nos ha bendecido con toda bendición espiritual. No hay favor de Dios que El no nos ha otorgado o nos otorgará en Cristo Jesús. Y por ello debemos dar acción de gracias. Pero Pablo nos enseña que dentro de las bendiciones espirituales la elección eterna tiene un lugar principal. ¡Cuán importante esto! Casi nunca pensamos así. Pero la elección eterna es el primer acto de misericordia que Dios nos otorga. Por eso él comienza señalando la misma.

            ¿Por qué por la elección eterna?

1. Porque ella es la madre de todas las bendiciones espirituales. Ella es la “fuente” de la cual todas las demás bendiciones espirituales fluyen. Por eso Pablo comienza mencionado el amor electivo de Dios. Miremos el pasaje de nuevo “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, según nos escogió en él antes de la fundación del mundo, para que fuésemos santos y sin mancha delante de él,” Hermanos es el amor electivo de Dios la base para recibir toda bendición espiritual. De su amor electivo nos viene el regalo de Cristo para salvación. Somos elegidos en Cristo desde antes de la fundación del mundo. Y esto implica que fuimos unidos a Cristo desde la eternidad. Fuimos dado a El en pacto de redención. Desde allí Cristo era nuestro y nosotros de Cristo. Nos quejamos hoy día de matrimonios arreglados. Pero esto fue un matrimonio arreglado por Dios desde la eternidad. Y a esto solo tengo que decir: Aleluya.

            Hermanos, toda gracia que poseemos la debemos a la elección eterna. Eso es lo que Pablo hace. Mira las bendiciones que tenemos gracias a la elección eterna:

            1. V. 4 Santidad: “escogidos… para ser santos y sin mancha delante de Él”.

            2. V. 5 Adopción: “en amor habiéndonos predestinado para ser adoptados hijos suyos por medio de Jesucristo”.

            3. V. 7 Redención: “en quien tenemos redención por su sangre”.

            4. V. 9 Llamamiento eficaz o conversión: “dándonos a conocer el misterio de su voluntad”.

            5. V. 11 Herencia celestial: “En él asimismo tuvimos herencia, habiendo sido predestinados conforme al propósito del que hace todas las cosas según el designio de su voluntad,”

            6. V. 13-14 Sellado con el Espíritu como garantía perpetua de salvación: “fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida”.

            En fin, toda bendición que disfrutamos, como las que hemos mencionado y todas las demás como: paz, gozo, amor, dominio propio, cuidado, protección, etc. todas y cada una de ellas fluyen del amor electivo de Dios. Como no debemos bendecir a Dios y darle gracias mil gracias por sus bendiciones espirituales.

Aplicaciones:

1. Te pregunto: ¿Cuán agradecidos estamos de sus bendiciones espirituales? ¿Las valoramos más que las bendiciones materiales? Dios nos escogió para ser ricos en bendiciones espirituales y no necesariamente para ser ricos en bendiciones materiales. ¿Es eso importante para ti?

2. Agradeces el amor electivo de Dios. ¿Quién te distingue? ¿Qué tienes que no has recibido de Dios? Hermanos, es Dios quien nos distingue. Es Dios quien nos hace cristianos. Fue El quien os dio la fe salvadora y el arrepentimiento para vida. Y El lo hizo libre y soberanamente. Te escogió a ti y no escogió a otros. Y esto no porque eras mejor que los demás sino porque a El le plació así. ¡Como esto no nos debe llevar a vivir eternamente agradecido! ¡Como esto no nos debe llevar a consagrarnos a El en cuerpo y en alma!

3. Incluye en tus acciones de gracias las bendiciones espirituales. Ellas son superiores a las bendiciones materiales. Las bendiciones materiales las pueden tener todo el mundo, pero las espirituales solo tú, oh hijo de Dios.

            Quiera Dios que siempre tengamos en nuestros labios el dar gracias por sus bendiciones espirituales, sobre todo la elección eterna.

Sermón: 2 Corintios 13:14 La Doctrina Bíblica de la Trinidad en el NT

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2 Corintios 13:14 “La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios, y la comunión del Espíritu Santo sean con todos vosotros. Amén.”

 

            Estamos estudiando la doctrina bíblica de la Trinidad. Y hasta ahora hemos visto la importancia práctica de la doctrina. Ella es esencial para poder tener una clara concepción acerca de Dios. No podemos pensar en Dios correctamente a menos lo que veamos tal cual Él es: un solo Dios en tres personas. Ella es esencial porque es necesaria para salvación. Nadie puede ser salvo sin creer en esta doctrina. Señalamos también que ella es esencial a nuestra experiencia cristiana. Nuestra vida como cristianos está condicionada al hecho de que Dios es un Dios en tres personas. Le oramos a Dios Padre en el nombre del Señor Jesucristo y en el poder del Espíritu Santo.   

            El domingo pasado estuvimos estudiando la doctrina de la Trinidad desde la enseñanza del AT. Y señalamos que allí se enfatizaba la unidad de Dios. El pueblo de Israel vivía en medio del politeísmo y por eso era importante enfatizar el hecho de que hay un solo Dios vivo y verdadero. Junto con ello vimos que hay un énfasis en la absoluta dependencia no solo de Dios, Elohim, sino también de la Palabra y el Espíritu de Dios. Por último, vimos que el AT también enfatiza que en el ser de Dios hay una pluralidad de personas. No nos dice cuántas personas son. Pero sí revela que hay más personas dentro del ser de Dios.

            Hoy vamos a estudiar la doctrina de la Trinidad desde la perspectiva del NT. El NT no contradice el AT. Todo lo que está presente en el NT en una forma clara está presente en el AT, pero en una forma oscura. El NT clarifica, amplía y solidifica la doctrina tal como aparece en el AT.

            Hoy vamos a procurar contestar a la siguiente pregunta: ¿Cómo Dios reveló su triple personalidad en el NT?

I. Enfatizando la unidad de Dios

            No solo el AT enfatiza la unidad de Dios: “Oye Israel, Jehová nuestro Dios, Jehová uno es” (Deuteronomio 6:4), sino que en el NT también se enfatiza el hecho de que hay un solo Dios vivo y verdadero.

            Juan 17:3 “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado.” Dios es el único Dios verdadero. No hay otro en el mundo que sea Dios. Algo importante que señalar en este pasaje. Conocer a Dios es de dos maneras: intelectual y salvífico. Conocer a Dios con nuestras mentes. Debemos conocer la verdad acerca de Dios. Y esta debe ser conocida intelectualmente. Pero sobre todo salvíficamente. Nadie puede decir que conoce a Dios a menos que tal conocimiento lo lleve a una vida de piedad y santidad. Conocer a Dios no es algo meramente de la mente sino más aún del corazón.

            Hermanos, hay un solo Dios vivo y verdadero. 1 Corintios 8:6 “para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él.”

            1 Timoteo 2:5 “Porque hay un solo Dios, y un solo mediador entre Dios y los hombres, Jesucristo hombre,” Así como hay un solo Dios, hay solo un Mediador entre Dios y los hombres. Ninguna otra persona: femenina o masculina, ni ningún ángel es mediador entre Dios y los hombres sino solo Jesucristo.

            Santiago 2:19 “Tú crees que Dios es uno; bien haces. También los demonios creen, y tiemblan.” Ahora bien, no es suficiente creer que Dios es uno. No es suficiente creer en Dios. Los demonios creen en Dios. Pero aun así no son salvos. Su teología es correcta. Conocen la doctrina correcta. Incluso conocen la Biblia mejor que nosotros, pero aun así no son salvos. De igual manera hay muchos cuya fe es la misma fe que la de los demonios. Creen que Dios existe. Creen que hay un solo Dios vivo y verdadero, pero no son salvos. Y al no ser salvos al cielo no irán. ¿Por qué los demonios no son salvos? Porque para ellos Cristo no es su Rey. Ellos no han rendido el trono de su corazón a Jesús. Ellos quieren guiar sus vidas y no que Cristo la guíe. Para ellos Cristo no es su Profeta. Ellos no someten su mente a la voluntad de Jesús. Ellos no llevan sujetos sus pensamientos a los pensamientos de Jesús. Ellos son su propia ley. Tampoco tienen el sacrificio de Cristo como el único sacrificio que limpia los pecados y nos reconcilia con Dios. Por todo esto no son salvos.

            Así que vemos que el NT al igual que el AT enfatiza la unidad de Dios. Hay un solo Dios y vivo y verdadero.

II. Enfatizando la absoluta dependencia del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo para la salvación

            Eso es lo que vemos aquí en el pasaje fundamento del sermón. Tenemos en 2 Corintios 13:14 la bendición apostólica. Y a simple vista vemos que es trinitaria. Hay tres personas involucradas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Cada una de esas tres personas son esenciales a nuestra salvación. De los tres recibimos la bendición de Dios. ¡Oh, hermanos, cuán importante es la bendición de Dios! La bendición de Dios es lo que hace la diferencia en la vida. Por tanto, el NT enfatiza la doctrina bíblica de la Trinidad al enfatizar la absoluta dependencia que tenemos del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo para la salvación.

            Dependemos, en primer lugar, del amor de Dios, es decir, del amor del Padre. ¿Si es el amor del Padre por qué se habla primero de la gracia del Señor Jesucristo? Porque nosotros, al ser pecadores, no hubiéramos conocido de ese amor de Dios por nosotros mismos sino fuera por medio de un Mediador.  Así que tenemos en primer lugar el amor del Padre. Hermanos, sin el amor del Padre ninguno de nosotros estaría aquí. Porque solo un Padre puede ver a un hijo que le ha deshonrado, que se ha rebelado, que le ha odiado, y verle con amor. Solo Dios puede tener ese amor infinito. Y es ese amor el fundamento de nuestra salvación. Porque fue el Padre quien planificó nuestra salvación, Hechos 4:28. Fue el Padre quien envió a su Hijo para que muriera por nosotros, Juan 3:16. Fue el Padre quien envió al Espíritu Santo como nuestro santificador, Juan 14:16. Fue El quien nos escogió en Cristo desde antes de la fundación del mundo para que fuéramos santos y sin mancha delante de Él, Efesios 1:4. Es El quien nos llama eficaz e irresistiblemente a la comunión con su Hijo, 1 Corintios 1:9. Y todo esto y mucho más Él lo ha hecho por amarnos.

            Dependemos, en segundo lugar, de la gracia del Señor Jesucristo. ¿A qué se refiere Pablo cuando habla de la gracia del Señor Jesucristo? No se refiere al favor inmerecido que hemos recibido, sino a la misma salvación que hemos recibido. Aquí Pablo le pide a Dios en la bendición apostólica que Dios mismo nos otorgue todos los beneficios de la salvación que Cristo compró. Jesús compró una salvación perfecta y completa que solo Dios puede procurar. Solo Dios perdona pecados y eso fue lo que Jesús hizo. Por eso cuando Jesús decía: hijo, tus pecados te son perdonados, los judíos decían que él blasfemaba porque solo Dios puede perdonar pecados, Marcos 2:7-11. Por eso El lleva el nombre de Jesús porque solo El salvará a su pueblo de sus pecados, Mateo 1:21.  Ese salvador revela que es Dios cuando nos enseña que Dios era su mismo Padre, haciendo así igual con Dios, Juan 5:18. A Él le debemos nuestra existencia porque todo fue creado por medio de Él y para Él, Colosenses 1:16. Él también envía al Espíritu Santo para que sea también nuestro Consolador y santificador, Juan 15:26. El no solo da su vida por sus ovejas sino que nadie se la quita. Él tiene el poder para ponerla y poder para volverla a tener, Juan 10:18.

            En tercer lugar, dependemos también, de la comunión del Espíritu Santo. Sabemos que el Padre es una persona y que el Hijo es una persona, pero ¿es el Espíritu Santo una persona? Claro que sí. El pasaje habla de la comunión del Espíritu Santo. No podemos tener comunión con una fuerza, no podemos tener comunión con dones espirituales. Por eso el NT enfatiza constantemente que el Espíritu Santo es una persona el señalar que Él nos enseñará la verdad, 1 Juan 2:27. Que podemos contristarle, Efesios 4:30. Y que mentir al Espíritu Santo es mentir a Dios mismos, Hechos 5:4. Es el Espíritu Santo quien nos ha regenerado, Tito 3:5. Dios mora en nosotros porque el Espíritu Santo mora en nosotros y así somos templo de Dios, 1 Corintios 6:19. El Espíritu Santo escudriña lo más profundo de Dios y por eso es nuestro revelador, 1 Corintios 2:10. Él nos aplica la redención comprada por Cristo al obrar la fe en nosotros, Efesios 2:8. El no santifica, 2 Tesalonicenses 2:13. El distribuye múltiples dones a la iglesia, pero, aunque son muchos es un solo Dios, un solo Señor y un solo Espíritu, 1 Corintios 12:4-7.

            Hermanos, Dios nos revela que la obra de la salvación es efectuada por tres personas. Y solo el hecho de que esas tres son Dios, las mismas en substancia, iguales en poder y gloria es que nuestra salvación depende. En la gran obra de salvación en el NT Dios revela su triple personalidad de una manera más clara que en el AT.

Aplicaciones:

1. Ama al Padre. ¿Cuánto pensamos en el Padre? Generalmente el Padre solo es mencionado cuando vamos a orar. Pero el Padre es le fuente de nuestra salvación. Es su amor la causa que lo impulsa, lo constriñe a hacerlo. Y El derrama de su amor por nosotros. Derrama tu amor hacia el Padre. En tus devociones no te olvides de honrar al Padre y de devolverle de su amor por ti.

2. Ama al Hijo. Vida eterna tienes por su vida, muerte y resurrección. Él ha comprado para ti la adopción de hijo. Solo tú disfrutas de ese privilegio. Mientras los demás son hijos por ser criaturas de Dios, solo tú eres hijo que disfruta el cuidado paternal, la consolación paternal, tienes acceso directo al mismo trono de Dios, eres provisto de todas tus necesidades, disciplinado, etc., gracias al sacrificio de Cristo por ti. Amar a Cristo significa obedecer sus mandamientos. Y buscar el reino de Dios como lo primero y lo prioritario en tu vida.

3. Ama al Espíritu Santo. Tú eres hijo de Dios por adopción y también por nacimiento. Y ese nacimiento se lo debes al Espíritu Santo. Es El quien hace que la misma Trinidad more en ti, porque el Padre y el Hijo moran en ti por el Espíritu Santo. Él te ha sellado para el día de la redención. Y es El quien derrama el amor de Dios en tu vida. Y quien aplica a Cristo y su salvación a tu vida. Quien te hace sentir que Dios es real. Y que la paz que experimentas y puede experimentar a un grado mayor la recibes de Él. Ama al Espíritu como Él te ha amado. No lo contristes con tu pecado. No lo apagues al menospreciar las profecías, es decir, la Palabra de Dios.

            Quiera Dios que todos aprendiéramos a disfrutar de cada una de las personas de la Trinidad sin olvidar que ese el único Dios vivo y verdadero quien te salva.

Sermón: Génesis 1:26 La Doctrina Bíblica de la Trinidad en el AT

Génesis 1:26 “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza”.

 

            El domingo pasado estuvimos estudiando sobre la doctrina bíblica de la Trinidad. Y señalamos que la revelación del ser de Dios que tenemos en el NT sobrepasa la revelación del ser del Dios en el AT. Dios se ha revelado más claramente en el NT que en el AT. Esto significa que la revelación es progresiva y que va desde lo menos claro a lo más claro. Pero todo lo que tenemos en el NT estaba presente en el AT en forma de una semilla. Por ejemplo, una semilla de árbol contiene dentro de sí todo lo que sería después un árbol frondoso. Claro está, no vemos todavía las raíces, las ramas, las hojas, los frutos. Pero todo eso está allí en potencia y en principio. El que no veamos las ramas ni las raíces no significa que esa semilla no sea la semilla de ese árbol. De la misma manera podemos decir con respecto a la doctrina de la Trinidad. Ella está presente desde el mismo principio. ¿Por qué? Porque Dios siempre ha sido Trino y Él no puede revelarse sino como Él es: el Dios Trino y uno.  

            Hermanos, que esta doctrina es una doctrina sumamente práctica. Toda cada fibra de la vida espiritual del creyente. Solo a la luz de esta doctrina es que nosotros podemos tener paz, alegría y seguridad en el creer.

            Aunque el NT revela de una forma explícita y clara la doctrina bíblica de la Trinidad ésta se haya presente en el AT. Hay muchos que han negado que esta doctrina se encuentre en AT. Vamos a ver que eso no es cierto. La doctrina de la Trinidad o más bien el hecho de que hay un solo Dios y que en Dios subsisten tres personas se enseña en el AT. Pero se enseña de una manera no tan clara como en el NT.

            Hay algo importante que tener en mente. La revelación del NT nos ayuda a entender la revelación del AT. Y usamos el sol del NT para poder entender mejor la linterna del AT. Y por eso decimos que el NT no corrige el AT sino más bien “perfecciona, extiende y alarga” la doctrina del AT.

             

            Hoy vamos a estudiar acerca de la doctrina bíblica de la Trinidad en AT. ¿Cómo Dios reveló su triple personalidad en el AT?

I. Enfatizando su unidad

            Hermanos, por causa del pecado el conocimiento de Dios ha sido borrado del hombre. El pecado lleva al ser humano a suprimir la verdad de Dios. De aquí que el ser humano es idólatra y en la mayoría de los casos politeísta. Por eso cuando Dios sacó a Israel de Egipto para que habitara en Canaán, en una tierra politeísta fue necesario que Dios enfatizara el hecho de que hay un solo Dios vivo y verdadero. Que todos los demás dioses no existen. Y que solo Jehová es Dios. Hay entonces un énfasis en la unidad de Dios. Dios es uno. Deuteronomio 6:4 Oye, Israel: Jehová nuestro Dios, Jehová uno es”. Fíjate lo que Moisés nos enseña. Nosotros tenemos un solo Dios. Y ese Dios es Jehová. Él es nuestro Dios, no porque nosotros lo hayamos escogió, sino porque Él nos escogió. Y eso nos hace benditos. Como dice el Salmo 65:4 “Bienaventurado el que tú escogieres y atrajeres a ti, Para que habite en tus atrios; Seremos saciados del bien de tu casa, De tu santo templo.” El hecho de que hay un solo Dios vivo y verdadero fue el mensaje constante de los profetas. ¿Por qué adoran a lo que no existe, ni puede salvar, solo Jehová es Dios? Isaías 44:6 “Así dice Jehová Rey de Israel, y su Redentor, Jehová de los ejércitos: Yo soy el primero, y yo soy el postrero, y fuera de mí no hay Dios.” Isaías 45:21-22 “Proclamad, y hacedlos acercarse, y entren todos en consulta; ¿quién hizo oír esto desde el principio, y lo tiene dicho desde entonces, sino yo Jehová? Y no hay más Dios que yo; Dios justo y Salvador; ningún otro fuera de mí. 22 Mirad a mí, y sed salvos, todos los términos de la tierra, porque yo soy Dios, y no hay más.”

            Este mismo mensaje es el que tenemos que proclamar como creyentes y como iglesia. Solo Jehová es el único Dios vivo y verdadero. Solo El llama las cosas que no son como si fuesen. Solo Él puede salvar. Por tanto, es solo en El que debemos poner toda nuestra confianza y esperanza, y no en los hombres. Salmo 20:7 “Estos confían en carros, y aquéllos en caballos; Mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria.” Toda victoria se centra no en nosotros sino en Dios.

            ¿Cómo Dios reveló su triple personalidad en el AT? En primer lugar, enfatizando su unidad. En segundo lugar…

II. Enfatizando una dependencia en Dios, en la Palabra y en el Espíritu de Dios

            Desde el principio Dios enfatizó que el pueblo de Dios depende de Dios mismo para todo. Al principio Dios se reveló con el nombre: Dios, en hebreo es Elohim. Fue Elohim quien creó los cielos y la tierra, Génesis 1:1. Por tanto, debemos nuestra existencia a Elohim. Lo interesante es que este nombre es en plural, es un plural de intensidad. Lo plural denota la plenitud y abundancia de vida y poder que posee Dios. Por tanto, el pueblo de Israel aprendió y nosotros también que solo en Dios hay plenitud de todo lo que nosotros necesitamos. Hay en Dios una fuente inagotable de bienes y riquezas.

            Pero este Elohim crea por medio de su Palabra. Génesis 1:3 “Y dijo Dios: Sea la luz; y fue la luz.” Esa Palabra no es como la nuestra. Es una Palabra que crea algo de la nada. Es una Palabra que procede de Dios, y que es a la vez distinta de Dios. Además, en sí misma posee un poder irresistible, con solo hablar crea. Es ley que no puede sino ser obedecida. Salmo 33:6, 9 “Por la palabra de Jehová fueron hechos los cielos, 9 Porque él dijo, y fue hecho; Él mandó, y existió.”  El no solo crea por poder sino con sabiduría también. Y esta sabiduría no le viene a Dios de afuera, sino que está con Dios desde siempre.

            No solo eso. Elohim crea al enviar su Espíritu. El crea no solo por su Palabra sino también por su Espíritu. Génesis 1:1-2 “En el principio creó Dios los cielos y la tierra… y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.” Por su Espíritu el hermosea todo lo que existe, Job 26:13 “Su espíritu adornó los cielos”, renueva la faz de la tierra Salmo 104:30 “Envías tu Espíritu, son creados, Y renuevas la faz de la tierra.”, da vida al hombre Job 33:4 “El espíritu de Dios me hizo, Y el soplo del Omnipotente me dio vida.”, nos da entendimiento y sabiduría Job 32:8 “Ciertamente espíritu hay en el hombre, Y el soplo del Omnipotente le hace que entienda.” y hace la que hierba se seque y se marchite la flor Isaías 40:7 “La hierba se seca, y la flor se marchita, porque el viento de Jehová sopló en ella; ciertamente como hierba es el pueblo.” El pueblo de Dios aprende a depender absolutamente de la Palabra y el Espíritu de Dios como la fuente de la cual mana la vida. ¿Cómo Dios reveló su triple personalidad en el AT? En primer lugar, enfatizando su unidad. En segundo lugar, enfatizando su dependencia sobre Dios mismo, su palabra y Espíritu. Y en tercer lugar…

III. Enfatizando que hay una pluralidad en el ser de Dios

            Eso es lo que podemos ver en Génesis 1:26 “Entonces dijo Dios: Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza”. Fíjate que no dice voy a hacer al hombre sino hagamos, primera persona plural: nosotros. La misma idea se revela en Génesis 3:22 “Y dijo Jehová Dios: He aquí el hombre es como uno de nosotros, sabiendo el bien y el mal”. También Génesis 11:7 “Ahora, pues, descendamos, y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero.” E Isaías 6:8 “Después oí la voz del Señor, que decía: ¿A quién enviaré, y quién irá por nosotros?”. En todos estos pasajes se nos habla de una pluralidad de personas en el ser de Dios. No indican una trinidad de personas, pero sí indican una pluralidad de personas.

            La pluralidad de personas lo podemos ver aún más claro en algunos de los pasajes que nos hablan del Ángel de Jehová. No es meramente Elohim quien salva sino Jehová, el Dios del pacto quien salva. Y este lo hace principalmente por el Ángel de Jehová. Este ángel no es un ser creado sino uno que es Dios mismo y quien se distingue de Jehová. Busquemos Génesis 16:7-13 “Y la halló el ángel de Jehová junto a una fuente de agua en el desierto, junto a la fuente que está en el camino de Shur. 8 Y le dijo: Agar, sierva de Sarai, ¿de dónde vienes tú, y a dónde vas? Y ella respondió: Huyo de delante de Sarai mi señora. 9 Y le dijo el ángel de Jehová: Vuélvete a tu señora, y ponte sumisa bajo su mano. 10 Le dijo también el ángel de Jehová: Multiplicaré tanto tu descendencia, que no podrá ser contada a causa de la multitud. 11 Además le dijo el ángel de Jehová: He aquí que has concebido, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre Ismael, porque Jehová ha oído tu aflicción. 12 Y él será hombre fiero; su mano será contra todos, y la mano de todos contra él, y delante de todos sus hermanos habitará. 13 Entonces llamó el nombre de Jehová que con ella hablaba: Tú eres Dios que ve; porque dijo: ¿No he visto también aquí al que me ve?”  Fíjate que el ángel es llamado el Ángel de Jehová y habla como Jehová, aunque se distingue de Jehová. Agar reconoce que ella misma vio a Dios. “Tú eres Dios que ve; porque dijo: ¿No he visto también aquí al que me ve?”.

            Y por último hermanos, tenemos el Sal. 110:1 “Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies”. David reconoce que tiene dos Señores. Obviamente Jehová es su Señor, pero este Jehová que es su Señor habla con el otro Señor de David. El Mesías es la persona con quien habla Jehová y es al Mesías a quien Jehová le promete poner a sus “enemigos por estrado de sus pies”. Pero no podemos servir a dos Señores, dice Jesús, a menos que este Señor con quien habla Jehová sea también Dios. Una nota importante. Pablo en el NT señala que es a Jesús a quien Jehová le da la promesa de que El pondrá a sus enemigos por estrado de sus pies en 1 Corintios 15:25.

Aplicaciones prácticas:

1. Desde la creación Dios nos enseña que nosotros dependemos no solo de Dios sino de Palabra y su Espíritu. Una de las preguntas que nos hacemos inocentemente es qué yo necesito en mi vida para poder vivir en victoria, para poder sobrellevar las cargas, tener la sabiduría en medio de las decisiones de la vida, etc. No te olvides que nuestro Dios es Elohim. El posee toda la plenitud de gracia, fortaleza, sabiduría, salvación, bondad, etc. Dios no se cansa como nosotros. El no carece de nada, sino que todo lo posee en absoluta abundancia. ¿A quién buscarás para el sostén, el perdón, la sanidad, la dirección de tu vida sino solo a Elohim, a Dios? Es de El que procede su Palabra y es ella quien te revela la voluntad de Dios para tu vida. Sumérgete en esa Palabra revelada. Que ella se tan familiar a tu vida que puedas hasta respirarla. Pero también dependemos de su Espíritu. Oh, hermanos que el Espíritu de Dios no sea una persona ignorada en nuestras vidas. Dios obra por medio de su Espíritu sus planes en nosotros. Depende del Espíritu Santo. Él es tu guía, tu fortaleza, tu maestro. El mora en ti.

2. Pero no te olvides que es Jehová quien te salva. Él te salva no como un extraño sino como un hijo. Él te provee, no como provee Fema a los necesitados, sino como un Padre que no puede ver a sus hijos en necesidad sin afligirse. Y que cuando estos caen, caen como dice Deuteronomio 33:27 “sobre los brazos eternos”.

Sermón: Mateo 28:18-20 La Importancia Práctica de la Doctrina Bíblica de la Trinidad

Mat. 28:18-20 “Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra. 19Por tanto, id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; 20enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.”

 

            Dice Éxodos 3:1-6 “Apacentando Moisés las ovejas de Jetro su suegro, sacerdote de Madián, llevó las ovejas a través del desierto, y llegó hasta Horeb, monte de Dios. 2 Y se le apareció el Angel de Jehová en una llama de fuego en medio de una zarza; y él miró, y vio que la zarza ardía en fuego, y la zarza no se consumía. 3 Entonces Moisés dijo: Iré yo ahora y veré esta grande visión, por qué causa la zarza no se quema. 4 Viendo Jehová que él iba a ver, lo llamó Dios de en medio de la zarza, y dijo: ¡Moisés, Moisés! Y él respondió: Heme aquí. 5 Y dijo: No te acerques; quita tu calzado de tus pies, porque el lugar en que tú estás, tierra santa es. 6 Y dijo: Yo soy el Dios de tu padre, Dios de Abraham, Dios de Isaac, y Dios de Jacob. Entonces Moisés cubrió su rostro, porque tuvo miedo de mirar a Dios.”

            ¡Qué experiencia más increíble! Cualquiera de nosotros podría pensar: “que bendición tuvo Moisés en ver tal escena. Si yo hubiera tenido esa experiencia de ver a Dios. ¡Wao! ¡Cuán grande es esa bendición!”. Sabes qué, nosotros experimentamos una bendición más grande que la que experimentó Moisés en ese momento. Dios se reveló en el AT a los patriarcas de una manera impresionante. Pero esa revelación de Dios era en un sentido obscura si la comparamos con la revelación de Dios en el NT. Tú y yo tenemos una más clara visión de Dios que la que tuvieron los santos en el AT. No hay nada que envidiar a Moisés. El NT se revela de una manera más clara el ser de Dios y su naturaleza trinitaria, en la obra de redención obrada por Cristo y en el derramamiento y obra del Espíritu santo sobre su iglesia.

            Continuamos nuestro estudio de la Catecismo Menor de fe de Westminster, el cual junto al Catecismo Mayor y la Confesión de Fe forman la base doctrinal de nuestra iglesia.

            Veamos las preguntas 5 y 6 del Catecismo Menor.

            5. ¿Hay más de un Dios? R. No hay sino uno solo, el Dios vivo y verdadero.

            6. ¿Cuántas personas hay en la Divinidad? R. Hay tres personas en la Divinidad, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, y estas tres son un solo Dios, las mismas en sustancia, iguales en poder y gloria.

            Hoy comenzamos a predicar sobre la doctrina bíblica de la Trinidad. Pero nos vamos a concentrar en el día de hoy en su importancia. Y vamos a contestar por qué es importante esa doctrina. ¿Por qué es importante la doctrina de la Trinidad?

I. Porque revela con claridad el ser de Dios

            Fíjate las palabras de la Gran Comisión. Jesús luego de su resurrección nos indica que El, en su oficio como Mediador entre Dios y los hombres, recibió todo poder en la tierra y en los cielos. “Y Jesús se acercó y les habló diciendo: Toda potestad me es dada en el cielo y en la tierra.” Hermanos, todo poder le pertenece a Jesús. No hay poder en este mundo más grande que el poder que posee Jesús. No hay nación, ni armamento más grande que el que posee Jesús. Toda potestad le ha sido dada a Él. Y como el posee todo poder Él puede ordenar a la iglesia a predicar el evangelio a todas las naciones. Ninguna nación tiene la potestad de evitar que el evangelio sea predicado en su suelo porque todo poder le ha sido dado a Jesús, como Mediador. ¿Qué autoridad tienen los predicadores de entrar por ejemplo en Iraq para predicar el evangelio? La autoridad que Jesús les da.

            Y nos dice Jesús que la Comisión de hacer discípulos a todas las naciones conlleva dos cosas: administrar la Palabra y los sacramentos. Mira como lo dice: “bautizándolos… y enseñándoles”, Palabra y sacramento. Eso es todo lo que la iglesia necesita para llevar a cabo la Gran Comisión: predicar el evangelio a toda criatura y administrar los sacramentos instituidos por Cristo.

            Pero hay algo más que nos enseña Jesús. Él no dice que los discípulos de Jesús son bautizados en el nombre, y habla en singular. Fíjate que no dice en los nombres sino en el nombre. El nombre en singular enfatiza el hecho de que estos tres nombres que se mencionan son uno solo. Ellos se convierten en discípulos de un solo Dios. Pero este Dios tiene tres nombres.

            Si te das cuenta Jesús nos enseña que la doctrina de la Trinidad es parte esencial de la revelación de Dios. No podemos conocer a Dios correctamente a menos que lo conozcamos como uno y como tres: como un solo Dios en tres personas. Dios no es una sola persona y esto es esencial a un correcto entendimiento de quien es Dios. Tan importante es la doctrina de la Trinidad que Jesús nos enseña que es parte esencial de la predicación del evangelio, de la Gran Comisión de la iglesia. Sin la misma la Iglesia predica a otro dios que no es el Dios de la Biblia.

            Solo la doctrina de la Trinidad nos da una clara y correcta concepción de quien es Dios. Si no creemos en que Dios es un solo Dios que posee tres personas, nuestra idea de Dios es errónea. E ahí la importancia de la doctrina de la Trinidad. esta nos da una clara idea del ser de Dios.

II. Porque es esencial para la salvación

            La Gran Comisión es la responsabilidad ineludible de la Iglesia. Es el deber de la Iglesia ir por todo el mundo y predicar el evangelio. Jesús dijo: “Por tanto, Id y haced discípulos a todas las naciones”. Y en su prédica la Iglesia proclama el evangelio.

            El contenido del evangelio conlleva una declaración del ser de Dios y de los actos de Dios. La iglesia es llamada a dar a conocer no solo lo que Dios ha hecho para salvar a los pecadores sino también quién es el Dios verdadero que salva a los pecadores. La iglesia predica quién es ese Dios vivo y verdadero. La meta de la predicación es conocer a Dios de una manera salvadora. Por eso la Biblia nos enseña que ese conocimiento verdadero y correcto de Dios es esencial a la salvación. Veamos Juan 17:3 “Y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo, a quien has enviado. Conocer a Dios y a Jesucristo es la vida eterna.

            Es por eso que Jesús vino. El hombre por naturaleza no conoce a Dios. El mundo es ignorante acerca de Dios. Y no desea conocer acerca de Dios. No busca a Dios. Y si busca conocer algo de Dios cuando escucha del Dios verdadero revelado en la Biblia huye de Él. Pero Jesús vino para darnos a conocer a Dios. Juan 1:18 “A Dios nadie le vio jamás; el unigénito Hijo, que está en el seno del Padre, él le ha dado a conocer. Y Jesús nos ha dado a conocer a Dios tal y cual Dios es.

            Y ese Dios nos dice Jesús en la Gran Comisión es un Dios en tres personas. Por tanto, la Iglesia siempre ha dicho que nadie puede ser salvo a menos que tenga un conocimiento correcto a acerca de Dios. Por eso decimos que la doctrina de la Trinidad es esencial a la salvación. ¿Por qué es importante la doctrina de la Trinidad? Porque es esencial para la salvación.

III. Porque es esencial a la experiencia religiosa cristiana

            Una de las cosas que siempre debemos tener presente es que la vida cristiana es una vida de comunión con Dios. Dios es un ser personal y nosotros nos relacionamos con El de una manera íntima. Dios mora en nosotros por su Espíritu. Hablamos con El por medio de la oración. Él nos habla por medio de su Palabra predicada y leída. El vigila nuestros pasos. Y Él siempre está presente en nuestros pensamientos. Le amamos porque Él nos amó primero. Y cada creyente experimenta en su vida y en su corazón el amor de Dios.

            No solo eso, sino que cada creyente tiene comunión con cada una de las tres personas de la Trinidad. Su gozo y paz y su íntima relación con Dios demanda que cada una de esas personas sea Dios. Cada creyente lo experimenta así. Es esencial para su vida cristiana, para la paz, gozo e íntima comunión. Nuestra vida cristiana no sería lo que es si Dios no fuera Trino y uno.

            Cada creyente sabe que solo un Salvador que sea Dios mismo puede traer paz a su vida. Cuando miramos nuestra vida y vemos lo faltos que somos en cumplir con los mandamientos de Dios, aprendemos solo un Salvador que sea Dios puede pagar por mis deudas a Dios. Tú y yo somos pecadores. Y nada de lo que hagamos podrá jamás merecer la salvación. Ninguno de nosotros puede por más que se esfuerce satisfacer nuestra deuda, pagar por nuestros a un Dios tres veces santo. Nunca podemos ofrecer una obediencia perfecta a un Dios que demanda que seamos perfectos como Él es perfecto. (Mateo 5:48). Por tanto, nuestra paz descansa en que Jesús quien es Dios mismo ofreció un sacrificio perfecto, de valor infinito como mi sustituto satisfaciendo así las demandas de la justicia de Dios. Si El no fuera Dios jamás yo tendría paz. Siempre tendría el temor de pensar habrá satisfecho Jesús plenamente por mis pecados o debo yo también satisfacer, pagar esa deuda. Por eso la Biblia nos enseña en Hebreos 10:14 “porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados. ¿Cómo Jesús podía ofrecer a Dios un sacrificio perfecto que nos hiciera perfectos delante del tribunal de Dios? La Biblia nos dice en Hebreos 9:14 “¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?El Espíritu eterno se refiere a la naturaleza divina de Jesús. Aunque la sangre de Cristo era finita, quien ofreció esa sangre era una Persona divina, dándole así valor infinito y perfecto a su sacrificio. Y por eso tenemos paz para con Dios los que hemos creído para la salvación de nuestras almas.

            No solo eso. Solo un Salvador quien es Dios puede ser un perfecto Sumo Sacerdote. Un Sumo Sacerdote capaz de compadecerse con nuestras debilidades. Ningún hombre es más compasivo que Dios. Ni ninguno más justo que Dios. Por eso David siempre pedía que fuera Dios quien lo juzgara y no los hombres, porque entendía lo justo, compasivo, misericordioso, entendido como Dios. Por eso podemos ir ante el Padre por medio de un Sumo Sacerdote divino con la seguridad que El defenderá mi caso de una manera perfecta. Él es nuestro Paracleto, nuestro abogado por excelencia defendiendo nuestro caso delante de Dios a la perfección. Sabiendo que todo lo que le pidiéramos al Padre en el nombre de Jesús lo tendremos porque Dios como Dios posee la misma mente y voluntad de Dios.

            De la misma manera podemos decir que cada creyente sabe que solo un Santificador, el cual es Dios también, es la fuente de su paz, gozo y misericordia. Solo Dios Espíritu Santo puede darme a plena seguridad de que moraremos en las mansiones celestiales. ¿Cómo lo sabemos? Porque Dios mora en nosotros por medio del Espíritu Santo. Y Dios nos sella con su Espíritu como la garantía de que iremos a morar en los cielos y somos herederos de la vida eterna. Solo un Santificador el cual es Dios, puede garantizar mi constante santificación y así lograr que nosotros perseveremos hasta el fin. Todos nosotros tenemos una vagancia para las cosas espirituales. Todos nosotros en alguna manera u otra hemos arrastrado los pies para seguir a Dios. Pero nos da paz el saber que el Espíritu Santo, el cual es Dios, seguirá sin descansar, santificándonos cada día hasta la que la obra esté completa cuando partamos de este mundo. Solo Dios Espíritu Santo puede vencer mis deseos pecaminosos, limpiar mi conciencia, doblegar mi terquedad y ser la luz que me lleve a comprender la voluntad de Dios revelada en la Biblia.

            De aquí hermanos, cuán importante y cuán practica es la doctrina bíblica de la Trinidad. Ella me asegura que aquí en la tierra Dios mismo mora conmigo. Disfruto poco a poco de la plenitud de Dios. Comienzo aquí a gustar del amor de Dios, de su presencia, de su paz, de todo lo que Dios es. Y ese mismo Dios que ha estado conmigo me acompaña todos los días de mi vida aquí y me acompañará también cuando los ángeles lleven nuestra alma a morar en los cielos. Y ese mismo Dios Trino y uno que me ama y que está conmigo está también con todos mis hermanos en la fe: sean estos primos, cuñados, esposas, hijos, vecinos, miembros de la iglesia. Yo nunca estoy solo, ni ellos tampoco. Cuando partamos de este mundo realmente no nos separamos de ellos, porque somos uno como el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo es uno. Somos una sola familia. Algunos se adelantarán a disfrutar de Dios con mayor plenitud. Pero nunca nos abandonan porque ese mismo Dios que adoramos mora en cada uno de sus hijos y el que mora el ellos y que murió por ellos, es Dios.

            ¿Cuán importante es la doctrina de la Trinidad? Es vitalmente importante para la proclama del evangelio, para la salvación y para una vida cristiana plena. 

Sermón: Jeremías 6:16 Preguntad por las sendas antiguas

Jeremías 6:16 “Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: No andaremos.”

 

            Una de las cosas que me gusta del 2017 es que el año pasado fue un año electoral y ahora tenemos cuatro años antes de las próximas elecciones. Cada cuatro años es un reto. Un reto de escoger el candidato para gobernar el país. El reto se hace más difícil cuando uno desea escoger no por partidos político sino por los méritos de los candidatos. Y si los candidatos no tienen mérito, pues la elección se hace aún más difícil, por no decir casi imposible. Muchas veces qué difícil es escoger algo. Queremos escoger lo mejor y muchas veces no sabemos qué es lo que nos conviene. A veces yo desearía que alguien escogiera por mí y así zafarme del problema y la responsabilidad.

            Pero eso no siempre está bien. Nosotros somos responsables de nuestras decisiones. Dios nos ha hecho seres moralmente responsables de nuestras decisiones. Y aunque esto es así Dios en su misericordia nos ayuda en nuestra elección. Eso fue lo que hizo con el pueblo de Dios en el AT y lo mismo lo hace hoy día con nosotros. El en un sentido nos chotea cuál es la decisión correcta. Él nos llama a escoger el buen camino. Él nos dirige a la elección correcta. 

            En conjunto con ello, deseo que nosotros también veamos el buen camino que nos dejaron los reformadores del siglo 16 ya que estamos celebrando el Día de la Reforma. Ellos bajo la misericordia de Dios nos dejaron el camino que debemos seguir. ¿Cuál va a ser nuestra decisión? ¿Cuál va a ser nuestra elección hoy? Vamos a ver hoy, en primer lugar, cuál es la base de nuestra elección. Luego cuál es la elección correcta. En tercer lugar, el beneficio de una buena elección. Y en cuatro lugar: el peligro de una mala elección.

           

I. La base de nuestra elección

            1. La gracia de Dios. En el pasaje de Jeremías vemos que Dios les da el privilegio de escoger de nuevo. Él pudo haber destruido el pueblo de Judá desde antes. Por siglos el pueblo de Dios ha estado atesorando la ira de Dios. Por siglos ha sido un pueblo desobediente. De aquí que Dios no tenía la más mínima obligación de darles otra oportunidad. Hoy día decimos que todo el mundo tiene el derecho de una segunda oportunidad. Y qué de la oportunidad número 500. Aun así, Dios les da el permiso para escoger. Dios pone delante de ellos la vida y la muerte. Y les da la oportunidad de escoger nuevamente la vida. Fíjate cómo lo dice: “Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad… cuál sea el buen camino, y andad por él”.

            De igual manera nos sucede a nosotros, la iglesia de Cristo del siglo 21. Dios nos da el permiso para escoger. En su gracia y misericordia nos da a escoger la vida, el camino correcto.

            Hermanos, en los últimos 167 años hemos visto un abandono de la teología de la Reforma en las iglesias protestantes. La teología de la Reforma era una centrada en Dios basada exclusivamente en la Palabra de Dios. La meta del creyente era vivir para la gloria de Dios en todas las áreas de la vida, negándose a sí mismos y tomando la cruz todos los días.  Hoy día tenemos una teología centrada en el hombre basada en una religiosidad terapéutica: Dios desea y busca que estés feliz en todo momento. Todo lo que te cause angustia y dificultad no es bueno para ti. Sigue los deseos de tu corazón. Mucha de esa teología ha sido abrasada por las iglesias protestantes hoy día.

            Te pregunto a ti en esta mañana. ¿Hay algo de esa teología moderna que has abrasado? ¿Habrá alguno de nosotros que haya abrasado la teología del confort, de la comodidad y se arropan con la sabana de: no me ajoren mucho que quiero evitar la fatiga o se arropan con la sabana de la cruz? Hoy día se vende los cielos sin la cruz. Eso es querer comprar la rosa sin espina.

            En medio de esto Dios en su gracia nos llama a escoger la vida, la verdad, la cruz. Y esto en su misericordia.   

II. Cuál es la elección correcta

            1. La elección correcta es escoger “las sendas antiguas”. “Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él”. La lección correcta es conocer, aprender las sendas antiguas, el camino correcto de antaño y caminarlo, creerlo, atesorarlo y sobre todo vivirlo. Ese camino no es uno nuevo, es uno antiguo. Tiene su origen desde el jardín del Edén. Y ese mismo camino fue proclamado en la Reforma Protestante. Es ese el buen camino que debemos andar. Y los reformadores nos lo enseñaron. ¿Cuál es ese camino?

                        a. la autoridad final de las Sagradas Escrituras. Los reformadores nos enseñaron que la verdad de Dios es la autoridad final sobre la autoridad de los hombres. Hay una sola verdad: la verdad de Dios. Y esta va por encima de la autoridad de los hombres. La sabiduría de los hombres es necedad en comparación con la sabiduría de Dios. Para ello, nosotros herederos de la Reforma, debemos abrazar con convicción que Dios es el único sabio. Y que su Palabra es la sabiduría celestial que necesitamos para salvarnos y para vivir en este mundo.

            Para ellos, toda doctrina, toda filosofía, todo pensamiento estaba sujeto a la Palabra de Dios. Y que solo en obediencia a la Palabra de Dios es que seremos verdaderamente libres y felices. Ella es la guía suprema sobre qué debemos creer y observar para ser salvos y sobre cómo yo debo vivir, pensar, sentir, hablar.

            Pero hoy día, lamentablemente, eso no es así. Para muchos la Biblia no es la autoridad final sino la psicología, lo que hacen los ricos y famosos, lo que me llena de alegría. Hablar de que el cristiano tiene que vivir una vida de auto-negación, tomando la cruz diariamente es legalismo. Es querernos salvar por las obras. Se olvidan que fue Jesús mismo quien dijo esas palabras. Decir que es más correcto escoger leer la Biblia versus ver televisión o estar conectado a face-book es llamarnos fanáticos. Decir que asistir a la iglesia es uno de los más grandes privilegios y un deber sagrado. Y que ausentarse a la misma sin una razón justificada es pecado, para muchos es caer en una mentalidad sectaria. En cambio, Dios nos llama a vivir para El negándonos a nosotros mismos. Dando prioridad a su reino. Creyendo que lo que Dios dice es la única sabiduría que debemos seguir. Que obedecer su palabra es vida, es libertad y felicidad. 

                        b. la salvación por la sola gracia de Dios. Los reformadores, basados correctamente en la Palabra de Dios, nos enseñaron que es Dios quien nos salva. Nadie puede salvarse a sí mismo. Dios nos salva, no por algo bueno que hayamos hecho, ni porque hemos vivido una vida honesta y buena sin hacer daño a nadie; no por ser buenos padres o madres o hijos; ni por ser celosos de las cosas religiosas o espirituales somos salvos. La salvación no es algo que se gana. No la reciben los mejores del mundo. Cristo no vino a llamar a los justos sino a los pecadores a la salvación. Lo necio del mundo escogió Dios. Las rameras y los publicanos, es decir, las prostitutas y los pillos entraban primero al reino de los cielos que los mismos líderes religiosos. Por gracia sois salvos por medio de la fe.  

            Los reformadores también no enseñaron que la salvación que Dios obra en nosotros es salvación de la culpa del pecado y también del poder del pecado. Una fe estéril no es la fe que salva. Una fe que no cambia a la persona no es fe salvadora. Una persona que profesa ser cristiano sin dar frutos de obediencia no es salva. La fe salvadora obra. Obra por el amor: amor a Dios y amor al prójimo.

            Cuando distinto es lo que se enseña hoy día. Hoy día se enseña que una persona puede ser salvo, aunque no dé frutos de arrepentimiento. Que la ley de Dios no tiene nada que ver con el evangelio de la gracia. Esa no es la senda antigua.

                        c. la doctrina bíblica de la iglesia. Los reformadores nos enseñaron que la iglesia son los elegidos que han sido, son y serán reunidos en uno bajo Cristo Jesús. Y que esa iglesia invisible se hace visible por medio de la profesión de fe en conjunto con sus hijos. Que una persona puede estar en la iglesia sin ser de la iglesia. Que muchos de los miembros de la iglesia no se salvarán porque la iglesia no salva sino Cristo.

            También nos enseñaron que nadie puede salvarse, normalmente, separado de la iglesia visible. Que nadie puede crecer correctamente separados de la iglesia. Que nos hacemos daño a nosotros mismos y a nuestras familias cuando no estamos comprometidos con la iglesia local. Que quedarse en la casa orando no es un sustituto. Y que demuestra la debilidad espiritual en que se encuentra esa persona. Claro está a menos que haya una razón justificada.

            Y que la iglesia visible profesa la verdadera religión junto con sus hijos. Y esto implica conocer la verdadera religión, creerla, vivirla y enseñársela a nuestros hijos de palabra y de modelaje. Y esa profesión lo es hasta que la muerte nos llegue. El creyente jamás deja de profesar su fe con lo que hace y con lo que deja de hacer.

            Y esto implica separarnos del mundo. No del mundo físico porque ha sido creado por Dios, pero sí de la filosofía del mundo. No porque todo el mundo lo hace yo lo debo hacer ni está correcto. Lamentablemente, muchos en la Iglesia de Cristo siguen las prácticas del mundo.

                        d. la correcta adoración. Los reformadores nos enseñaron cuál es la correcta forma de adorar a Dios. No es por medio de imágenes sea de Jesús, el Espíritu Santo, ni debemos usar ninguna imagen de Dios en la adoración ni como ayuda en la enseñanza de la iglesia. Y que lo que se hace en la adoración se hace para que Dios reciba toda la gloria. Era una adoración centrada en Dios y no en los hombres: sean estos mujeres, hombres o niños.

            Pero hoy día la adoración se centra en el hombre. En algunos sitios es un verdadero espectáculo. Donde lo importante es cómo agradar a las visitas y no cómo agradar a Dios. En la iglesia católica la misa es el centro de la adoración. En las iglesias de la Reforma lo era el púlpito, la predicación y enseñanza de la Palabra de Dios. Hoy día lo es la música, las danzas, las pantomimas, en otras palabras, el teatro.

            Debemos regresar a los principios bíblicos de la verdadera adoración. Dios es el centro de la adoración. Y El merece ser adorado con toda la reverencia y seriedad en un espíritu alegre y únicamente según Él ha ordenado en su Palabra.   

III. El beneficio de nuestra elección

            1. “hallaréis descanso para vuestra alma”.  

                        a. paz con Dios. Solo el creyente goza de paz con Dios. ¿Por qué? Porque ha sido reconciliado con Dios. Antes de ser creyentes éramos enemigos de Dios. Éramos lo ammi, no pueblo de Dios. Pero por la fe en el sacrificio expiatorio de Jesús hemos sido reconciliados. Hemos sido adoptados a la familia de Dios. Hay paz entre nosotros.

            Pero esa paz, fruto de la justificación, nos da derecho a una paz en el interior. Y esa paz se incrementa según nuestra vida se conforma a Cristo. Solo en obediencia a Dios esa paz interior se fortalece por medio de la obra del Espíritu Santo.

                        b. seguridad del amor de Dios. Los creyentes gozan de la seguridad del amor de Dios. Nada nos podrá separar del amor de Dios en Cristo Jesús.

                        c. gozo en el Espíritu Santo. Uno de los frutos del Espíritu Santo es el gozo. Pero ese fruto el Espíritu Santo lo produce en conjunto con la comunión con Cristo. Es por medio de la fe en Jesús, en su suficiencia, en su amor y gracia y seguridad de salvación que nuestro gozo incrementa.

                        d. herencia entre los santificados. Los que reciben la Palabra de Dios son los que heredan las mansiones celestiales. Solo los santos heredan los cielos. Buscad la paz y la santidad sin la cual nadie verá al Señor.

IV. Una mala elección

            Dios les dio la oportunidad de escoger el buen camino. ¿Y cuál fue su respuesta? “Mas dijeron: No andaremos.” ¿Qué significa esa respuesta?

            1. no arrepintieron. Pero, aunque Dios le dio una elección al pueblo de Dios en a AT ellos escogieron no andar en sus caminos. Es decir, no se arrepintieron de sus pecados. Por eso vino sobre ellos gran destrucción. Esto es importante. ¿Sabes por qué? Porque…

                        a. no andar en el buen camino es andar en el mal camino. No hay camino neutral. O estamos con Dios o estamos con el diablo. No hay punto medio. O abrazamos las sendas antiguas o las rechazamos y andamos por el camino del error. Y como consecuencia…

                        b. no hay paz para ellos. Solo hay paz en la verdad y en obediencia a esa verdad. Hay muchos en la iglesia de Cristo que sufren enormemente. Algunos de ellos porque no hay seguido las sendas antiguas. No han vivido en fe en Dios ni en obediencia a Él. No han creído en sus promesas. Han sido selectivos en cómo negarse a sí mismo. Han querido ser sus propios maestros, sus propios pastores. Y no han encontrado paz. Llegarán al reino de los cielos, pero con la espalda pela. La paz que Cristo prometió y que comenzamos a disfrutar en esta vida no la disfrutaron por ser sabios en su propia opinión.

            Dios es un Dios de misericordia. Él nos llama a buscar y escoger el buen camino, la sendas antiguas. Si no lo hemos escogido antes todavía hay tiempo. Arrepiéntete y ordena tus caminos.

            Debemos aprender del pasado y corregir nuestros caminos. Debemos abrazar la Fe de la Reforma con plena convicción, con todo el corazón y vivir el evangelio no satisfaciendo los deseos de la carne. Viviendo bajo la autoridad de la Palabra. Tomando a Jesús como nuestra salvación del pecado y de nosotros mismos. Nunca es tarde para aprender. Nunca es tarde para corregir. Solo así tendremos paz.

 

 

 

El 31 de octubre de 2017 se conmemoran los 500 años de la Reforma Protestante iniciada por Martín Lutero. Esta celebración es significativa. Lo es, porque en los últimos 167 años hemos visto un abandono de la teología de la Reforma. La teología de la Reforma era una centrada en Dios basada exclusivamente en la Palabra de Dios. La meta del creyente era vivir para la gloria de Dios en todas las áreas de la vida, negándose a sí mismos y tomando la cruz.  Hoy día tenemos una teología centrada en el hombre basada en una religiosidad terapéutica: Dios desea y busca que estés feliz en todo momento. Todo lo que te cause angustia y dificultad no es bueno para ti. Sigue los deseos de tu corazón.

             ¿Cuánto de esa mentalidad es parte de ti hoy día? ¿Cuánto nosotros hemos absorbido de esa teología? ¿Qué debemos hacer? ¿Debemos seguir viviendo de esa manera o viviremos según aprendimos de nuestros padres espirituales los reformadores el camino que le agrada a Dios?

            Esas mismas preguntas le hizo Dios al pueblo de Judá. Dios les puso en sus manos su responsabilidad ante El. Ustedes son responsables de sus decisiones. Y Dios les dice lo que deben hacer. Deben escoger andar en las sendas antiguas. Esa es nuestra misma responsabilidad como pueblo de somos. ¿Qué debes hacer? ¿Cuál es la correcta elección? ¿Cuál es la naturaleza de una elección correcta de nuestra parte?

 

 

 

 

 

Yo me imagino que tú te puedes identificar conmigo cuando digo que muchas de las cosas antiguas eran hechas con mejor calidad de lo que tenemos hoy día. Por ejemplo, las baterías de los relojes duraban antes 4 años, hoy día duran un año y medio o a lo más dos. Las sillas eran más duraderas. Incluso los radios y los televisores duraban mucho más de lo que duran hoy día. Muchas de las cosas de antes, las cosas antiguas eran hechas con más dedicación, con miras a que duraran mucho. Mientras que hoy día la meta no es hacer que algo dure sino hacer que algo dure menos para que tengas que volver a comprarlo de nuevo.

            Hay algo en la antigüedad que le da un sabor distinto y mejor. Se habla de que el vino añejo es el mejor. Y que hay algunas cosas que saben mejor después de un tiempo que al mismo momento en que fueron creadas. Hay un cierto valor especial en las cosas antiguas, sobre todo si estas cosas son buenas.

            En una forma similar Dios le habla al pueblo de Dios en este pasaje de Jeremías. Él les llama a mirar al pasado. No mirar el pasado por ser pasado sino las cosas buenas del pasado. Por aquellas que ellos conocían y que les iba a llevar por el camino recto. Ellos deben escoger ese camino. Pero ellos deben escogerlo por sí mismo. Pero, así como existe la verdad existe la mentira. Hay un camino bueno y un camino malo. ¿Cuál vas a escoger? Dios nos llama hoy día a hacer una elección. ¿Cuál camino vas a elegir? ¿Cuál va a ser tu elección?

Iglesia Presbiteriana Ortodoxa Jesús es la Verdad

Lcdo. Roberto Quiñones Cardona

Sermón: Jeremías 6:16 Preguntad por las sendas antiguas

 

Texto: Jeremías 6:16 “Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: No andaremos.”

 

            Una de las cosas que me gusta del 2017 es que el año pasado fue un año electoral y ahora tenemos cuatro años antes de las próximas elecciones. Cada cuatro años es un reto. Un reto de escoger el candidato para gobernar el país. El reto se hace más difícil cuando uno desea escoger no por partidos político sino por los méritos de los candidatos. Y si los candidatos no tienen mérito, pues la elección se hace aún más difícil, por no decir casi imposible. Muchas veces qué difícil es escoger algo. Queremos escoger lo mejor y muchas veces no sabemos qué es lo que nos conviene. A veces yo desearía que alguien escogiera por mí y así zafarme del problema y la responsabilidad.

            Pero eso no siempre está bien. Nosotros somos responsables de nuestras decisiones. Dios nos ha hecho seres moralmente responsables de nuestras decisiones. Y aunque esto es así Dios en su misericordia nos ayuda en nuestra elección. Eso fue lo que hizo con el pueblo de Dios en el AT y lo mismo lo hace hoy día con nosotros. El en un sentido nos chotea cuál es la decisión correcta. Él nos llama a escoger el buen camino. Él nos dirige a la elección correcta. 

            En conjunto con ello, deseo que nosotros también veamos el buen camino que nos dejaron los reformadores del siglo 16 ya que estamos celebrando el Día de la Reforma. Ellos bajo la misericordia de Dios nos dejaron el camino que debemos seguir. ¿Cuál va a ser nuestra decisión? ¿Cuál va a ser nuestra elección hoy? Vamos a ver hoy, en primer lugar, cuál es la base de nuestra elección. Luego cuál es la elección correcta. En tercer lugar, el beneficio de una buena elección. Y en cuatro lugar: el peligro de una mala elección.

           

I. La base de nuestra elección

            1. La gracia de Dios. En el pasaje de Jeremías vemos que Dios les da el privilegio de escoger de nuevo. Él pudo haber destruido el pueblo de Judá desde antes. Por siglos el pueblo de Dios ha estado atesorando la ira de Dios. Por siglos ha sido un pueblo desobediente. De aquí que Dios no tenía la más mínima obligación de darles otra oportunidad. Hoy día decimos que todo el mundo tiene el derecho de una segunda oportunidad. Y qué de la oportunidad número 500. Aun así, Dios les da el permiso para escoger. Dios pone delante de ellos la vida y la muerte. Y les da la oportunidad de escoger nuevamente la vida. Fíjate cómo lo dice: “Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad… cuál sea el buen camino, y andad por él”.

            De igual manera nos sucede a nosotros, la iglesia de Cristo del siglo 21. Dios nos da el permiso para escoger. En su gracia y misericordia nos da a escoger la vida, el camino correcto.

            Hermanos, en los últimos 167 años hemos visto un abandono de la teología de la Reforma en las iglesias protestantes. La teología de la Reforma era una centrada en Dios basada exclusivamente en la Palabra de Dios. La meta del creyente era vivir para la gloria de Dios en todas las áreas de la vida, negándose a sí mismos y tomando la cruz todos los días.  Hoy día tenemos una teología centrada en el hombre basada en una religiosidad terapéutica: Dios desea y busca que estés feliz en todo momento. Todo lo que te cause angustia y dificultad no es bueno para ti. Sigue los deseos de tu corazón. Mucha de esa teología ha sido abrasada por las iglesias protestantes hoy día.

            Te pregunto a ti en esta mañana. ¿Hay algo de esa teología moderna que has abrasado? ¿Habrá alguno de nosotros que haya abrasado la teología del confort, de la comodidad y se arropan con la sabana de: no me ajoren mucho que quiero evitar la fatiga o se arropan con la sabana de la cruz? Hoy día se vende los cielos sin la cruz. Eso es querer comprar la rosa sin espina.

            En medio de esto Dios en su gracia nos llama a escoger la vida, la verdad, la cruz. Y esto en su misericordia.   

II. Cuál es la elección correcta

            1. La elección correcta es escoger “las sendas antiguas”. “Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él”. La lección correcta es conocer, aprender las sendas antiguas, el camino correcto de antaño y caminarlo, creerlo, atesorarlo y sobre todo vivirlo. Ese camino no es uno nuevo, es uno antiguo. Tiene su origen desde el jardín del Edén. Y ese mismo camino fue proclamado en la Reforma Protestante. Es ese el buen camino que debemos andar. Y los reformadores nos lo enseñaron. ¿Cuál es ese camino?

                        a. la autoridad final de las Sagradas Escrituras. Los reformadores nos enseñaron que la verdad de Dios es la autoridad final sobre la autoridad de los hombres. Hay una sola verdad: la verdad de Dios. Y esta va por encima de la autoridad de los hombres. La sabiduría de los hombres es necedad en comparación con la sabiduría de Dios. Para ello, nosotros herederos de la Reforma, debemos abrazar con convicción que Dios es el único sabio. Y que su Palabra es la sabiduría celestial que necesitamos para salvarnos y para vivir en este mundo.

            Para ellos, toda doctrina, toda filosofía, todo pensamiento estaba sujeto a la Palabra de Dios. Y que solo en obediencia a la Palabra de Dios es que seremos verdaderamente libres y felices. Ella es la guía suprema sobre qué debemos creer y observar para ser salvos y sobre cómo yo debo vivir, pensar, sentir, hablar.

            Pero hoy día, lamentablemente, eso no es así. Para muchos la Biblia no es la autoridad final sino la psicología, lo que hacen los ricos y famosos, lo que me llena de alegría. Hablar de que el cristiano tiene que vivir una vida de auto-negación, tomando la cruz diariamente es legalismo. Es querernos salvar por las obras. Se olvidan que fue Jesús mismo quien dijo esas palabras. Decir que es más correcto escoger leer la Biblia versus ver televisión o estar conectado a face-book es llamarnos fanáticos. Decir que asistir a la iglesia es uno de los más grandes privilegios y un deber sagrado. Y que ausentarse a la misma sin una razón justificada es pecado, para muchos es caer en una mentalidad sectaria. En cambio, Dios nos llama a vivir para El negándonos a nosotros mismos. Dando prioridad a su reino. Creyendo que lo que Dios dice es la única sabiduría que debemos seguir. Que obedecer su palabra es vida, es libertad y felicidad. 

                        b. la salvación por la sola gracia de Dios. Los reformadores, basados correctamente en la Palabra de Dios, nos enseñaron que es Dios quien nos salva. Nadie puede salvarse a sí mismo. Dios nos salva, no por algo bueno que hayamos hecho, ni porque hemos vivido una vida honesta y buena sin hacer daño a nadie; no por ser buenos padres o madres o hijos; ni por ser celosos de las cosas religiosas o espirituales somos salvos. La salvación no es algo que se gana. No la reciben los mejores del mundo. Cristo no vino a llamar a los justos sino a los pecadores a la salvación. Lo necio del mundo escogió Dios. Las rameras y los publicanos, es decir, las prostitutas y los pillos entraban primero al reino de los cielos que los mismos líderes religiosos. Por gracia sois salvos por medio de la fe.  

            Los reformadores también no enseñaron que la salvación que Dios obra en nosotros es salvación de la culpa del pecado y también del poder del pecado. Una fe estéril no es la fe que salva. Una fe que no cambia a la persona no es fe salvadora. Una persona que profesa ser cristiano sin dar frutos de obediencia no es salva. La fe salvadora obra. Obra por el amor: amor a Dios y amor al prójimo.

            Cuando distinto es lo que se enseña hoy día. Hoy día se enseña que una persona puede ser salvo, aunque no dé frutos de arrepentimiento. Que la ley de Dios no tiene nada que ver con el evangelio de la gracia. Esa no es la senda antigua.

                        c. la doctrina bíblica de la iglesia. Los reformadores nos enseñaron que la iglesia son los elegidos que han sido, son y serán reunidos en uno bajo Cristo Jesús. Y que esa iglesia invisible se hace visible por medio de la profesión de fe en conjunto con sus hijos. Que una persona puede estar en la iglesia sin ser de la iglesia. Que muchos de los miembros de la iglesia no se salvarán porque la iglesia no salva sino Cristo.

            También nos enseñaron que nadie puede salvarse, normalmente, separado de la iglesia visible. Que nadie puede crecer correctamente separados de la iglesia. Que nos hacemos daño a nosotros mismos y a nuestras familias cuando no estamos comprometidos con la iglesia local. Que quedarse en la casa orando no es un sustituto. Y que demuestra la debilidad espiritual en que se encuentra esa persona. Claro está a menos que haya una razón justificada.

            Y que la iglesia visible profesa la verdadera religión junto con sus hijos. Y esto implica conocer la verdadera religión, creerla, vivirla y enseñársela a nuestros hijos de palabra y de modelaje. Y esa profesión lo es hasta que la muerte nos llegue. El creyente jamás deja de profesar su fe con lo que hace y con lo que deja de hacer.

            Y esto implica separarnos del mundo. No del mundo físico porque ha sido creado por Dios, pero sí de la filosofía del mundo. No porque todo el mundo lo hace yo lo debo hacer ni está correcto. Lamentablemente, muchos en la Iglesia de Cristo siguen las prácticas del mundo.

                        d. la correcta adoración. Los reformadores nos enseñaron cuál es la correcta forma de adorar a Dios. No es por medio de imágenes sea de Jesús, el Espíritu Santo, ni debemos usar ninguna imagen de Dios en la adoración ni como ayuda en la enseñanza de la iglesia. Y que lo que se hace en la adoración se hace para que Dios reciba toda la gloria. Era una adoración centrada en Dios y no en los hombres: sean estos mujeres, hombres o niños.

            Pero hoy día la adoración se centra en el hombre. En algunos sitios es un verdadero espectáculo. Donde lo importante es cómo agradar a las visitas y no cómo agradar a Dios. En la iglesia católica la misa es el centro de la adoración. En las iglesias de la Reforma lo era el púlpito, la predicación y enseñanza de la Palabra de Dios. Hoy día lo es la música, las danzas, las pantomimas, en otras palabras, el teatro.

            Debemos regresar a los principios bíblicos de la verdadera adoración. Dios es el centro de la adoración. Y El merece ser adorado con toda la reverencia y seriedad en un espíritu alegre y únicamente según Él ha ordenado en su Palabra.   

III. El beneficio de nuestra elección

            1. “hallaréis descanso para vuestra alma”.  

                        a. paz con Dios. Solo el creyente goza de paz con Dios. ¿Por qué? Porque ha sido reconciliado con Dios. Antes de ser creyentes éramos enemigos de Dios. Éramos lo ammi, no pueblo de Dios. Pero por la fe en el sacrificio expiatorio de Jesús hemos sido reconciliados. Hemos sido adoptados a la familia de Dios. Hay paz entre nosotros.

            Pero esa paz, fruto de la justificación, nos da derecho a una paz en el interior. Y esa paz se incrementa según nuestra vida se conforma a Cristo. Solo en obediencia a Dios esa paz interior se fortalece por medio de la obra del Espíritu Santo.

                        b. seguridad del amor de Dios. Los creyentes gozan de la seguridad del amor de Dios. Nada nos podrá separar del amor de Dios en Cristo Jesús.

                        c. gozo en el Espíritu Santo. Uno de los frutos del Espíritu Santo es el gozo. Pero ese fruto el Espíritu Santo lo produce en conjunto con la comunión con Cristo. Es por medio de la fe en Jesús, en su suficiencia, en su amor y gracia y seguridad de salvación que nuestro gozo incrementa.

                        d. herencia entre los santificados. Los que reciben la Palabra de Dios son los que heredan las mansiones celestiales. Solo los santos heredan los cielos. Buscad la paz y la santidad sin la cual nadie verá al Señor.

IV. Una mala elección

            Dios les dio la oportunidad de escoger el buen camino. ¿Y cuál fue su respuesta? “Mas dijeron: No andaremos.” ¿Qué significa esa respuesta?

            1. no arrepintieron. Pero, aunque Dios le dio una elección al pueblo de Dios en a AT ellos escogieron no andar en sus caminos. Es decir, no se arrepintieron de sus pecados. Por eso vino sobre ellos gran destrucción. Esto es importante. ¿Sabes por qué? Porque…

                        a. no andar en el buen camino es andar en el mal camino. No hay camino neutral. O estamos con Dios o estamos con el diablo. No hay punto medio. O abrazamos las sendas antiguas o las rechazamos y andamos por el camino del error. Y como consecuencia…

                        b. no hay paz para ellos. Solo hay paz en la verdad y en obediencia a esa verdad. Hay muchos en la iglesia de Cristo que sufren enormemente. Algunos de ellos porque no hay seguido las sendas antiguas. No han vivido en fe en Dios ni en obediencia a Él. No han creído en sus promesas. Han sido selectivos en cómo negarse a sí mismo. Han querido ser sus propios maestros, sus propios pastores. Y no han encontrado paz. Llegarán al reino de los cielos, pero con la espalda pela. La paz que Cristo prometió y que comenzamos a disfrutar en esta vida no la disfrutaron por ser sabios en su propia opinión.

            Dios es un Dios de misericordia. Él nos llama a buscar y escoger el buen camino, la sendas antiguas. Si no lo hemos escogido antes todavía hay tiempo. Arrepiéntete y ordena tus caminos.

            Debemos aprender del pasado y corregir nuestros caminos. Debemos abrazar la Fe de la Reforma con plena convicción, con todo el corazón y vivir el evangelio no satisfaciendo los deseos de la carne. Viviendo bajo la autoridad de la Palabra. Tomando a Jesús como nuestra salvación del pecado y de nosotros mismos. Nunca es tarde para aprender. Nunca es tarde para corregir. Solo así tendremos paz.

 

 

 

El 31 de octubre de 2017 se conmemoran los 500 años de la Reforma Protestante iniciada por Martín Lutero. Esta celebración es significativa. Lo es, porque en los últimos 167 años hemos visto un abandono de la teología de la Reforma. La teología de la Reforma era una centrada en Dios basada exclusivamente en la Palabra de Dios. La meta del creyente era vivir para la gloria de Dios en todas las áreas de la vida, negándose a sí mismos y tomando la cruz.  Hoy día tenemos una teología centrada en el hombre basada en una religiosidad terapéutica: Dios desea y busca que estés feliz en todo momento. Todo lo que te cause angustia y dificultad no es bueno para ti. Sigue los deseos de tu corazón.

             ¿Cuánto de esa mentalidad es parte de ti hoy día? ¿Cuánto nosotros hemos absorbido de esa teología? ¿Qué debemos hacer? ¿Debemos seguir viviendo de esa manera o viviremos según aprendimos de nuestros padres espirituales los reformadores el camino que le agrada a Dios?

            Esas mismas preguntas le hizo Dios al pueblo de Judá. Dios les puso en sus manos su responsabilidad ante El. Ustedes son responsables de sus decisiones. Y Dios les dice lo que deben hacer. Deben escoger andar en las sendas antiguas. Esa es nuestra misma responsabilidad como pueblo de somos. ¿Qué debes hacer? ¿Cuál es la correcta elección? ¿Cuál es la naturaleza de una elección correcta de nuestra parte?

 

 

 

 

 

Yo me imagino que tú te puedes identificar conmigo cuando digo que muchas de las cosas antiguas eran hechas con mejor calidad de lo que tenemos hoy día. Por ejemplo, las baterías de los relojes duraban antes 4 años, hoy día duran un año y medio o a lo más dos. Las sillas eran más duraderas. Incluso los radios y los televisores duraban mucho más de lo que duran hoy día. Muchas de las cosas de antes, las cosas antiguas eran hechas con más dedicación, con miras a que duraran mucho. Mientras que hoy día la meta no es hacer que algo dure sino hacer que algo dure menos para que tengas que volver a comprarlo de nuevo.

            Hay algo en la antigüedad que le da un sabor distinto y mejor. Se habla de que el vino añejo es el mejor. Y que hay algunas cosas que saben mejor después de un tiempo que al mismo momento en que fueron creadas. Hay un cierto valor especial en las cosas antiguas, sobre todo si estas cosas son buenas.

            En una forma similar Dios le habla al pueblo de Dios en este pasaje de Jeremías. Él les llama a mirar al pasado. No mirar el pasado por ser pasado sino las cosas buenas del pasado. Por aquellas que ellos conocían y que les iba a llevar por el camino recto. Ellos deben escoger ese camino. Pero ellos deben escogerlo por sí mismo. Pero, así como existe la verdad existe la mentira. Hay un camino bueno y un camino malo. ¿Cuál vas a escoger? Dios nos llama hoy día a hacer una elección. ¿Cuál camino vas a elegir? ¿Cuál va a ser tu elección?

Iglesia Presbiteriana Ortodoxa Jesús es la Verdad

Lcdo. Roberto Quiñones Cardona

Sermón: Jeremías 6:16 Preguntad por las sendas antiguas

 

Texto: Jeremías 6:16 “Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él, y hallaréis descanso para vuestra alma. Mas dijeron: No andaremos.”

 

            Una de las cosas que me gusta del 2017 es que el año pasado fue un año electoral y ahora tenemos cuatro años antes de las próximas elecciones. Cada cuatro años es un reto. Un reto de escoger el candidato para gobernar el país. El reto se hace más difícil cuando uno desea escoger no por partidos político sino por los méritos de los candidatos. Y si los candidatos no tienen mérito, pues la elección se hace aún más difícil, por no decir casi imposible. Muchas veces qué difícil es escoger algo. Queremos escoger lo mejor y muchas veces no sabemos qué es lo que nos conviene. A veces yo desearía que alguien escogiera por mí y así zafarme del problema y la responsabilidad.

            Pero eso no siempre está bien. Nosotros somos responsables de nuestras decisiones. Dios nos ha hecho seres moralmente responsables de nuestras decisiones. Y aunque esto es así Dios en su misericordia nos ayuda en nuestra elección. Eso fue lo que hizo con el pueblo de Dios en el AT y lo mismo lo hace hoy día con nosotros. El en un sentido nos chotea cuál es la decisión correcta. Él nos llama a escoger el buen camino. Él nos dirige a la elección correcta. 

            En conjunto con ello, deseo que nosotros también veamos el buen camino que nos dejaron los reformadores del siglo 16 ya que estamos celebrando el Día de la Reforma. Ellos bajo la misericordia de Dios nos dejaron el camino que debemos seguir. ¿Cuál va a ser nuestra decisión? ¿Cuál va a ser nuestra elección hoy? Vamos a ver hoy, en primer lugar, cuál es la base de nuestra elección. Luego cuál es la elección correcta. En tercer lugar, el beneficio de una buena elección. Y en cuatro lugar: el peligro de una mala elección.

           

I. La base de nuestra elección

            1. La gracia de Dios. En el pasaje de Jeremías vemos que Dios les da el privilegio de escoger de nuevo. Él pudo haber destruido el pueblo de Judá desde antes. Por siglos el pueblo de Dios ha estado atesorando la ira de Dios. Por siglos ha sido un pueblo desobediente. De aquí que Dios no tenía la más mínima obligación de darles otra oportunidad. Hoy día decimos que todo el mundo tiene el derecho de una segunda oportunidad. Y qué de la oportunidad número 500. Aun así, Dios les da el permiso para escoger. Dios pone delante de ellos la vida y la muerte. Y les da la oportunidad de escoger nuevamente la vida. Fíjate cómo lo dice: “Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad… cuál sea el buen camino, y andad por él”.

            De igual manera nos sucede a nosotros, la iglesia de Cristo del siglo 21. Dios nos da el permiso para escoger. En su gracia y misericordia nos da a escoger la vida, el camino correcto.

            Hermanos, en los últimos 167 años hemos visto un abandono de la teología de la Reforma en las iglesias protestantes. La teología de la Reforma era una centrada en Dios basada exclusivamente en la Palabra de Dios. La meta del creyente era vivir para la gloria de Dios en todas las áreas de la vida, negándose a sí mismos y tomando la cruz todos los días.  Hoy día tenemos una teología centrada en el hombre basada en una religiosidad terapéutica: Dios desea y busca que estés feliz en todo momento. Todo lo que te cause angustia y dificultad no es bueno para ti. Sigue los deseos de tu corazón. Mucha de esa teología ha sido abrasada por las iglesias protestantes hoy día.

            Te pregunto a ti en esta mañana. ¿Hay algo de esa teología moderna que has abrasado? ¿Habrá alguno de nosotros que haya abrasado la teología del confort, de la comodidad y se arropan con la sabana de: no me ajoren mucho que quiero evitar la fatiga o se arropan con la sabana de la cruz? Hoy día se vende los cielos sin la cruz. Eso es querer comprar la rosa sin espina.

            En medio de esto Dios en su gracia nos llama a escoger la vida, la verdad, la cruz. Y esto en su misericordia.   

II. Cuál es la elección correcta

            1. La elección correcta es escoger “las sendas antiguas”. “Así dijo Jehová: Paraos en los caminos, y mirad, y preguntad por las sendas antiguas, cuál sea el buen camino, y andad por él”. La lección correcta es conocer, aprender las sendas antiguas, el camino correcto de antaño y caminarlo, creerlo, atesorarlo y sobre todo vivirlo. Ese camino no es uno nuevo, es uno antiguo. Tiene su origen desde el jardín del Edén. Y ese mismo camino fue proclamado en la Reforma Protestante. Es ese el buen camino que debemos andar. Y los reformadores nos lo enseñaron. ¿Cuál es ese camino?

                        a. la autoridad final de las Sagradas Escrituras. Los reformadores nos enseñaron que la verdad de Dios es la autoridad final sobre la autoridad de los hombres. Hay una sola verdad: la verdad de Dios. Y esta va por encima de la autoridad de los hombres. La sabiduría de los hombres es necedad en comparación con la sabiduría de Dios. Para ello, nosotros herederos de la Reforma, debemos abrazar con convicción que Dios es el único sabio. Y que su Palabra es la sabiduría celestial que necesitamos para salvarnos y para vivir en este mundo.

            Para ellos, toda doctrina, toda filosofía, todo pensamiento estaba sujeto a la Palabra de Dios. Y que solo en obediencia a la Palabra de Dios es que seremos verdaderamente libres y felices. Ella es la guía suprema sobre qué debemos creer y observar para ser salvos y sobre cómo yo debo vivir, pensar, sentir, hablar.

            Pero hoy día, lamentablemente, eso no es así. Para muchos la Biblia no es la autoridad final sino la psicología, lo que hacen los ricos y famosos, lo que me llena de alegría. Hablar de que el cristiano tiene que vivir una vida de auto-negación, tomando la cruz diariamente es legalismo. Es querernos salvar por las obras. Se olvidan que fue Jesús mismo quien dijo esas palabras. Decir que es más correcto escoger leer la Biblia versus ver televisión o estar conectado a face-book es llamarnos fanáticos. Decir que asistir a la iglesia es uno de los más grandes privilegios y un deber sagrado. Y que ausentarse a la misma sin una razón justificada es pecado, para muchos es caer en una mentalidad sectaria. En cambio, Dios nos llama a vivir para El negándonos a nosotros mismos. Dando prioridad a su reino. Creyendo que lo que Dios dice es la única sabiduría que debemos seguir. Que obedecer su palabra es vida, es libertad y felicidad. 

                        b. la salvación por la sola gracia de Dios. Los reformadores, basados correctamente en la Palabra de Dios, nos enseñaron que es Dios quien nos salva. Nadie puede salvarse a sí mismo. Dios nos salva, no por algo bueno que hayamos hecho, ni porque hemos vivido una vida honesta y buena sin hacer daño a nadie; no por ser buenos padres o madres o hijos; ni por ser celosos de las cosas religiosas o espirituales somos salvos. La salvación no es algo que se gana. No la reciben los mejores del mundo. Cristo no vino a llamar a los justos sino a los pecadores a la salvación. Lo necio del mundo escogió Dios. Las rameras y los publicanos, es decir, las prostitutas y los pillos entraban primero al reino de los cielos que los mismos líderes religiosos. Por gracia sois salvos por medio de la fe.  

            Los reformadores también no enseñaron que la salvación que Dios obra en nosotros es salvación de la culpa del pecado y también del poder del pecado. Una fe estéril no es la fe que salva. Una fe que no cambia a la persona no es fe salvadora. Una persona que profesa ser cristiano sin dar frutos de obediencia no es salva. La fe salvadora obra. Obra por el amor: amor a Dios y amor al prójimo.

            Cuando distinto es lo que se enseña hoy día. Hoy día se enseña que una persona puede ser salvo, aunque no dé frutos de arrepentimiento. Que la ley de Dios no tiene nada que ver con el evangelio de la gracia. Esa no es la senda antigua.

                        c. la doctrina bíblica de la iglesia. Los reformadores nos enseñaron que la iglesia son los elegidos que han sido, son y serán reunidos en uno bajo Cristo Jesús. Y que esa iglesia invisible se hace visible por medio de la profesión de fe en conjunto con sus hijos. Que una persona puede estar en la iglesia sin ser de la iglesia. Que muchos de los miembros de la iglesia no se salvarán porque la iglesia no salva sino Cristo.

            También nos enseñaron que nadie puede salvarse, normalmente, separado de la iglesia visible. Que nadie puede crecer correctamente separados de la iglesia. Que nos hacemos daño a nosotros mismos y a nuestras familias cuando no estamos comprometidos con la iglesia local. Que quedarse en la casa orando no es un sustituto. Y que demuestra la debilidad espiritual en que se encuentra esa persona. Claro está a menos que haya una razón justificada.

            Y que la iglesia visible profesa la verdadera religión junto con sus hijos. Y esto implica conocer la verdadera religión, creerla, vivirla y enseñársela a nuestros hijos de palabra y de modelaje. Y esa profesión lo es hasta que la muerte nos llegue. El creyente jamás deja de profesar su fe con lo que hace y con lo que deja de hacer.

            Y esto implica separarnos del mundo. No del mundo físico porque ha sido creado por Dios, pero sí de la filosofía del mundo. No porque todo el mundo lo hace yo lo debo hacer ni está correcto. Lamentablemente, muchos en la Iglesia de Cristo siguen las prácticas del mundo.

                        d. la correcta adoración. Los reformadores nos enseñaron cuál es la correcta forma de adorar a Dios. No es por medio de imágenes sea de Jesús, el Espíritu Santo, ni debemos usar ninguna imagen de Dios en la adoración ni como ayuda en la enseñanza de la iglesia. Y que lo que se hace en la adoración se hace para que Dios reciba toda la gloria. Era una adoración centrada en Dios y no en los hombres: sean estos mujeres, hombres o niños.

            Pero hoy día la adoración se centra en el hombre. En algunos sitios es un verdadero espectáculo. Donde lo importante es cómo agradar a las visitas y no cómo agradar a Dios. En la iglesia católica la misa es el centro de la adoración. En las iglesias de la Reforma lo era el púlpito, la predicación y enseñanza de la Palabra de Dios. Hoy día lo es la música, las danzas, las pantomimas, en otras palabras, el teatro.

            Debemos regresar a los principios bíblicos de la verdadera adoración. Dios es el centro de la adoración. Y El merece ser adorado con toda la reverencia y seriedad en un espíritu alegre y únicamente según Él ha ordenado en su Palabra.   

III. El beneficio de nuestra elección

            1. “hallaréis descanso para vuestra alma”.  

                        a. paz con Dios. Solo el creyente goza de paz con Dios. ¿Por qué? Porque ha sido reconciliado con Dios. Antes de ser creyentes éramos enemigos de Dios. Éramos lo ammi, no pueblo de Dios. Pero por la fe en el sacrificio expiatorio de Jesús hemos sido reconciliados. Hemos sido adoptados a la familia de Dios. Hay paz entre nosotros.

            Pero esa paz, fruto de la justificación, nos da derecho a una paz en el interior. Y esa paz se incrementa según nuestra vida se conforma a Cristo. Solo en obediencia a Dios esa paz interior se fortalece por medio de la obra del Espíritu Santo.

                        b. seguridad del amor de Dios. Los creyentes gozan de la seguridad del amor de Dios. Nada nos podrá separar del amor de Dios en Cristo Jesús.

                        c. gozo en el Espíritu Santo. Uno de los frutos del Espíritu Santo es el gozo. Pero ese fruto el Espíritu Santo lo produce en conjunto con la comunión con Cristo. Es por medio de la fe en Jesús, en su suficiencia, en su amor y gracia y seguridad de salvación que nuestro gozo incrementa.

                        d. herencia entre los santificados. Los que reciben la Palabra de Dios son los que heredan las mansiones celestiales. Solo los santos heredan los cielos. Buscad la paz y la santidad sin la cual nadie verá al Señor.

IV. Una mala elección

            Dios les dio la oportunidad de escoger el buen camino. ¿Y cuál fue su respuesta? “Mas dijeron: No andaremos.” ¿Qué significa esa respuesta?

            1. no arrepintieron. Pero, aunque Dios le dio una elección al pueblo de Dios en a AT ellos escogieron no andar en sus caminos. Es decir, no se arrepintieron de sus pecados. Por eso vino sobre ellos gran destrucción. Esto es importante. ¿Sabes por qué? Porque…

                        a. no andar en el buen camino es andar en el mal camino. No hay camino neutral. O estamos con Dios o estamos con el diablo. No hay punto medio. O abrazamos las sendas antiguas o las rechazamos y andamos por el camino del error. Y como consecuencia…

                        b. no hay paz para ellos. Solo hay paz en la verdad y en obediencia a esa verdad. Hay muchos en la iglesia de Cristo que sufren enormemente. Algunos de ellos porque no hay seguido las sendas antiguas. No han vivido en fe en Dios ni en obediencia a Él. No han creído en sus promesas. Han sido selectivos en cómo negarse a sí mismo. Han querido ser sus propios maestros, sus propios pastores. Y no han encontrado paz. Llegarán al reino de los cielos, pero con la espalda pela. La paz que Cristo prometió y que comenzamos a disfrutar en esta vida no la disfrutaron por ser sabios en su propia opinión.

            Dios es un Dios de misericordia. Él nos llama a buscar y escoger el buen camino, la sendas antiguas. Si no lo hemos escogido antes todavía hay tiempo. Arrepiéntete y ordena tus caminos.

            Debemos aprender del pasado y corregir nuestros caminos. Debemos abrazar la Fe de la Reforma con plena convicción, con todo el corazón y vivir el evangelio no satisfaciendo los deseos de la carne. Viviendo bajo la autoridad de la Palabra. Tomando a Jesús como nuestra salvación del pecado y de nosotros mismos. Nunca es tarde para aprender. Nunca es tarde para corregir. Solo así tendremos paz.

 

 

 

El 31 de octubre de 2017 se conmemoran los 500 años de la Reforma Protestante iniciada por Martín Lutero. Esta celebración es significativa. Lo es, porque en los últimos 167 años hemos visto un abandono de la teología de la Reforma. La teología de la Reforma era una centrada en Dios basada exclusivamente en la Palabra de Dios. La meta del creyente era vivir para la gloria de Dios en todas las áreas de la vida, negándose a sí mismos y tomando la cruz.  Hoy día tenemos una teología centrada en el hombre basada en una religiosidad terapéutica: Dios desea y busca que estés feliz en todo momento. Todo lo que te cause angustia y dificultad no es bueno para ti. Sigue los deseos de tu corazón.

             ¿Cuánto de esa mentalidad es parte de ti hoy día? ¿Cuánto nosotros hemos absorbido de esa teología? ¿Qué debemos hacer? ¿Debemos seguir viviendo de esa manera o viviremos según aprendimos de nuestros padres espirituales los reformadores el camino que le agrada a Dios?

            Esas mismas preguntas le hizo Dios al pueblo de Judá. Dios les puso en sus manos su responsabilidad ante El. Ustedes son responsables de sus decisiones. Y Dios les dice lo que deben hacer. Deben escoger andar en las sendas antiguas. Esa es nuestra misma responsabilidad como pueblo de somos. ¿Qué debes hacer? ¿Cuál es la correcta elección? ¿Cuál es la naturaleza de una elección correcta de nuestra parte?

 

 

 

 

 

Yo me imagino que tú te puedes identificar conmigo cuando digo que muchas de las cosas antiguas eran hechas con mejor calidad de lo que tenemos hoy día. Por ejemplo, las baterías de los relojes duraban antes 4 años, hoy día duran un año y medio o a lo más dos. Las sillas eran más duraderas. Incluso los radios y los televisores duraban mucho más de lo que duran hoy día. Muchas de las cosas de antes, las cosas antiguas eran hechas con más dedicación, con miras a que duraran mucho. Mientras que hoy día la meta no es hacer que algo dure sino hacer que algo dure menos para que tengas que volver a comprarlo de nuevo.

            Hay algo en la antigüedad que le da un sabor distinto y mejor. Se habla de que el vino añejo es el mejor. Y que hay algunas cosas que saben mejor después de un tiempo que al mismo momento en que fueron creadas. Hay un cierto valor especial en las cosas antiguas, sobre todo si estas cosas son buenas.

            En una forma similar Dios le habla al pueblo de Dios en este pasaje de Jeremías. Él les llama a mirar al pasado. No mirar el pasado por ser pasado sino las cosas buenas del pasado. Por aquellas que ellos conocían y que les iba a llevar por el camino recto. Ellos deben escoger ese camino. Pero ellos deben escogerlo por sí mismo. Pero, así como existe la verdad existe la mentira. Hay un camino bueno y un camino malo. ¿Cuál vas a escoger? Dios nos llama hoy día a hacer una elección. ¿Cuál camino vas a elegir? ¿Cuál va a ser tu elección?

 

 

 

             

 

 

 

 

             

 

 

 

 

             

 

 

Sermón: Filipenses 4:11-13 Contentamiento en Tiempos de Adversidad

Filipenses 4:11-13 “No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. 12 Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. 13 Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”

 

            El domingo pasado estuvimos estudiando el deber de estar contentos en cualquiera que sean nuestras circunstancias. Vimos que este deber se dirige a dos períodos distintos: el estar contentos en tiempos de abundancia y el de estar contentos en tiempos de escasez.

            Explicamos también que el contentamiento es la armonía de nuestros deseos con la voluntad de Dios. Es Dios quien marca nuestro destino y en muchas ocasiones lo que Dios ha decretado es un tiempo de aflicción para nosotros. En otras, un tiempo de abundancia. En ambas circunstancias es nuestro deber el estar contentos. Sabemos que es mucho más “fácil” el estar contento en tiempos de abundancia en comparación con el tiempo de aflicción. Pero vimos que aún en tiempos de abundancia podríamos estar inconformes o descontentos, siempre deseando más y más.  Dijimos que para bregar con ello, en tiempo de abundancia, es necesario tomar en cuenta varias cosas:

            1. Evitar el poner nuestra felicidad en los bienes materiales. Lucas 12:15 “…la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.”

            2. Usar los bienes que se nos da para ayudar a los demás. 2 Corintios 8:14 “sino para que en este tiempo, con igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos…”

            3. El estar preparados, por si acaso Dios nos llama a abandonarlos.

            Hoy nos toca exponer sobre el deber de estar contentos en el tiempo de la adversidad o la escasez. Y decimos que “Debemos aprender de Cristo a estar contentos, satisfechos, en medio de la adversidad y de la escasez”. Fíjate como lo dice Pablo, V. 12 “Sé vivir humildemente… en todo y por todo estoy enseñado, así para… tener hambre, … como para padecer necesidad”.  

            Hermanos, el estar contentos, satisfechos, en tiempos de adversidad es algo que tenemos que aprender. Y esto no es algo que se aprende meramente en los libros. Pablo aprendió por experiencia propia lo que es el estar contento en medio de la adversidad. Él podía estar en paz con Dios, en paz consigo mismo y con los demás en medio de la aflicción. A tal punto que él podía decir lo siguiente en 2 Corintios 4:7-10 “Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, 8 que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; 9 perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; 10 llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos.”

            Ahora bien, ¿cómo yo hago esto? ¿Cómo yo puedo estar contento en medio de la adversidad y la escasez?

            1. Considera la fuente de nuestra fortaleza, la cual es Jesús. Pablo dijo: “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece”. Hermanos, esto es medular. Fue Jesús quien dijo en Juan 15:5 “Yo soy la vid, vosotros los pámpanos [RV 2015: Yo soy la vid, y vosotros las ramas]; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer.” La fortaleza que necesitamos proviene de Jesús. ¿Cómo? En primer lugar, por el estar unidos a él con una fe viva y salvífica. Todo genuino creyente está unido a Jesús por medio de la fe. Y en virtud de esa unión recibimos todas las gracias que se hallan en Jesús en plenitud. Sin Jesús, la gracia del contentamiento jamás será nuestra. En segundo lugar, por medio del ejercicio de la fe, por medio de poner la fe en acción, nos alimentamos de la savia espiritual para crecimiento. Hermanos, hay que confiar en Dios de veras. Hay que poner la fe en acción. Hay que descansar en El plenamente. Para ello necesitamos ser como niños quienes confían en el poder muscular de sus padres y en su amor. De igual manera debemos confiar en el poder omnipotente de Dios y en su amor.  Como le dijo uno de los nietos a Grace: “abuela, por qué estas preocupada por abuelo si ya tú oraste a Dios por él”.

            2. Medita en lo que has traído al mundo y lo que te llevarás de él. Nada trajimos al mundo cuando nacimos y nada nos llevaremos del mundo cuando muramos. El meditar en esto llevó a Pablo al contentamiento. Busquemos 1 Timoteo 6:7-8 “porque nada hemos traído a este mundo, y sin duda nada podremos sacar. 8 Así que, teniendo sustento y abrigo, estemos contentos con esto.” Lo mismo dijo Job en Job 1:21 “Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá.” Hermanos, estemos contentos con tener lo necesario para la vida. Lo necesario para la vida no es comer en restaurantes, ir al cine, entre otros lujos. Hay que recordar que hay muchas necesidades creadas. “Hace poco me pidieron en la calle un peso. Y no tenía cambio y le dije: no tengo cambio, pero si me dices para qué es a lo mejor te puedo ayudar. Me dijo que era para comprar cigarrillos. Yo le digo: para vicios yo no tengo dinero”.

            3. Aprendamos a estar contentos con lo que tenemos, sin olvidar sus promesas. Hebreos 13:5-6 “Sean vuestras costumbres sin avaricia, contentos con lo que tenéis ahora; porque él dijo: No te desampararé, ni te dejaré; 6 de manera que podemos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador; no temeré Lo que me pueda hacer el hombre.” El contentamiento es con cosas presentes no con cosas futuras, las cuales son inciertas. Pero hay algo cierto: Dios jamás desampara a sus hijos. Él es nuestro ayudador. Y esta promesa contiene en sí misma todo favor y bendición de Dios para con nosotros. Dios ha prometido que a los que le temen no carecerán de ninguna cosa (Salmo 34:10); que Dios suplirá todas nuestras necesidades (Filipenses 4:19); que su gracia es suficiente para nosotros (2 Corintios 12:9); que la piedad tiene promesa en esta vida y en la venidera (1 Timoteo 4:8); y que gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento (1 Timoteo 6:6).

            4. Recuerda nuestra herencia en la gloria. Cuando miramos nuestras aflicciones no te olvides que éstas son poca cosa en comparación con la herencia en los cielos. Hebreos 11:24-26 “Por la fe Moisés, hecho ya grande, rehusó llamarse hijo de la hija de Faraón, 25 escogiendo antes ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado, 26 teniendo por mayores riquezas el vituperio de Cristo que los tesoros de los egipcios; porque tenía puesta la mirada en el galardón.” Y Romanos 8:18 “Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.”

            5. Recuerda que el capitán de nuestra embarcación es Dios. Hermanos, el mundo es de nuestro Dios y El dirige cada minúscula parte del mismo. Tenemos que creer que todo está bajo el control absoluto y soberano de Dios. “Cuando regresamos a casa el domingo los cuatro en el carro se duermen. Duermen tranquilos porque papi está conduciendo. Aunque saben que a veces yo lucho contra el sueño.” Así debemos vivir: debemos dormir seguros que el carro de la vida es conducido por Dios, quien no se duerme, quien es un excelente conductor, que no se distrae y nada es imprevisto para Él. “Cuando falleció mi hermana yo le dije a mi madre que yo me iba a encargar de todo. Y cuando alguien hablaba con mi madre ella lo refería a mí. Si iban a cobrar, venían a mí”. Así debe ser nuestra confianza con Dios. Todo está en sus manos. El da cuenta por sus hijos, El saca la cara por ellos, El responde por ellos.

            Hermanos, Dios nos llama a “Aprender de Cristo a estar contentos, satisfechos, en medio de la adversidad y de la escasez”. ¿Cómo yo hago esto? (1) Buscando la fuente de nuestra fortaleza en Jesús (2) Recordando que nada trajimos al mundo y nada nos llevaremos (3) Aprendiendo a estar contento con lo que tenemos ahora sin olvidar sus promesas (4) Meditando en la herencia en gloria que nos espera y (5) Recuerda que Dios conduce el carro de nuestra vida. Él tiene el control. El responde por sus hijos. Confía en Dios y sé fiel.

Sermón: Filipenses 4:11-13 Contentamiento en medio de la abundancia

Filipenses 4:11-13 “No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación. 12 Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. 13 Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.”

 

            Uno de los propósitos de Pablo al escribir esta epístola es la de agradecer a los filipenses el donativo que le enviaron cuando estaba en la cárcel. Aunque los filipenses tenían el deseo de ayudar a Pablo, no habían tenido la oportunidad, como dice al final del versículo 10 “pero os faltaba la oportunidad”. Aparentemente había un problema de logística: no tenían a un mensajero que llevara el donativo o no se habían organizado de tal manera que pudieran tener el donativo a tiempo. Algo parecido pasa en Puerto Rico. Tenemos un problema de logística en la distribución de los alimentos y artículos de primera necesidad.

            Cuando Pablo recibe el donativo nos dice en el versículo 10 “En gran manera me gocé en el Señor de que ya al fin habéis revivido vuestro cuidado de mí”. Y para que nadie mal entienda estas palabras de Pablo como si fueran una queja sobre los filipenses, él les dice que, aunque tenían el deseo de ayudar no habían tenido la oportunidad de hacerlo.

            Pablo entonces aclara que sus palabras no son de quejas. Él no se estaba quejando de ellos ni se estaba quejando de su condición actual. Mira cómo lo dice: “No lo digo porque tenga escasez”. Tengo escasez, pero no lo digo por esa causa. ¿Por qué? “pues he aprendido a contentarme [a sentirme satisfecho], cualquiera que sea mi situación.” Pablo habla del contentamiento en cualquiera que sea su situación. Generalmente pensamos en que debemos aprender a estar contentos en medio de la adversidad, los problemas. Pero Pablo nos enseña que debemos aprender a estar contentos no solo en la adversidad sino también en la prosperidad, cuando todo nos va bien. ¿Qué es lo que Pablo desea enseñarnos aquí? El desea enseñarnos que “Debemos aprender de Cristo a estar contentos, satisfechos, en medio de la abundancia y de la escasez”. Hoy nos limitaremos a hablar de la prosperidad y el próximo día hablaremos de la escasez. Miremos nuevamente el versículo 11 “No lo digo porque tenga escasez, pues he aprendido a contentarme, cualquiera que sea mi situación”.Debemos aprender de Cristo a estar contentos, satisfechos, en medio de la abundancia”.

            Lo primero que podemos ver del pasaje es que no podemos estar contentos a menos que hayamos aprendido a estar contentos. Pablo dice: “pues he aprendido”. Dos cosas son importantes aquí. 

            1. Fue Pablo quien aprendió. Hermanos, el contentamiento es algo que se aprende individualmente. Esto no es algo que se aprende por cabeza ajena. Fíjate que Pablo no dice: es escuchado que debo estar contento cualquiera que sea mi situación, sino he aprendido. No es suficiente escuchar cuál es nuestro deber, debemos aprender nuestro deber. Una cosa es escuchar, otra cosa el aprender. Una cosa es cocinar, otra cosa es el comer. Cada uno de nosotros en nuestro carácter particular somos llamados a aprender a estar contentos, satisfechos, cualquiera que sea nuestra situación. Esto es algo individual. Nadie lo va a prender por ti. Tú y solo tú debes aprender esto.

            2. Es algo que se aprende. Hermanos, el contentamiento bíblico es una gracia divina. No es algo con la cual nacemos, sino algo que Dios nos otorga, algo que se aprende. Es una gracia que está en acorde con la doctrina del evangelio y la providencia divina. No hablamos de la actitud de aquellos que dicen que debemos embarrarnos de vaselina y que todo nos resbale. Ni tampoco de aquellos que dicen que debemos suprimir toda emoción en medio de los problemas para evitar que nos hagan daño. Eso podrá ser buena filosofía, pero es mal cristianismo. El contentamiento de que hablamos es una gracia que solo los creyentes poseen. Por eso es unida a la piedad. 1 Timoteo 6:6 “Pero gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento;”

            Lo segundo que deseo que veamos del pasaje es que el contentamiento es algo que aprendemos de Cristo Jesús. V. 13 “Todo lo puedo en Cristo que me fortalece.” Pablo aprendió de Cristo el estar contento, satisfecho, en cualquiera que sea su situación. No solo aprendió de Cristo el estar contento en medio de la escasez sino también en medio de la abundancia. Su tranquilidad en medio de cualquier situación se debió no a su increíble habilidad de analizar todo y dejar todo bien cuadrado. No se debió a que su voluntad era fuerte. No se debió a que era una persona segura en sí misma y que no dejaba que sus emociones la dominaran. Su contentamiento en medio de cualquier circunstancia se debió a Cristo Jesús. Es de Jesús que nosotros aprendemos a estar contentos en medio de la abundancia y en medio de la escasez. Es de Jesús que nosotros debemos buscar la fortaleza, la paz y el sosiego para estar contentos cualquiera que sea nuestra condición.  Así lo repite Pablo en 1 Timoteo 1:12, donde reconoce que su fortaleza para el ministerio se debe a Cristo Jesús quien lo consideró fiel.  “Doy gracias al que me fortaleció, a Cristo Jesús nuestro Señor, porque me tuvo por fiel, poniéndome en el ministerio,” Y cuando Pablo estaba a punto de morir por el evangelio y fue abandonado por sus amigos en la hora de la muerte fue Jesús quien lo sostuvo. 2 Timoteo 4:17 “Pero el Señor estuvo a mi lado, y me dio fuerzas, para que por mí fuese cumplida la predicación, y que todos los gentiles oyesen. Así fui librado de la boca del león.” Y es la fortaleza que da Jesús, la gracia que nos da Cristo suficiente para sobrellevar cualquier carga que venga sobre nuestras vidas. 2 Corintios 12:9 “Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad.” En medio de cualquier circunstancia es la fortaleza y la gracia de Jesús nuestra mejor defensa. El auxilio viene de Jesús más que de familiares, amigos, resolución, astucia, etc.

            Lo tercero que deseo que vean es que Pablo nos dice que él aprendió en cualquier circunstancia a estar contento, satisfecho, incluso en la abundancia. V. 12 “…sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado… así para tener abundancia”.  Hermanos, hay que aprender a tener abundancia. Hay que aprender a estar contento en medio de la abundancia. Esto implica que podemos estar descontentos, inconformes, incluso en medio de la abundancia. “Ay, mi celular inteligente solo tiene 24 mega, si tuviera 124 estaría mejor, y el de 124 dice: si tuviera 500 estaría mejor. Ay, tengo acondicionador de aire en cada cuarto, si lo tuviera en toda la casa como mi vecino.” Siempre hay algo más. Por eso dice Eclesiastés 1:8 “nunca se sacia el ojo de ver, ni el oído de oír.”

            Así que Pablo nos llama a estar contentos, satisfechos, en medio de la abundancia. ¿Cómo yo hago esto?

            1. Reconociendo que ésta proviene de Dios. Es la bendición de Dios la que prospera. Eclesiastés 5:18 “Asimismo, a todo hombre a quien Dios da riquezas y bienes, y le da también facultad para que coma de ellas, y tome su parte, y goce de su trabajo, esto es don de Dios.” Todo lo que podemos adquirir lo tenemos de parte de Dios. Dale gracias por las mismas.

            2. Reconociendo que somos mayordomos de los bienes de Dios. Todos los bienes que tenemos son de Dios. Hay un solo dueño de todo y ese es Dios. Salmo 24:1 “De Jehová es la tierra y su plenitud; El mundo, y los que en él habitan.” Somos llamados a cuidar de lo que le pertenece a otro.

            3. Evitando poner nuestra felicidad en los bienes materiales. Fue Jesús quien dijo en Lucas 12:15 “Y les dijo: Mirad, y guardaos de toda avaricia; porque la vida del hombre no consiste en la abundancia de los bienes que posee.” Somos llamados a usarlos como si no los poseyéramos. 1 Corintios 7:30-31 “y los que compran, como si no poseyesen; y los que disfrutan de este mundo, como si no lo disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa.” No es que no los disfrutemos, sino que estos bienes nos lleven a Dios. Que veamos a Dios detrás de cada uno de ellos.

            4. En usarlos para ayudar a los demás. Un creyente maceta es una contradicción. Dios nos bendice para que de la abundancia que nos da demos a los que necesitan. 2 Corintios 8:14 “sino para que en este tiempo, con igualdad, la abundancia vuestra supla la escasez de ellos, para que también la abundancia de ellos supla la necesidad vuestra, para que haya igualdad,”

            5. En estar preparados, por si acaso Dios nos llama a abandonarlos. Pablo nos dice que él aprendió a vivir en abundancia y a vivir en escasez. Y en toda circunstancia él estuvo contento o satisfecho. Conociendo los cambios que Dios en su providencia hace es importantes aprender a vivir despegados que los bienes que tenemos. Es bueno tener acondicionador de aire, un buen abanico, agua fría, internet, etc. Pero nada de eso es la base de nuestra felicidad. Pero nosotros lo hacemos así.

            Para ello necesitamos de Jesús. Él vivió su vida satisfecho de la suerte que Dios le marcó. Él era rico siendo Dueño y Señor de todo como Dios. Él vivía en la íntima, tranquila y dulce comunión con el Padre. Los ángeles se servían en todo momento. Pero él no tuvo problemas en dejarlo todo y hacerse pobre por nuestra salvación. Jesús se humilló: vivió en una condición baja, pobre, sujeto a la ley de Dios, a la burla y escarnio del mundo, a las dificultades de la vida, a la escasez. Quien decía que no tenía donde recostar su cabeza. Que las aves del cielo y las zorras estaban mejor que él, con casa propia. Por eso es que de él necesitamos su fortaleza, su gracia, su humildad y ausencia de codicia y envidia para poder estar contento cualquiera que sea nuestra situación. Busca aprender de Jesús a estar contento en medio de la abundancia.

 

Sermón: Salmo 107:43 Meditando en la Providencia Divina

Salmo 107:43 “¿Quién es sabio y guardará estas cosas, Y entenderá las misericordias de Jehová?”

 

            Cuando María, la madre de Jesús, recibió a los pastores quienes le contaron la visión celestial que habían tenido, y viendo todo lo que estaba aconteciendo alrededor de ella, nos dice Lucas cuál fue su reacción, en Lucas 2:19 “Pero María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón.” Lo mismo había hecho Jacob cuando escuchó el sueño de José de que “el sol y la luna y once estrellas se inclinaban [hacia él]”. Y la reacción de Jacob fue según nos enseña Génesis 37:11 “Y sus hermanos le tenían envidia, mas su padre meditaba en esto.” Y el predicador en Eclesiastés 7:13 nos dice: “En el día del bien goza del bien; y en el día de la adversidad considera. Dios hizo tanto lo uno como lo otro, a fin de que el hombre nada halle después de él.” La palabra considera es “רָאָה rā’āh”, que significa mira, es decir mira para que aprendas. Mira lo que está sucediendo para que aprendas.

            Es eso mismo lo que el versículo 43 del salmo 107 nos quiere enseñar. Es un llamado a meditar en la Providencia divina. Hermanos, nada de lo que sucede en este mundo está fuera del control de Dios. Nada se mueve en este universo sin el permiso de Dios. El gobierna los cielos y la tierra. Nada sucede por el azar. Por eso el salmista nos llama a meditar en lo que Dios hace en este mundo. Saca tiempo para que medites, pienses, veas lo que Dios ha hecho y está haciendo en medio de nosotros: en el país, en nuestras vidas, en las vidas de los demás, en la vida de la iglesia. Ese es el llamado. “¿Quién es sabio y guardará estas cosas?”

            Ahora bien, se levanta una pregunta. ¿Cómo yo lo hago? Y el salmista nos dice: mira lo que Dios hace en este mundo. Y nos da cuatro ejemplos:

            1. Versículos 4-9. Hay algunos que se perdieron en el desierto. No encontraban el camino hacia una ciudad para refugio. En su desesperación clamaron a Dios. ¿Y qué Dios hizo? V. 6-7 “Entonces clamaron a Jehová en su angustia, Y los libró de sus aflicciones. Los dirigió por camino derecho, Para que viniesen a ciudad habitable.”

            2. Versículos 10-16. Hay algunos que han sido llevados presos. Fueron llevados cautivos como castigo por no obedecer a Dios.  Y no había quién los ayudase. Pero clamaron a Dios. ¿Y qué Dios hizo? V. 13-14 “Luego que clamaron a Jehová en su angustia, Los libró de sus aflicciones; Los sacó de las tinieblas y de la sombra de muerte, Y rompió sus prisiones.”

            3. Versículos 17-22. Hay algunos insensatos, pecadores, rebeldes que no quieren aprender por amor al pecado. Y por causa de su pecado están terriblemente enfermos. Enfermos de muerte. Aun ellos clamaron a Dios. ¿Y qué hizo Dios? V. 19-20 “Pero clamaron a Jehová en su angustia, Y los libró de sus aflicciones. Envió su palabra, y los sanó, Y los libró de su ruina.” Y la misma palabra que menospreciaron fue el medio para sanarlos.

            4. Versículos 23-32.  Hay algunos que son comerciantes y mercaderes. Y en medio de su viaje por mar Dios levanta una tormenta. V. 25 “Porque habló, e hizo levantar un viento tempestuoso, Que encrespa sus ondas.” En medio de la tormenta están desesperados. Nada de lo que estudiaron en la escuela de navegación les sirve para nada. V. 27 “Y toda su ciencia es inútil.” Y en medio de ello, clamaron a Dios. ¿Y qué hizo Dios? V. 28-29 “Entonces claman a Jehová en su angustia, Y los libra de sus aflicciones. Cambia la tempestad en sosiego, Y se apaciguan sus ondas.”

            Así que hermanos, mira lo que Dios hace en este mundo. Dios ejecuta juicio en este mundo. Pero también derrama su misericordia, no solo sobre sus hijos, sino también sobre aquellos que no son sus hijos. Y nada bueno merece. Pero Dios es bueno y por tanto merece ser alabado. V. 31 “Alaben la misericordia de Jehová, Y sus maravillas para con los hijos de los hombres.” Iglesia de Cristo mira lo que Dios hace en este mundo. Medita en ello. Mira en estas cosas su severidad, pero también mira su compasión. Y si Dios tiene compasión sobre los hijos de los hombres, cuanto más tendrá compasión sobre ti que eres su hijo, e hija. Su amor para con nosotros es amor eterno. Medita en ello y adora a Dios. V.1 “Alabad a Jehová, porque él es bueno; Porque para siempre es su misericordia.”

            Ahora bien, ¿qué beneficio obtengo al meditar en la providencia divina? El versículo 43 nos menciona por lo menos dos:

            1. Serás sabio. Fíjate cómo comienza el versículo “¿Quién es sabio?” La idea es que son pocas las personas que meditan en la Providencia divina. Son pocos los que meditan en lo que Dios hace en este mundo. Y por tanto jamás serán sabios. Porque, ¿quién es el sabio? Es el que ve a Dios detrás de todas las cosas. Que busca vivir por la sabiduría divina y no su “sabiduría”. Para El Jesús es su sabiduría. Es uno que aprende. Como dice Proverbios 13:1 “El hijo sabio recibe el consejo del padre; Mas el burlador no escucha las reprensiones.” Es uno que acepta corrección, Proverbios 9:8 “No reprendas al escarnecedor, para que no te aborrezca; Corrige al sabio, y te amará.” Es uno que habla con propiedad, Proverbios 15:2 “La lengua de los sabios adornará la sabiduría; Mas la boca de los necios hablará sandeces.”

            Hermanos, cuando meditamos en lo que Dios ha hecho y está haciendo en el mundo, y guiados por la Palabra de Dios, aprendemos por experiencia propia cómo debemos vivir. Nos ayuda a madurar. Creemos en la fe. Crecemos en la paciencia. Seremos sabios. Nos ayudará a no cometer los mismos errores. A esperar en Dios. A confiar en Él.

            2. A entender las misericordias de Jehová. Solo el creyente puede entender esto. Ya que solo en ellos Cristo Jesús, en virtud de su obra salvadora, abre su entendimiento para que comprendan la voluntad de Dios. Lucas 24:45 “Entonces les abrió el entendimiento, para que comprendiesen las Escrituras;” ¿Y qué cosas podemos entender de sus misericordias?

                        a. que Dios nunca está ocioso. Juan 5:17 “Mi Padre hasta ahora trabaja, y yo trabajo.” Hermanos, Dios está obrando en medio nuestro. El nunca descansa. El actúa para nuestro bien.

                        b. que su cuidado sobre nosotros es especial. Salmo 33:18-19 “He aquí el ojo de Jehová sobre los que le temen, Sobre los que esperan en su misericordia, Para librar sus almas de la muerte, Y para darles vida en tiempo de hambre.” Tan especial es que El cuida nuestros huesos. Salmo 34:19-20 “Muchas son las aflicciones del justo, Pero de todas ellas le librará Jehová. El guarda todos sus huesos; Ni uno de ellos será quebrantado.” Nuestras lágrimas las colecciona en una botella y las pone en su libro de memorias. Salmo 56:8 “Mis huidas tú has contado; Pon mis lágrimas en tu redoma; ¿No están ellas en tu libro?” Dios está pendiente de todo lo que acontece en nuestra vida, aun de aquellas cosas pequeñas como nuestro cabello. Mateo 10:30 “Pues aun vuestros cabellos están todos contados.”

            ¿Por qué ese amor tan especial por nosotros solamente? Porque Jesús con su muerte y resurrección nos hizo aceptos ante Dios. Efesios 1:6 “para alabanza de la gloria de su gracia, con la cual nos hizo aceptos en el Amado,” Hebreos 10:19 “Así que, hermanos, teniendo libertad para entrar en el Lugar Santísimo por la sangre de Jesucristo,”. Salmo 107:1 “Alabad a Jehová, porque él es bueno; Porque para siempre es su misericordia.”

Sermón: Salmo 29 Dios es Rey sobre los Desastres Naturales

Salmo 29 “Tributad a Jehová, oh hijos de los poderosos, Dad a Jehová la gloria y el poder. 2. Dad a Jehová la gloria debida a su nombre; Adorad a Jehová en la hermosura de la santidad. 3. Voz de Jehová sobre las aguas; Truena el Dios de gloria, Jehová sobre las muchas aguas. 4. Voz de Jehová con potencia; Voz de Jehová con gloria. 5. Voz de Jehová que quebranta los cedros; Quebrantó Jehová los cedros del Líbano. 6. Los hizo saltar como becerros; Al Líbano y al Sirión como hijos de búfalos. 7. Voz de Jehová que derrama llamas de fuego; 8. Voz de Jehová que hace temblar el desierto; Hace temblar Jehová el desierto de Cades. 9. Voz de Jehová que desgaja las encinas, Y desnuda los bosques; En su templo todo proclama su gloria.10. Jehová preside en el diluvio, Y se sienta Jehová como rey para siempre. 11. Jehová dará poder a su pueblo; Jehová bendecirá a su pueblo con paz.”

 

            Al mediodía del miércoles habían comenzado las lluvias del Huracán Irma en San Sebastián. Fue una lluvia fuerte, pero pasó rápido. Lo mismo ocurrió en Isabela. Cuando las noticias decían que ya Irma estaba pasando y lo peor ya había ocurrido, las noticias, como siempre, se refieren a San Juan. Desde las 11:00 pm hasta las 3:00 am los vientos fuertes de Irma se sintieron en Isabela. Y sin mentirles, los vientos daban miedo. Gracias a Dios el Huracán no pasó sobre Puerto Rico. De haberlo hecho la historia habría sido distinta. El 75% de la isla no tenía electricidad. Imagínate si hubiera pasado por el medio de Puerto Rico.

            El Hemisferio Occidental está activo. Tenemos el Huracán Irma, Katia y José. México sufrió el embate de Katia y de un terremoto de 8.1 en magnitud. Más de 58 personas han muerto por causa del terremoto. Para mí los terremotos y los tornados son peores que los huracanes. ¿Sabes por qué? Porque son impredecibles. Con los huracanes tienes tiempo suficiente para prepararte. Pero no así para los tornados y terremotos.

            En medio de todo esto el Salmo 29 viene que como un balde de agua fría que sacia nuestra sed. Es un ancla en medio de la tempestad.

            David escribió este salmo. Un salmo compuesto cuando se encontraba en medio de una tormenta de rayos. Una tormenta impresionante. Una tormenta de rayos y centellas. Una tormenta que hace estremecer lo que creíamos que era imposible que se estremeciera. Tal tormenta revela poder. Infunde terror. Nos hace sentir indefensos.  Con este salmo David procura enseñarnos ¿Cuál debe ser nuestra actitud ante los fenómenos naturales? ¿Cómo debemos reaccionar ante la furia de la naturaleza? Y David nos dicen en primer lugar,

I. Adorando a Dios

            V. 1-2 “Tributad a Jehová, oh hijos de los poderosos, Dad a Jehová la gloria y el poder. 2. Dad a Jehová la gloria debida a su nombre; Adorad a Jehová en la hermosura de la santidad.” Este salmo es un llamado a la adoración. Hermanos, por encima del temor, la ansiedad, nuestra impotencia ante tales fenómenos atmosféricos, Dios nos llama a adorarle. Todo lo que hemos visto en estos días nos debe llevar a postrarnos delante de Dios y decir: ‘Solo Tú eres Dios, a ti sea la gloria’.

            Hay algo interesante en cómo comienza el salmo. Comienza con un llamado a adorar a Dios de parte de los “hijos de los poderosos”, en el hebreo esa frase es literalmente “hijos de Dios, o hijos de los dioses”. ¿Quiénes son estos? La frase se usa en el AT para referirse a la iglesia. Por ejemplo, en Génesis 6:2 la referencia debe ser a la simiente de Adán vía Enós. “que viendo los hijos de Dios que las hijas de los hombres eran hermosas, tomaron para sí mujeres, escogiendo entre todas.” Aquí Moisés nos enseña que una de las causas por las cuales vino el diluvio lo fue que “los hijos de Dios”, es decir la iglesia, los creyentes, se casaron con las “hijas de los hombres”, es decir, mujeres no creyentes.  La frase también se usa mayormente para referirse a los ángeles o seres celestiales. Job 1:6 “Un día vinieron a presentarse delante de Jehová los hijos de Dios, entre los cuales vino también Satanás.” Job 38:7 “Cuando alababan todas las estrellas del alba,
Y se regocijaban todos los hijos de Dios?”
¿Cuál es la idea? Si los ángeles que son más poderosos que nosotros son llamados a adorar a Dios en medio de tal manifestación del poder de Dios en la tormenta, cuánto más nosotros: hombres y mujeres de carne y hueso. Ante la tormenta tú y yo y los ángeles somos débiles. Pero no Dios. Él es grande en majestad y gloria. Y por tanto debe ser adorado.

            Se levanta una pregunta ¿Cómo lo hacemos? David nos dice:

                        1. Dando a Dios toda gloria y poder. “Dad a Jehová la gloria y el poder. 2. Dad a Jehová la gloria debida a su nombre”. Todo esto nos debe llevar a reconocer que no hay nadie como Jehová. Nos debe llevar a admirar la majestad de Dios. Y decir: Tú eres grande, Tú eres poderoso, Tú eres perfecto en todo lo que haces. Mereces toda gloria. Sí, la tormenta es grande. Pero más grande eres Tú. La tormenta, el huracán, el tornado, el terremoto tienen mucho poder, pero jamás sobrepasan el tuyo. Ellos no tienen dirección por sí mismos. Ellos actúan sin una mente. Pero Tú oh, Dios diriges su caminar. Tú eres la mente detrás de todo esto. Me postro delante de Tu gloria y Tu poder. Me postro ante Tu furia y Tu misericordia.

                        2. Reconociendo que quien está detrás de todo esto es Jehová, nuestro Dios que nos escogió para ser su pueblo especial. Nos escogió libre y soberanamente para Sí. David menciona el nombre de Jehová 16 veces en 11 versículos. ¿Cuál es el énfasis? Que detrás de la tormenta, el terremoto, el tornado nunca debemos olvidar que Jehová quien es nuestro Dios, nuestro Padre, está con nosotros. Jehová es el nombre del Dios del pacto. Él es nuestro esposo. Somos su pueblo. El jamás nos abandona. Detrás de la oscuridad está El velándonos. Adoramos a Dios cuando creemos que su amor y cuidado están con nosotros aun cuando tengamos pérdidas. La tormenta puede destruir todo. Puede dejarnos sin nada. En ese momento la fe descansa en que Jehová, mi esposo amante está conmigo. Su amor, cuidado, interés jamás decaen.  

                        3. Reconociendo que la actitud propia para adorar a Dios lo es “en la hermosura de la santidad”. Esto implica dos cosas: uno, solo los salvados, los convertidos genuinamente pueden así hacerlo, al estar vestidos de la justicia de Cristo. Solo los creyentes pueden adorar a Dios con un corazón que le ama y busca exaltar su gloria. Dos, el pueblo de Dios debe acercarse a Dios en santidad. Buscando agradarle con una vida santa, una vida obediente a Dios, una en donde Dios es lo primero en nosotros. Debemos tener una actitud correcta para adorar a Dios. Dios no es adorado cuando le cantamos de su amor y prometemos obediencia y no se la damos. Adorar a Dios requiere un corazón que desea y busca vivir para Él. No siendo yo el Dueño de mi vida sino El.

II. Reconociéndolo detrás de todo fenómeno natural

            1. Reconociendo que el poder de la naturaleza es prestado. La luna no brilla por su propio poder sino por la luz del sol. De igual manera lo es la naturaleza.”. Como creyentes bíblicos nosotros creemos en las causas secundarias, es decir, creemos que Dios creó el sol y que el sol brilla poderosamente. Creemos que las nubes traen lluvia, no es Dios quien está llorando. Pero detrás del sol está Dios. Él es su Creador. Y es El quien lo sustenta y lo gobierna. Así con todas las cosas creadas. Así lo enseña el Salmo 104:3-5, 10-11, 14-15 “3 Que establece sus aposentos entre las aguas, El que pone las nubes por su carroza, El que anda sobre las alas del viento; 4 El que hace a los vientos sus mensajeros, Y a las flamas de fuego sus ministros. 5 El fundó la tierra sobre sus cimientos; No será jamás removida. 10 Tú eres el que envía las fuentes por los arroyos; Van entre los montes; 11 Dan de beber a todas las bestias del campo; Mitigan su sed los asnos monteses. 14 El hace producir el heno para las bestias, Y la hierba para el servicio del hombre, Sacando el pan de la tierra, 15 Y el vino que alegra el corazón del hombre, El aceite que hace brillar el rostro, Y el pan que sustenta la vida del hombre.” La naturaleza tiene poder, pero ese poder en última instancia descansa en Dios su Creador. El mundo no es una máquina que funciona sola. Dios no es el dios de los deístas que decían que luego de que Dios creó el mundo, el mundo sigue su camino solo. Eso no es verdad. Detrás de la tormenta debemos ver el poder omnipotente y la gloria y excelencia de Dios. No hacerlo es quitar a Dios del mundo. En cambio, debemos reconocer que detrás de todo fenómenos atmosférico la gloria y el poder de Dios brillan. Eso es vital en la adoración a Dios.

            2. Hermanos, la tormenta revela la majestad y el poder del Dios de Israel. Él es el único Dios vivo y verdadero. Este salmo es una protesta, es un salmo apologético en contra de la religión cananea. Para los cananeos Baal era el dios de la fertilidad y de la tormenta, y Yam era el dios del mar y del caos. En cambio, David dice que es la voz de Jehová quien está detrás de la tormenta. V. 3-4 “3. Voz de Jehová sobre las aguas; Truena el Dios de gloria, Jehová sobre las muchas aguas. 4. Voz de Jehová con potencia; Voz de Jehová con gloria.” No es Baal quien envía la tormenta. No es Yam quien hace el mar picado. No es la madre naturaleza quien levanta la tormenta. Es Jehová Dios quien lo hace. Así que pueblo de Dios jamás pensemos como piensa el mundo con respecto a los fenómenos atmosféricos. Es Dios quien los envía. Es Dios quien envía los rayos V. 7 “Voz de Jehová que derrama llamas de fuego”. Y al hacerlo se burla de los proclamados dioses paganos.

            En este salmo Dios se burla de los dioses falsos. Para los cananeos, los dioses habitaban en los montes y en los bosques. Esas eran sus moradas de tranquilidad. En cambio, qué hace Jehová. Él hace que salten como cabritos. V. 5-6 “5. Voz de Jehová que quebranta los cedros; Quebrantó Jehová los cedros del Líbano. 6. Los hizo saltar como becerros; Al Líbano y al Sirión como hijos de búfalos.” Los dioses falsos no se comparan con el Dios de Israel. Ninguno de los dioses que se han creado se comparan con Jehová. Ni la genética, ni la democracia, ni el estado benefactor, ni los partidos políticos, ni el entretenimiento, son dioses comparados con Jehová. Dios hizo saltar el internet, el celular, la televisión, acondicionador de aire, etc. que son buenos en sí mismos, pero jamás más deseables que Dios mismo.

             3. Pero, aunque todo esto revela la gloria y la majestad de Dios, nada de eso se compara con la gloria de Dios en el templo “En su templo todo proclama su gloria.” “Los cielos cuentan la gloria de Dios, el firmamento anuncia la obra de sus manos, pero solo la ley de Jehová convierte el alma”. (Salmo 19:1-2, 7). No hay nada en este mundo que le dé a Dios más gloria que su Iglesia. La Iglesia es la Corona de la Gloria de Dios. Allí por encima de cualquier cosa creada “En su templo todo proclama su gloria.” Porque revela el amor de Dios y el deseo de Dios de salvar. Revela el poder de Dios al hacerlo. La creación revela el poder de Dios. Pero la redención proclama no solo su poder sino su misericordia, su gracia, su ira, su amor, su justicia, su sabiduría, su paciencia, etc. Revela que Dios es incomparable.  

III. Buscando en Jehová nuestra paz

            1. Dios es rey sobre todo: sobre el diluvio, la tormenta, el huracán, el terremoto. V. 10Jehová preside en el diluvio, Y se sienta Jehová como rey para siempre.” El diluvio va a donde Dios lo envía. La tormenta no es dueño y señor de su vida. Es dirigido por Dios. Él es rey no por un tiempo sino para siempre. Los reyes son temporeros, pero no Jehová. El sigue presidiendo, el sigue reinando, gobernando por siempre. Pero por siempre para su pueblo. En el AT Dios destruyó la tierra con el diluvio, pero salvó a Noé y su familia porque “Noé, varón justo, era perfecto en sus generaciones; con Dios caminó Noé”. Génesis 6:9. De igual manera Dios cuida a los justos en esta época. Los cuida preservando sus vidas. O los cuida llamándolos a su morada donde tendrán absoluta protección de todo mal. En medio de toda conmoción el pueblo de Dios descansa en Dios mismo, el Rey eterno de los cielos. 

            2. V. 11 “Jehová dará poder a su pueblo; Jehová bendecirá a su pueblo con paz.” El propósito del salmo es exaltar la grandeza y el poder de Dios con miras no solo a adorarle sino con miras a que vivamos en paz. Dios nos dará poder, nos dará fuerzas en medio del diluvio. Dios nos bendecirá con paz. La tranquilidad viene cuando vemos que de Dios viene el poder y la paz. En medio del diluvio yo me lleno de ansiedad, de pavor, me siento impotente, pequeño, sin control. Es allí donde debemos recordar que somos pueblo de Dios. Nosotros le pertenecemos. “Pues si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos.” (Romanos 14:8). “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia”. (Filipenses 1:23) Y no olvidemos el Salmo 28:8-9 “Jehová dará poder a su pueblo; Jehová bendecirá a su pueblo con paz.” Salmo 46:1-3 “Dios es nuestro amparo y fortaleza, Nuestro pronto auxilio en las tribulaciones. Por tanto, no temeremos, aunque la tierra sea removida, Y se traspasen los montes al corazón del mar; Aunque bramen y se turben sus aguas, Y tiemblen los montes a causa de su braveza.” Hay quietud, en medio de la tormenta, para aquellos que pertenecen al pueblo de Dios.

            En medio de la tormenta: alaba a Dios, no pongas tu mirada solo en los vientos, la lluvia, los rayos, sino en Jehová quien te ama, y quien es Rey de todo esto y el que los gobierna. Solo Jehová es tu paz, y El busca darte paz. Lo sabemos cuando El mismo hizo la paz con nosotros en la muerte de Jesús. Por medio de Jesús ya Dios no es nuestro enemigo. Para los enemigos de Dios la tormenta es señal de juicio. Pero no para nosotros. Gracias a Jesús por su muerte. Porque sin ella, la tormenta sería mensaje de destrucción sobre nosotros. Pero su muerte nos ha reconciliado con Dios para siempre.

            ¿Qué nos enseña este salmo? Es un llamado a adorarle, a verle detrás de todos los fenómenos de la naturaleza. Es un llamado a buscar en Dios nuestra paz y en El nuestro refugio.

 

Sermón: Santiago 5:13-18 Orando en toda Circunstancia

Santiago 5:13-18 “¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. ¿Está alguno alegre? Cante alabanzas. 14 ¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor. 15 Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; y si hubiere cometido pecados, le serán perdonados. 16 Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados. La oración eficaz del justo puede mucho. 17 Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. 18 Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto”.

 

            No sé cuántos de ustedes llegaron a ver la serie de televisión “Alf”. Esa serie trataba de un extraterrestre que llegó a vivir en una familia ordinaria de estadounidenses. Alf era una especie de peluche andante. Y tenía una peculiaridad: el plato principal de su planeta era comer gatos. En uno de los episodios, Alf había cometido un pecado terrible, condenado en su planeta. Había roto un libro. Y eso era terrible en su planeta porque privaba a las generaciones venideras de sabiduría. Y él estaba angustiado por el terrible pecado que había cometido. Y la única manera de librarse era realizar un rito complicado. Bueno, el episodio trataba acerca de las cosas que tenía que adquirir para poder realizar el ritual y así ser liberado de la culpa. Luego de que adquiere todo, el ritual requería que el culpable dijera unas palabras solemnes para poder recibir el perdón. Y las palabras eran: “lo siento”. Eso era todo. Uno pensaba que era algo complicado, largo, extenso, que llevara a la persona a hacer algo grandioso, cuando realmente lo único que tenía que hacer era pedir perdón.

            A veces los cristianos pueden pensar que se necesita hacer grandes cosas para poder tratar con las aflicciones, problemas y necesidades que vienen a nuestra vida. Cuando lo que realmente necesitamos es la sencillez del evangelio. Yo diría que uno de los males que padece la Iglesia de Cristo del siglo 21 es su falta de fe en los medios de gracia que Dios ha instituido en su Palabra. Todos sabemos cuáles son esos medios de gracia: la oración, la Palabra y los sacramentos. Todos los hemos usados. Y es posible que algunos piensen que necesitamos algo más. Y algunos se pasan durante toda su vida buscando algo más. En cambio, Dios nos llama a confiar en lo que El instituyó. Los medios de gracia son pocos, son sencillos, pero son poderosos en Dios.

            Ahora bien, Santiago está a punto de terminar su epístola y como es costumbre él dedica tiempo para darnos algunas directrices con respecto a la oración. El tema de la sección es la oración. ¿Cómo lo sabemos? Lo sabemos porque esta se repite en todos los versículos, sea la palabra oración o el verbo orar. Así que Santiago desea enfatizar la importancia de la oración en la vida nuestra. Y se levanta la pregunta, ¿Qué nos quiere enseñar Santiago respecto a la oración?

I. Debemos orar en toda circunstancia

            Debemos orar en primer lugar, cuando estemos afligidos, V. 13a “¿Está alguno entre vosotros afligido? Haga oración. La palabra afligido en el original griego es una palabra genérica para referirse a toda clase de aflicción y pruebas. ¿Qué debemos hacer si somos visitados por diversas aflicciones de cualquier tipo? Santiago nos dice: “Haga oración”. Así de sencillo. En medio de las aflicciones que vienen a nuestra vida Dios nos llama a que le busquemos por medio de la oración. No necesariamente para ser liberados de la aflicción sino también para que Dios nos fortalezca y podamos resistir con fidelidad.

            Debemos orar, en segundo lugar, cuanto estemos alegres. V.13b¿Está alguno alegre? Cante alabanzas.” La palabra alegre connota la idea de alegría de corazón, de espíritu, que uno puede tener cuando las cosas estén bien pero también cuando las cosas estén mal. Es decir, debemos reconocer que Dios es quien nos ha bendecido y por tanto adorémosle cantándole himnos de alabanza. Dios es el Señor de tu vida y de todo lo que te sucede. Por tanto, adora a Dios por medio de la música. Así de simple. Y aunque cantar no es lo mismo que orar, la Biblia nos enseña que están íntimamente relacionados. Y algunos himnos son oraciones a Dios. ¿No es una oración el himno que dice: “Haz lo que quieras de mí Señor, Tú el alfarero yo el barro soy, dócil y humilde anhelo ser, cúmplase siempre en mí tu querer”?

            Debemos orar, en tercer lugar, cuando estemos enfermos. Y no solo eso. Cuando estemos enfermos tenemos que llamar a los presbíteros de la iglesia, a los ancianos de la iglesia. V. 14 “¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor.” Hermanos, te pregunto, cuando estás enfermo, ¿llamas a los ancianos de la iglesia para que oren por ti? Ellos velan por ti. Ellos cuidan de tu alma, pero también cuidan de tu cuerpo. Cuantas veces nos hemos enterado de que los hermanos estuvieron en el hospital después que le dieron de alta. Me han dicho: estuve 10 días en el hospital y no me visitaron. Y yo le he tenido que decir: me acabo de enterar ahora mismo. Hermanos, quiero decirles un secreto: Dios no nos permite usar bolas de cristal para saber quién está enfermo o no. Contamos con su ayuda. Mira cómo Santiago lo pone: “¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame”. Fíjate que no dice: llamen, en plural, sino “llame”. ¿Quién? El mismo enfermo. Cuando estemos enfermos tenemos que llamar a los presbíteros de la iglesia, a los ancianos, para que oren por él. Y Santiago dice más: “y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor.” ¿Qué significa esto? ¿Significa que cada vez que vayamos a visitar a un enfermo tenemos la obligación de ungirle con aceite? La respuesta es, no necesariamente. En aquellos tiempos el aceite de oliva tenía un valor medicinal. La ciencia médica de aquella época recomendaba el uso del aceite de oliva como la mejor medicina para sanar todo tipo de dolencias. Pero sabemos por la misma Escritura que no todas las oraciones para sanidad requerían el ungir con aceite al enfermo. Veamos algunos ejemplos. A veces la sanidad vino por medio de la palabra solamente: Hechos 9:34 “Y le dijo Pedro: Eneas, Jesucristo te sana; levántate, y haz tu cama. Y en seguida se levantó.” En otras, al tomarle por la mano: Hechos 3:6-7 “Mas Pedro dijo: No tengo plata ni oro, pero lo que tengo te doy; en el nombre de Jesucristo de Nazaret, levántate y anda. 7 Y tomándole por la mano derecha le levantó; y al momento se le afirmaron los pies y tobillos”.  En otras, echarse sobre la persona, Hechos 20:9-10 “y un joven llamado Eutico, que estaba sentado en la ventana, rendido de un sueño profundo, por cuanto Pablo disertaba largamente, vencido del sueño cayó del tercer piso abajo, y fue levantado muerto. 10 Entonces descendió Pablo y se echó sobre él, y abrazándole, dijo: No os alarméis, pues está vivo.” Y en otras, ungiendo con aceite a la persona, Marcos 6:13 “Y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos, y los sanaban”. ¿Qué podemos decir al respecto? ¿Es necesario ungir con aceite a la persona toda vez que oremos por sanidad? No, no es necesario. ¿Podemos hacerlo? Podemos hacerlo, creo. Pero el énfasis del pasaje no es la unción con aceite sino el poder de la oración en el nombre del Señor.

            ¿Qué nos quiere enseñar Santiago respecto a la oración?

 

II. La oración debe tener ciertos requisitos

            El primer requisito de la oración lo es la fe. No es el aceite lo que hace la diferencia sino la oración con fe. V. 15a “Y la oración de fe salvará al enfermo, y el Señor lo levantará; No es orar por orar lo que hace que el enfermo se salve o se sane. Es la misma palabra, pero el contexto terminará si se refiere a salvación o a sanidad del cuerpo. No es orar por orar sino orar con fe lo que hace la diferencia. Es creer con todo el corazón que Dios tiene el poder para sanar a una persona. Que Él tiene el poder de levantarlo de la cama ya que no hay nada difícil para Dios. Siempre teniendo presente que Dios es soberano al sanar. Él puede sanar si a Él le place. O puede no hacerlo. Es su prerrogativa.

            El segundo requisito es autoexamen. V. 15by si hubiere cometido pecados, le serán perdonados.” ¿Qué significa eso? Significa que muchos de nuestras enfermedades son causadas por nuestros pecados. No todas nuestras enfermedades son causadas por el pecado. Santiago así lo enseña al decir “y si hubiere cometido”. Pero Santiago nos lleva a auto examinar nuestra vida. Y a confesar nuestros pecados si estos están relacionados con nuestras enfermedades para que podamos ser sanados.

            El tercer requisito es mutuo perdón. V. 16ª “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros, para que seáis sanados.” Santiago nos recuerda que somos una familia y que en la familia siempre hay roces entre los miembros. Y si esto ocurre debemos confesar nuestras ofensas los unos a los otros para poder ser sanados. ¿Sanados física o espiritualmente? Ambos. El contexto demanda que sean ambos. Santiago ha estado hablando de sanidad física, primeramente. Pero también habla de “sanidad” espiritual cuando habla de que “si hubiere cometido pecados le serán perdonados”. Si un hermano peca contra otro el deber es confesar su pecado para que haya sanidad. Sin confesión no habrá sanidad, no habrá restauración en medio nuestro.

            ¿Qué nos quiere enseñar Santiago respecto a la oración?

III. Debemos creer en el poder de la oración

            V. 16b “La oración eficaz del justo puede mucho.” La oración del justo puede mucho. Es decir, tiene mucho poder, puede lograr mucho. Y esto no es para súper santos sino para todo hijo de Dios. Para todo hijo de Dios que busca vivir para El y que con sinceridad busca obedecer su Palabra. Es la oración del justo no la del súper justo.

            Santiago entonces nos da un ejemplo del poder de la oración en la vida de Elías. V.17-18 “Elías era hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras, y oró fervientemente para que no lloviese, y no llovió sobre la tierra por tres años y seis meses. 18. Y otra vez oró, y el cielo dio lluvia, y la tierra produjo su fruto”. ¿Quién era Elías? Santiago nos dice: “hombre sujeto a pasiones semejantes a las nuestras”, es decir, un ser humano como todos nosotros. Con nuestras mismas debilidades, temores, frustraciones, depresiones que todos nosotros tenemos. Hermanos, ¡él no logró que en la tierra no lloviera por tres años y medio por ser profeta! Él lo “logró” por orar fervientemente. Oró para que no lloviera y oró para que lloviera. Ese es el poder de la oración.

            Dios desea que seamos hombres y mujeres de oración. Que la oración y el espíritu de oración estén a flor de labios. Que tengamos el espíritu de orar sin cesar creyendo en el poder de Dios por medio de la oración. Si nosotros confiáramos más en el poder de la oración oraríamos más. Y recibiríamos más de parte de Dios. Si recordamos que Jesús con su muerte nos ha reconciliado con el Padre, y que Él es nuestro Mediador que pone del incienso de su oración con el nuestro delante de Dios. Si recordamos que Jesús nos llama a orar en su nombre bajo el poder del Espíritu Santo y que Él nos ayuda en nuestras debilidades porque no sabemos cómo orar. Si recordamos que Dios es un Dios que escucha siempre la oración de su pueblo. Que no es una oración con un grado alto de perfección la que Dios acepta sino una sincera de un corazón que clama como Pedro: Señor sálvame que perezco. Entonces nos acercaríamos más con fe a orar a Dios y vivir una vida de oración.

            ¿Qué nos quiere enseñar Santiago respecto a la oración? Que debemos orar en cualquier circunstancia, que hay ciertos requisitos a toda oración y que debemos creer en el poder de la oración.

Sermón: Santiago 5:12 Íntegros en nuestro hablar

Santiago 5:12 “Pero sobre todo, hermanos míos, no juréis, ni por el cielo, ni por la tierra, ni por ningún otro juramento; sino que vuestro sí sea sí, y vuestro no sea no, para que no caigáis en condenación.”

 

            El actor Tom Cruise filmó hace unos años atrás la película titulada “Jerry Maguire”. La película trata de este agente que hace contratos con futbolistas prominentes. El los adopta y les consigue promociones y jugosos contratos. Resulta que él tiene una crisis cuando uno de sus futbolistas sufre una lesión que lo deja paralítico. Y en esa crisis él tiene la gran revelación de que la compañía debe preocuparse más por las personas que contratan que por contratar futbolistas. Hay que darle un trato más humano y más personal. Y eso implica hacer menos contratos.

            Resulta que eso le costó el trabajo. Y como él tenía clientes anteriormente, él procuró que sus clientes le respaldaran a él en la nueva compañía que iba a crear. Todos sus clientes anteriores lo dejaron excepto uno. El decide visitarlo para asegurar ese cliente. Y en eso el padre le dice que él no firma contratos pero que su palabra es suficiente porque es más fuerte que el roble. El protagonista se va feliz por lo que le dijo. Poco tiempo después descubre que el padre había firmado contrato con otra compañía. Su palabra que era más fuerte que el roble se había roto.  La integridad de su palabra fue echada por tierra.

            El que alguien no cumpla su palabra no es nada nuevo. Conocemos a muchas personas que nos dicen que van a hacer algo y no lo cumplen. A veces nos prometen villas y castillas para más adelante no cumplir. Y muchos de ellos se quedan con cara de lechuga. No les preocupa ni les importa sin quedan mal en su palabra.

            ¿Qué nos enseña esto? Que el ser humano miente. Y como esto es así los juramentos han sido creados para “garantizar” la verdad de lo que se dice. Y en las cortes se jura o se afirma que la persona va a decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Pero, aun así, la gente miente. La gente busca la manera de zafarse de no caer en perjurio, en haber jurado falsamente.

            Detrás de todo esto está presente la integridad de nuestras palabras y de nuestras personas. De eso trata el pasaje de Santiago. Y en vista de eso vamos a procurar contestar la siguiente pregunta. ¿Cómo debemos usar nuestras palabras de tal manera que glorifiquen a Dios y guarden nuestra reputación? Santiago nos contesta en primer lugar     

 

I. Hablando sin jurar

            “Pero sobre todo, hermanos míos, no juréis”. ¿De qué está hablando aquí Santiago? Santiago tiene aquí presente las palabras de Jesús. Es más, Santiago basa su denuncia en las palabras mismas de Jesús en Mateo 5:33-37. ¿Qué es lo que sucede? Era costumbre de los judíos acompañar a cada promesa con un juramento. Para todo lo decían querían acompañarlo con un juramento. Pero ellos habían inventado una trampa. Como el nombre de Jehová es sagrado, los juramentos de ellos consistían en jurar por otro nombre o por otra cosa que sea considerada sagrada pero que no mencione el nombre de Dios. Y si por alguna razón no cumplo mi promesa no es gran cosa porque yo no he jurado en el nombre de Jehová.

            Conociendo tal práctica, Jesús y Santiago les dice: no juréis ni por el cielo, ni por la tierra, ni por ningún otro juramento. La idea es que Dios, quien es el creador de todo, está detrás de todas las cosas por las cuales juran. Jesús decía en Mateo 5:33-36 “Además habéis oído que fue dicho a los antiguos: No perjurarás, sino cumplirás al Señor tus juramentos. 34 Pero yo os digo: No juréis en ninguna manera; ni por el cielo, porque es el trono de Dios; 35 ni por la tierra, porque es el estrado de sus pies; ni por Jerusalén, porque es la ciudad del gran Rey. 36 Ni por tu cabeza jurarás, porque no puedes hacer blanco o negro un solo cabello.” Todas las cosas están conectadas con Dios porque Dios es su creador y Él además se revela por medio de lo creado. Por tanto, es imposible hacer un juramento o un voto sin que Dios esté involucrado.

            Santiago, entonces, les dice: tienen que parar la práctica de estar jurando por todo. Jurar es algo serio. Jurar no es cualquier cosa. Cuando juras tú estás invocando el nombre de Dios pidiéndole que Él sea testigo de que lo que tú prometes es cierto y lo vas a cumplir. Y si tú no lo cumples no solo traes juicio sobre ti sino más grande que eso tú “tomas el nombre de Dios en vano”. Tú te burlas del nombre de Dios, que no es otra cosa que burlarse de Dios mismo. Y esto es serio.

            Hermanos, tomar el nombre de Dios en vano es algo serio. Dios es ofendido cuando su nombre es profanado. El que Dios no mate a la persona inmediatamente al profanar su nombre no significa que este pecado no ofende a Dios. Él tiene conocimiento de esto y lo toma como algo sumamente serio. Por eso Santiago comienza este versículo con las palabras “pero sobre todo”. Ante todo lo horrible que yo he hablado. Ante el homicidio, ante la opresión, ante el abuso, tomar el nombre de Dios en vano, jurar falsamente es un gran pecado.

            ¿Significa esto que jurar en sí mismo es malo? NO. Que no es malo en sí mismo lo vemos porque Dios mismo ha jurado. Veamos el Salmo 110:4 “Juró Jehová, y no se arrepentirá: Tú eres sacerdote para siempre Según el orden de Melquisedec”. Los apóstoles juraron. Pablo mismo invocó a Dios para garantizar que lo que decía era cierto. Romanos 9:1 “Verdad digo en Cristo, no miento, y mi conciencia me da testimonio en el Espíritu Santo”.  Y Jesús habló bajo juramento, en Mateo 26:63-64 “Mas Jesús callaba. Entonces el sumo sacerdote le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, el Hijo de Dios. 64 Jesús le dijo: Tú lo has dicho; y además os digo, que desde ahora veréis al Hijo del Hombre sentado a la diestra del poder de Dios, y viniendo en las nubes del cielo.” ¿Entonces qué es lo que se prohíbe? Se prohíbe el constantemente jurar para garantizar la verdad de lo que decimos. Una práctica común entre los judíos pero que no la vemos hoy día tan común, excepto en lo que juran por su madre, por sus huesos, por su vida.

            Entonces, ¿Cómo debemos usar nuestras palabras de tal manera que glorifiquen a Dios y guarden nuestra reputación? En primer lugar, hablando sin jurar. En segundo lugar…

II. Hablando con la verdad

            “Sino que vuestro sí sea sí, y vuestro no sea no”.  Hermanos, Dios nos llama a que siempre hablemos con la verdad. Que nuestra vida se caracterice por la integridad de nuestras palabras. Que nuestra promesa: sí, sea respaldada por nuestra conducta: sí. Y nuestra promesa: no, sea respaldada por nuestra conducta: no.

            Cuan distinto es esto en nuestros días. Cuantas personas conocemos que por una razón u otra no cumplen con sus palabras. Y no estamos hablando de que tienen que jurar para que sus palabras apliquen a este pasaje. Hermanos, lo que decimos es serio. Y si decimos que vamos a cumplir algo más nos vale que lo cumplamos. Algunos se comprometen a hacer algo y no lo cumplen como si eso no fuera gran cosa. Algunas personas nos dicen: voy para allá mañana y no lo cumplen y no tienen la cortesía de por lo menos llamar y decirnos: “mira perdóname que te dije que iba y surgió algo inesperado y no voy a poder ir a allá”. Se quedan callados y no cumplen. Algunos nos dicen: préstame $10 dólares y cuando cobre te los voy a pagar y no cumplen y no tienen el más mínimo problema con eso. Es mejor que me digas: me puedes regalar $10 dólares, que mentir y pedirlos y no hacerlo. Hay algunos que prometen o dicen que van a cumplir algo y pasa el tiempo y no lo cumplen y se creen que todo está bien porque a la otra persona se le olvidará con el tiempo lo que dije que iba a hacer y no lo hice. Hermanos, esa es una señal de un serio problema del corazón. Y todo esto aplica también a las palabras que hacemos en la iglesia, lo que nos comprometemos hacer y no hacemos. Eso no está bien.

            Nuestra vida debe caracterizarse de tal manera que cuando alguien nos escuche hablar y le digamos voy a hacer esto: ellos saben que lo vas a cumplir y si no pueden dirán: algo serio a ocurrido porque yo sé que ese hermano cumple fielmente.

            Hermanos, Dios es un Dios de verdad. Si no lo fuera dejaría de ser Dios. Y Él nos llama a imitarle. Efesios 5:1 “Sed, pues, imitadores de Dios como hijos amados.” Es nuestro deber imitar a Dios. ¿Por qué? Porque Él es nuestro Padre. Por eso debemos imitarle como lo que somos: “hijos amados”. Dios nos ama en Cristo Jesús. Por medio de la muerte de Jesús hemos recibido la adopción de hijos. Y como hijos de Dios y hermanos de Cristo, Él nos llama que lo imitemos. El no miente y nosotros debemos seguir el ejemplo de nuestro Padre que con amor y por amor nos dio a su Hijo para que muriera por nosotros, para qué, para que nosotros reflejemos su carácter al mundo. Para que el mundo conozca a Dios por medio de nuestras vidas. Seamos hombres y mujeres que hablemos la verdad porque somos hijos de Dios.

            Y también porque Dios nos ha dado su Espíritu Santo. La Biblia llama al Espíritu Santo, el Espíritu de Verdad. ¿Por qué? Porque Él es la fuente de toda verdad. Y El mora en nosotros capacitándonos a imitar a Dios y hablar y vivir en la verdad. Busquemos de Él la gracia que necesitamos para siempre hablar la verdad sin temor. Cristo es la verdad, Él dijo: “Yo soy la verdad”. Y Él nos alimenta con la verdad por medio de la comunión con Él.

            Entonces, ¿Cómo debemos usar nuestras palabras de tal manera que glorifiquen a Dios y guarden nuestra reputación? En primer lugar, hablando sin jurar. En segundo lugar, hablando con la verdad. Y en tercer lugar…

III. Evitando el condenarnos

            “Para que no caigáis en condenación.” Fíjate de la seriedad del asunto. Cuan serio es tomar el nombre de Dios en vano. La seriedad se desprende de las palabras del segundo de los 10 mandamientos cuando dice en Éxodos 20:7 “No tomarás el nombre de Jehová tu Dios en vano; porque no dará por inocente Jehová al que tomare su nombre en vano.” Dios no declarará inocente al que tomare su nombre en vano. En otras palabras, no es poca cosa tomar el nombre de Dios en vano.

            El principio aquí detrás es que el nombre de Dios es sagrado y debe ser utilizado con el fin que Dios lo ha revelado: conocerle, amarle, adorarle, reverenciarle. Y esto aplica a la manera en que nosotros nos acercamos a Él en la adoración. Dios se revela por medio de su nombre. Pero Él también se revela por medio de su Palabra, leída y predicada. Y esto implica que debemos tener la más sagrada reverencia ante su Palabra.

            Hermanos la palabra de Dios se lee aquí. Su Palabra se predica fielmente aquí. No estar atento a su Palabra leída y predicada es un gran pecado. Dios nos habla por su Palabra. Su Palabra es su misma voz. Es un gran privilegio oír su Palabra. Es un gran privilegio oír su Palabra fielmente explicada y aplicada. Es una gracia tan inmensa que honestamente yo no puedo calcular. ¿Con ese sentido de reverencia te acercas a leer su Palabra a oír su Palabra predicada? Él es tu Padre, que a diferencia de muchos padres, Él te habla, porque te ama. Cada Palabra que leemos es una palabra acompañada con amor y misericordia y bondad. No tiremos por tierra su Palabra al no estar atento a la misma. No menospreciemos así su misericordia. Muchos de nuestros problemas se resolverían su estuviéramos más atentos a su Palabra. Porque la Palabra de Dios es el medio principal para santificarnos, consolarnos, fortalecernos, guiarnos, bendecirnos y si no estamos atentos ante su Palabra y no la aprendemos ni la practicamos cometeremos los mismos errores en nuestra vida, con nuestros hijos y no tendremos la madurez espiritual para enfrentar los sufrimientos que Dios nos envía en esta vida.

            Entonces, ¿Cómo debemos usar nuestras palabras de tal manera que glorifiquen a Dios y guarden nuestra reputación? En primer lugar, hablando sin jurar. En segundo lugar, hablando con la verdad. Y, en tercer lugar, evitando el condenarnos. Sea Dios con nosotros y nos dé su gracia para vivir para Él, imitándole como hijos amados.

Sermón: Santiago 5:7-11 Paciencia y Perseverancia

Santiago 5:7-11 “Por tanto, hermanos, tened paciencia hasta la venida del Señor. Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía. 8 Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca. 9 Hermanos, no os quejéis unos contra otros, para que no seáis condenados; he aquí, el juez está delante de la puerta. 10 Hermanos míos, tomad como ejemplo de aflicción y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor. 11 He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo.”

            De la noche a la mañana la bolsa de valores de Nueva York colapsa. Y Egipciaco, nombre ficticio, y quien era un ganadero rico, ve perder toda su fortuna que con mucho sacrificio y honradez había ganado. Al poco tiempo sus hijos iban de paseo a España y en un concierto ocurre una balacera. Miembros de ISIS se adentran al concierto y comienzan a disparar a mansalva y mueren allí sus tres hijos. En esa misma semana, el doctor de cabecera le llama y le notifica que las pruebas de laboratorio indican que tiene cáncer en el páncreas en un estado avanzado. En medio de todo esto su esposa le dice que ella no puede vivir así ya que han perdido todo y está considerando ponerle carta de divorcio a su matrimonio de 30 años.

            ¿Cómo reaccionarias si ésta fuera tu historia?  

            Esta historia ficticia es una versión moderna de lo que le pasó a Job. De la noche a la mañana Job perdió todo: sus riquezas, sus hijos, sus bienes y el respeto de su esposa. Todo eso en un breve lapso de tiempo. ¿Cómo reaccionó Job ante todo esto? Nos dice Job 1:21-22 “Desnudo salí del vientre de mi madre, y desnudo volveré allá. Jehová dio, y Jehová quitó; sea el nombre de Jehová bendito. 22. En todo esto no pecó Job, ni atribuyó a Dios despropósito alguno.”

            Santiago comienza esta sección con las palabras: por tanto. Y con ello indica que lo que va a hablar guarda relación con la sección anterior. En esa sección vivimos la amenaza que Dios pronunció sobre los ricos opresores. Dios les castigará. Pero mientras tanto el pueblo que es oprimido es llamado por Dios a mostrar una gracia característica de Dios y del Señor Jesucristo. ¿Cuál la paciencia? Y con ellos nos debemos preguntar, ¿Cómo debemos actuar cuándo las personas se levantan contra nosotros para hacernos mal? Santiago nos da la respuesta. Y él nos dice que, en medio de los abusos, las aflicciones que nos vienen, no por catástrofes, sino por aquellos que buscan hacernos mal, debemos en primer lugar…

 

I. Ser pacientes

            Este es el énfasis principal del pasaje. Cuatro veces Santiago menciona la palabra paciencia en esta sección. Y por tanto el mensaje es que en medio de las aflicciones que recibimos por aquellos que nos quieren hacer daño, la respuesta es, tengamos paciencia. Claro está, hermanos, es fácil decirlo que hacerlo. La tendencia nuestra es a la impaciencia. Queremos tomar las cosas en nuestras manos. Queremos que se nos haga justicia inmediatamente. Pero Dios nos llama a ser pacientes.

            ¿Qué es la paciencia? La palabra que utiliza Santiago en el griego es “makrothumia”. Conlleva la idea de controlarnos, de restringirnos a nosotros mismos, de ser lentos para la ira. Implica que el mal está presente. Y en medio de ese abuso o maltrato a nuestras personas, Dios nos llama a controlarnos, a no dejar que nuestras emociones nos lleven a actuar de una manera descontrolada. Nos llama a esperar.

            Santiago nos da un ejemplo de lo que quiere decir. Él dice: “Mirad cómo el labrador espera el precioso fruto de la tierra, aguardando con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana y la tardía.” El agricultor siembra la semilla, pero ésta no da fruto inmediatamente. Él tiene que esperar. Él tiene que aguardar con paciencia hasta que reciba la lluvia temprana (la de octubre) y la tardía (la de abril) para poder recibir el precioso fruto de la tierra. Tiene que esperar su tiempo. A su tiempo el agricultor segará su fruto. Pero tiene que aguardar con paciencia.

            Cuán difícil es esto en un sentido para nosotros que vivimos en una sociedad donde desea todo para ahora mismo. En cambio, Dios nos llama a ser distintos. A ser imitadores de Dios quien es “lento para la ira y grande en misericordia y verdadÉxodos 34:6.   

            Pero ¿cómo podemos lograr esto? Santiago nos llama a poner nuestra mirada en Jesús. Y nos dice que debemos esperar, esperar con paciencia. ¿Hasta cuándo? Espera…

 

II. Esperar hasta la Venida Señor

            V. 7 “tened paciencia hasta la venida del Señor.” Y lo menciona nuevamente en el versículo 8 “Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca.” ¿Qué quiere decir Santiago con la venida del Señor? Y, ¿por qué dice que la venida del Señor está cerca? ¿Creían los apóstoles que la segunda venida d Jesús ocurriría en su tiempo? Y si esto es así, ¿acaso nuestra fe en la fidelidad de la Biblia no está comprometida? De ninguna manera.

            La palabra que Santiago utiliza es “parousía”. Y esa palabra es la palabra técnica para referirse a la Segunda Venida de Cristo. Pero la Biblia nos enseña que toda manifestación especial de la ira, juicio y gracia del Señor es también llamada en la Biblia una venida del Señor.

            En el AT los profetas constantemente hablaban de la venida de Jesús como algo que iba a ocurrir inmediatamente cuando esto ocurriría 400, 500 y hasta 700 años después. Un ejemplo lo tenemos en Hageo 2:6-7 “Porque así dice Jehová de los ejércitos: De aquí a poco yo haré temblar los cielos y la tierra, el mar y la tierra seca; y haré temblar a todas las naciones, y vendrá el Deseado de todas las naciones; y llenaré de gloria esta casa, ha dicho Jehová de los ejércitos.” El Deseado de las naciones es una referencia a Jesús quien vino 400 años después de Hageo, pero Dios dice “de aquí a poco”. Hablando del fin del mundo Pedro nos recuerda que Dios no retarda su venida como algunos piensan y les dice que no debemos medir los tiempos según nuestra agenda sino según la agenda de Dios. ¿Por qué? Nos dice 2 Pedro 3:8 “Mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día.” Así que según el lenguaje profético un poco de tiempo no necesariamente significa dentro de poco según nuestra agenda sino puede ser bastante tiempo.

            Jesús mismo nos enseña algo adicional. Cuando Jesús habla de su venida en Mateo 24 y nos dice que esta generación no pasará hasta que todo esto ocurra (Mateo 24:34), la referencia es sin lugar a duda a la destrucción de Jerusalén para el año 70 con las tropas del general Tito.

            Entonces, ¿a qué se refiere Santiago con que seamos pacientes hasta la vendida del Señor y que la venida del Señor se acerca? Yo entiendo que la referencia es a la Segunda Venida de Cristo en gloria. ¿Cuál es la idea? La idea es que debemos reconocer que Jesús es nuestro defensor. El interviene en la historia. El visita a los padres y a sus hijos con ira, cuando ellos viven de espaldas a Dios. Y El muchas veces castiga severamente a los pecadores en este estado de la eternidad. Pero Él se reserva el castigo mayor en el día del juicio final.

            Oh creyente, Cristo Jesús, como tu Rey, es tu defensor. Aunque tú no lo sepas y aunque tú no lo veas, Jesús te está defendiendo de tus enemigos. Como dice 1 Corintios 15:25 “Porque preciso es que él reine hasta que haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. Jesús no vendrá por segunda vez hasta tanto no ponga a sus enemigos y los nuestros (porque son los mismos) debajo de sus pies. Debajo de sus pies simboliza derrota.

            Por tanto, si esto es así, si en los cielos tenemos a nuestro defensor que interviene aquí en la tierra, entonces enfrentemos con paciencia las aflicciones que vienen a nuestra vida producto del pecado de los hombres. Esperemos en Dios porque Él es nuestro defensor. Seamos pacientes hasta la segunda venida.

            Pero algunos dirán que “justicia tardía no es justicia”. A lo cual respondemos que Dios visita en nuestros tiempos a los malvados dándoles una muestra de lo que recibirán en el juicio final.

            Pero como nosotros siempre queremos justicia inmediata Santiago nos dice que en medio de esas aflicciones es importante…

III. Controlar las frustraciones

            V. 8-9 “Tened también vosotros paciencia, y afirmad vuestros corazones; porque la venida del Señor se acerca. 9.Hermanos, no os quejéis unos contra otros, para que no seáis condenados; he aquí, el juez está delante de la puerta.” Santiago nos dice, en primer lugar, que para poder sobrellevar esto es necesario que afirmemos o fortalezcamos nuestros corazones. ¿Qué es esto? Debemos tener una firme convicción de la verdad. Podremos sobrellevar todo esto si estamos convencidos que Dios intervendrá contra nuestros enemigos. Si creemos en la providencia divina. Si creemos que Dios es nuestro defensor. Si creemos que el bien triunfará sobre el mal, porque Dios mismo es el Bien y quien tiene todo poder para derrotarlo.

            En segundo lugar, Santiago nos dice que debemos evitar el descargar nuestras frustraciones con los demás. “Hermanos, no os quejéis unos contra otros, para que no seáis condenados”. En medio de las aflicciones la tendencia es estar sensitivos. Y lo triste del caso es que a veces nos desquitamos con aquellos que no tienen nada que ver con el asunto o no son culpables. Generalmente el desquite es con los seres queridos que son los que más cerca están de nosotros. A lo cual Santiago les dice: paren de hacer esto. Si esto es lo que han estado haciendo no lo hagan más. ¿Por qué? Para que no seáis condenados. Dios no solo es el juez de los malos. Él es el juez de toda la tierra y nosotros también compareceremos delante de Dios.

            ¿Qué deben hacer entonces? Tengan paciencia hasta la venida del Señor. Esperen la justicia de las manos de Dios mismo. Y fortalezcan su corazón. Vivan bajo la convicción de la protección y defensa de Dios.

            Y además…

IV. Perseverar hasta el fin

            V. 11 “He aquí, tenemos por bienaventurados a los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo.” Dos notas con respecto a la traducción de la RV60. La primera oración podría dar la impresión de que el sufrimiento en sí mismo es bueno, “bienaventurados… los que sufren”. Eso no es correcto. Por eso otras traducciones capturan la idea del pasaje. DHH “Pues nosotros consideramos felices a los que soportan con fortaleza el sufrimiento.” RVA 2015 “He aquí, tenemos por bienaventurados a los que perseveraron.” ESV “Behold, we consider those blessed who remained steadfast.” Así que la idea es son benditos los que perseveran en medio del sufrimiento. El llamado es a perseverar en medio de la aflicción. Es un llamado a seguir siendo fieles a Dios, aunque estemos sufriendo por parte de aquellos que desean nuestro mal.

            Pero no solo eso. Debemos ver las aflicciones con otros ojos. No somos malditos sino benditos en medio del sufrimiento. “bienaventurados a los que perseveraron”. ¿Por qué? Porque acabaron su prueba. Porque fueron perfeccionados por medio de las aflicciones. Porque dieron testimonio de su fidelidad y del poder de la gracia de Dios que es la única que nos capacita para perseverar.

            Y también porque al así hacerlo somo contados en el número de los profetas. V. 10 “Hermanos míos, tomad como ejemplo de aflicción y de paciencia a los profetas que hablaron en nombre del Señor.” Los profetas que hablaron en el nombre del Señor no fueron librados de sufrir. Ellos son ejemplo de aflicción y de perseverancia porque ellos estuvieron dispuestos incluso a morir por su fe.

            Y sobre todo miremos el ejemplo de Job. Y aquí también debemos revisar la traducción de la RV60.  Esta traduce: “Habéis oído de la paciencia de Job”. La RVA 2015 captura mejor el original griego “Han oído de la perseverancia de Job”. En medio de todo lo que este hombre sufrió vemos a Job perseverando en su fe hasta el fin. Es cierto que en momentos su fe decae como cuando maldijo el día de su nacimiento. Pero él nunca negó su fe. Nunca comenzó a vivir como si no valiera la pena ser creyente en Jehová. Nunca vivió contrario a su fe. El no actuó como algunos hacen: “como Dios me ha enviado males no vale la pena seguirle. O todo lo que me han enseñado acerca de Dios es falso, y la evidencia es que yo que soy su hijo estoy sufriendo”. El por la gracia de Dios perseveró hasta el fin.

            Y Job descubrió el fin del Señor, cuál era el propósito de Dios en todo lo que le sucedió. Dios probada su fe. Y Dios le recompensó con bienes superiores a los que tenían antes. Revelando que el Señor es “muy misericordioso y compasivo”.  Reconoce por la fe que Dios aun cuando aflige Él lo hace para nuestro bien. Y no solo es Dios misericordioso sino muy misericordioso y compasivo.

            Hermanos, en medio de los abusos que algunos tienen contra nosotros Dios nos llama a ser pacientes, esperando al Señor, sin descargar nuestras frustraciones contra nuestros seres queridos ni los hermanos en la fe y perseverar hasta el fin, al reconocer que Dios es muy misericordioso y compasivo.

 

Sermón: Santiago 5:1-6 El Peligro de ser Rico

Santiago 5:1-6 “¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán. 2 Vuestras riquezas están podridas, y vuestras ropas están comidas de polilla. 3 Vuestro oro y plata están enmohecidos; y su moho testificará contra vosotros, y devorará del todo vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado tesoros para los días postreros. 4 He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado por vosotros; y los clamores de los que habían segado han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos. 5 Habéis vivido en deleites sobre la tierra, y sido disolutos; habéis engordado vuestros corazones como en día de matanza. 6 Habéis condenado y dado muerte al justo, y él no os hace resistencia”.

 

            Hace como dos semanas atrás se anunció que habían destronado a Bill Gates como el hombre más rico del mundo. Ustedes saben que Bill Gates es el CEO de Microsoft, la compañía que construye programas para computadoras. Pues, Bill Gates ya no es el hombre más rico del mundo. El hombre más rico lo es ahora el fundador y CEO de Amazon. Se estima que su fortuna lo es 91.6 billones de dólares. Con eso podría pagar la deuda de Puerto Rico y sobrarle unos tristes 21.6 billones de dólares y algún cambio. Jamás en la historia de la humanidad se había pensado que una sola persona pudiera amasar tanto dinero, por encima del dinero que poseen cientos de países en el mundo. Los ricos del pasado son pobres en comparación con este pequeño grupo de billonarios.

            Pero hay algo que no debemos olvidar. Cada condición social en el mundo trae sus problemas. A veces los pobres piensan que solo ellos son los que tienen problemas en el mundo. Pero eso no es cierto. Los problemas no se resuelven por el mero hecho de ser ricos. El cantante norteamericano Bruno Mars tiene una canción pegajosa que decía: “Quiero ser un millonario, lo deseo con todas mis fuerzas”. ¿Es esa la actitud correcta para un cristiano?

            Santiago nos dice que la riqueza puede ser una fuente de mucho mal, de peligro y condenación. Recuerden lo que dijo Jesús en Mateo 19:23-24 “Entonces Jesús dijo a sus discípulos: De cierto os digo, que difícilmente entrará un rico en el reino de los cielos. Otra vez os digo, que es más fácil pasar un camello por el ojo de una aguja, que entrar un rico en el reino de Dios.” Teniendo esto presente veamos lo que nos dice Dios por medio de Santiago.

            V. 1 “¡Vamos ahora, ricos! Llorad y aullad por las miserias que os vendrán.”  ¿De quiénes está hablando Santiago? Santiago habla aquí de los ricos, pero no de cualquier rico, sino de aquellos que son pecadores, abusadores, que han amasado sus riquezas de una manera pecaminosa. El no habla de todo tipo de ricos, sino de impíos o posiblemente de ricos que, aunque han profesado su fe en Cristo su vida demuestra que su profesión fue falsa. Hermanos, la Biblia en ningún momento condena la riqueza. Es más, nos enseña que la riqueza es un don de Dios. Dice Proverbios 10:22 “La bendición de Jehová es la que enriquece, Y no añade tristeza con ella.” Mira la bendición de Dios sobre Isaac en Génesis 26:12-13 “Y sembró Isaac en aquella tierra, y cosechó aquel año ciento por uno; y le bendijo Jehová. El varón se enriqueció, y fue prosperado, y se engrandeció hasta hacerse muy poderoso.” ¿Se puede ser rico y piadoso? Claro que sí. Los ejemplos de Abraham, Isaac, Job y David nos enseñan que se puede ser rico y un hombre de Dios a la vez.

            Pero aquí Santiago nos advierte del peligro de las riquezas. Y más que eso, nos habla del juicio que Dios traerá sobre los ricos explotadores, abusadores y quienes han hecho de las riquezas su dios y quienes piensan solamente en ellos. Y a ellos Santiago les dice: “Llorad y aullad por las miserias que os vendrán.” Lloren, aúllen o griten de dolor por el castigo que vendrá sobre ustedes. Hermanos, Dios castigará a todos los poderosos que abusan de nosotros: sean ellos personas particulares, gobierno, corporación. Cualquiera que esté en autoridad sobre nosotros y abuse de nosotros tiene la sentencia de Dios sobre su cuello.

            Pero ¿cuál es el problema que tenían estos ricos? Santiago enumera las razones para el juicio de condenación.      ¿Cuáles son los pecados que Santiago señala? Santiago señala cuatro pecados. Veamos brevemente cada uno de ellos:

1. Amasar fortuna:

            V. 2-3 “2 Vuestras riquezas están podridas, y vuestras ropas están comidas de polilla. 3 Vuestro oro y plata están enmohecidos; y su moho testificará contra vosotros, y devorará del todo vuestras carnes como fuego. Habéis acumulado tesoros para los días postreros.” ¿Qué es lo que estaba sucediendo? Estos ricos estaban amasando riquezas, que en aquella época consistía en maíz, granos, ropas, plata, oro, etc. Y el problema aquí es que, aunque tenían grandes riquezas eran avaros, no pensaban en los demás. Tenían ropas que no necesitaban y en vez de darla a los pobres preferían que la polilla se los comiera en vez de donarla. Dios les dice: “vuestras ropas están comidas de polilla”. Tenían suficiente maíz y granos almacenados y preferían que se les dañara en vez de ayudar a saciar el hambre de los pobres. Dios les dice: “Vuestras riquezas están podridas”. Lo mismo hacían con la plata y el oro. En aquella época no había bancos y el dinero se guardaba en cofres que, en este caso, por la abundancia que tenían y como no los usaban se llenaban de una costra y hongo como si estuvieran dañados. Dios dice: “Vuestro oro y plata están enmohecidos”. Y no solo eso, en el día del juicio ellas testificarán que preferías que se dañaran antes de ayudar al necesitado. Tus riquezas testificarán contra ti.

            Durante la Gran Depresión, en los EE.UU, cuando colapsó la economía, una de las razones fue el exceso de producción y el no poder venderlos. Los precios entonces bajaron grandemente para tratar de vender los productos. Y como los precios se caían estrepitosamente, muchos agricultores para evitar la caída por el exceso de producción decidieron destruir sus productos. Y quemaron frutas, verduras, de todo tipo de alimentos, que se pudieron haber dado a los que padecían hambre. Así piensan muchos ricos.

            Ellos creen que han acumulado riquezas, cuando lo que han acumulado es juicio de Dios. “Habéis acumulado tesoros para los días postreros.” No han cumulado riquezas de paz sino de ira. Porque Dios los castigará por su pecado, en los días postreros, es decir, en el juicio final.

2. No pagar a sus empleados

            V. 4 “4 He aquí, clama el jornal de los obreros que han cosechado vuestras tierras, el cual por engaño no les ha sido pagado por vosotros; y los clamores de los que habían segado han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos.” Estas personas ricas eran dueños de fincas y terrenos y no estaban cumpliendo el deber de pagar lo que en justicia era de los obreros. O no les estaban pagando o retenían lo que les era justo. En aquellos días la pobreza era tan grande que nadie podía darse el lujo de pasar un solo día sin cobrar su salario. Este se pagaba a diario. No recibir el pago implicaba no comer ese día. Por eso desde el AT Dios dijo en Deuteronomio 24:14-15 “No oprimirás al jornalero pobre y menesteroso, ya sea de tus hermanos o de los extranjeros que habitan en tu tierra dentro de tus ciudades. En su día le darás su jornal, y no se pondrá el sol sin dárselo; pues es pobre, y con él sustenta su vida; para que no clame contra ti a Jehová, y sea en ti pecado.” Pues, el dinero mismo clama a Dios por no haber sido dado en justicia al obrero. Y Dios les dice a ellos “los clamores de los que habían segado han entrado en los oídos del Señor de los ejércitos.” Dios toma nota de todo esto y Él es el Señor de los ejércitos o Señor de sabaot: el Señor de los ángeles, de los cielos y la tierra, de todas las cosas, y tiene poder para hacerles justicia. Dios sabe que el obrero es digno de su salario.

3. Una vida disoluta, en deleites

            V. 5 “5 Habéis vivido en deleites sobre la tierra, y sido disolutos; habéis engordado vuestros corazones como en día de matanza.” Han puesto su felicidad en las cosas de la tierra. No es que no disfrutemos de lo que Dios ha creado y nos ha dado, porque dice 1 Timoteo 6:17 que Dios “nos da todas las cosas en abundancia para que las disfrutemos”; pero para ellos, los bienes materiales, eran el fin de su vida. No es comer para saciar nuestra hambre sino comer, comer, comer, por comer.  Hemos sabido de boxeadores que en dos años han gastado 11 millones de dólares y necesitan regresar al ring porque no tienen dinero. Han vivido disolutamente. Una cosa es comprar ropa porque la necesitamos, otra comprarla porque sí.

4. Matar al justo

            V. 6 “Habéis condenado y dado muerte al justo, y él no os hace resistencia.” ¿Cómo así? Posiblemente porque el justo, el obrero u otra persona no tiene los recursos para defenderse del abuso y sufre las consecuencias del mismo. En aquella época sino recibía el salario a diario sin lugar a duda se acostaban sin comer. Tal acto es violar el sexto mandamiento de no matarás.

            Durante la Revolución Industrial donde se trabaja por 16 horas, incluso los niños, las máquinas en las fábricas eran llamadas devoradoras de brazos. Y se daba el caso de personas que perdían sus brazos y en su enojo o en desesperación por salvar su brazo golpeaban la máquina y si ésta se dañaba eran acusados y encarcelados por destrucción de propiedad ajena. Y si no tenían dinero para pagar un abogado no había nada que hacer. Muchos ricos se aprovechaban del sistema jurídico que imperaba. Y el justo sufría por no poder defenderse.

Aplicaciones prácticas:

1. A ti que eres oprimido por los poderosos: por el gobierno sea estatal o federal (que amenaza con no dar el seguro social, o el retiro de los empleados públicos, entre otras cosas), por aquel que le pagas renta, por tu jefe que abusa de ti, entre otros, quiero que se sepas que ellos no quedarán impunes. Juicio vendrá sobre ellos. Dios conoce tus aflicciones y El pagará a su tiempo. No luchas solo, el Señor de los ejércitos lucha por ti. Él te vengará. Confía en que Dios es tu defensor. Cristo es Rey de su Iglesia. Hablando de Jesús dice el Salmo 110:1-2 “Jehová dijo a mi Señor: Siéntate a mi diestra, Hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies. Jehová enviará desde Sion la vara de tu poder; Domina en medio de tus enemigos.” Jesús no solo salva del pecado, Él nos salva de todos nuestros enemigos. Suplícale a Él por justicia cuando eres maltratado injustamente.

2. Hermanos, Dios nos ha dado bienes a cada uno de nosotros en mayor o menor grado. Pero ¿para qué lo ha hecho? No es para que los acumulemos y acumulemos sin fin. Él nos ha bendecido para que seamos de bendición. Para que ayudemos a los menos afortunados. Dice Efesios 4:28 “El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad.” Nuestra meta no es hacernos ricos, sino servir a Dios con diligencia en la vocación que Él nos dio. Glorificamos a Dios cuando somos excelentes pintores, carpinteros, maestros, cocineros, etc., usando lo dones al máximo. Y si Dios nos bendice con riquezas, gloria a Dios. Dios ha prometido bendecir y prosperar al diligente no al vago. Como dice Proverbios 10:4 “La mano negligente empobrece;
Mas la mano de los diligentes enriquece.”
Pero Él nos bendice para que tengamos “qué compartir con el que padece necesidad.”

3. No acumulemos tesoros en la tierra sino en el cielo. Jesús dijo en Mateo 6:19-21 “No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan. Porque donde esté vuestro tesoro, allí estará también vuestro corazón.” Todas las riquezas de este mundo son pasajeras, son corruptibles. En cambio, los tesoros en los cielos no pueden ser dañados, ni corroídos ni robados, son eternos. Si nuestro corazón está en los cielos, si lo que amamos es Dios y las cosas divinas, su reino, su pueblo, sus medios de gracias, entonces ocúpate en acumular recompensas en los cielos al servir a Dios cuando sirves a los hermanos. Yo sé que aquí hay hermanos que por amor a Dios han acumulado tantos tesoros que honestamente no se pueden calcular. El servicio que dan a la Iglesia les será recompensado. Ellos limpian, donan, ayudan, están presentes en todas las actividades de la Iglesia sirviendo, llevan, traen, son carros públicos, han limpiado los pies de los santos, los han alimentados, los han hospedados, etc. Dios les dará su recompensa. Su corona brillará más que muchas otras. Son riquezas bien acumuladas. “Donde está tu tesoro allí está tu corazón”. ¿En dónde está tu tesoro?

4. No envidiemos a los ricos. Recuerda Marcos 4:18-19 “Estos son los que fueron sembrados entre espinos: los que oyen la palabra, pero los afanes de este siglo, y el engaño de las riquezas, y las codicias de otras cosas, entran y ahogan la palabra, y se hace infructuosa.” El engaño de las riquezas, los afanes de este sigo y la codicia de otras cosas han impedido a muchos que se salven. Y también 1 Timoteo 6:9-10 “Porque los que quieren enriquecerse caen en tentación y lazo, y en muchas codicias necias y dañosas, que hunden a los hombres en destrucción y perdición; porque raíz de todos los males es el amor al dinero, el cual codiciando algunos, se extraviaron de la fe, y fueron traspasados de muchos dolores.” Y Proverbios 15:16-17 “Mejor es lo poco con el temor de Jehová, Que el gran tesoro donde hay turbación. Mejor es la comida de legumbres donde hay amor, Que de buey engordado donde hay odio.”

5. Si miramos bien las cosas sabemos que somos ricos verdaderamente, porque Cristo nos ha hecho ricos. 2 Corintios 8:9 “Porque ya conocéis la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que por amor a vosotros se hizo pobre, siendo rico, para que vosotros con su pobreza fueseis enriquecidos.” ¡Qué mayores riquezas que disfrutar del perdón de pecados, de gozar de su favor, de ser sus hijos, de saber que reinaremos con Él, que Dios es nuestro defensor, del gozo del Espíritu Santo, de saber que todo absolutamente todo obra para nuestro bien, de ángeles que cuidan de nosotros, de ser hechos cada días a la imagen de Cristo, etc! Todas esas riquezas las tenemos por Jesús. Por tanto, valora las riquezas espirituales por encima de las riquezas materiales. Estas son tuyas y solo tuyas y de nadie más, por medio de la muerte y resurrección de Cristo.  

            Así que, no envidiemos a los ricos, Dios es vengador de los que nos oprimen, y alegrémonos en las bendiciones abundantes que Dios nos da cada día. Cuéntalas y verás que es cierto. Amén.

Sermón: Santiago 4:13-17 Si Dios quiere

Santiago 4:13-17 “13 ¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos; 14 cuando no sabéis lo que será mañana. Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece. 15 En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello. 16 Pero ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala; 17 y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.”

 

            Una de las cosas que me gusta de la carta de Santiago es lo práctico que es. Nos habla de cómo debemos ver las aflicciones que vienen a nuestra vida. Nos enseña dónde debemos buscar sabiduría para nuestras vidas. Nos habla sobre qué debemos hacer con la Palabra de Dios: hay que obedecerla y no solo oírla. Nos habla acerca de cuáles son algunas de las marcas de la verdadera religión cristiana; cómo debemos tratar a todos por igual sin importar el estatus social y económico que tengan; cómo usar la lengua de una manera que honre a Dios y a mi prójimo; cómo debemos acercarnos a Dios cuando hemos fallado, etc. Es una epístola práctica. Y es una que nos confronta con nuestro pecado.

            En nuestros días se da culto y adoración a la autosuficiencia. Por ahí se venden las siguientes ideas: tú eres el Amo de tu vida, el Señor de tu destino. Debemos ser, nos dicen: el Superman de Frederick Nietzsche, que postulaba que “nosotros somos los dueños de nuestro destino y debemos ser libres de toda ley y atadura, yo soy el Señor de mi vida y por tanto yo no me someto ni me limito a la moral cristiana, a las leyes del estado, ni a las restricciones de la sociedad. Yo soy mi propia ley. Yo hago lo que yo quiero hacer, sin ataduras”.

            Un pensamiento similar tenemos aquí en el pasaje de Santiago 4:13-17. ¿Qué es lo que está sucediendo aquí? Tenemos a unos hermanos en la fe que, en la vida diaria, en la vida práctica están viviendo como si fueran los amos de su destino. V. 13 “¡Vamos ahora! los que decís: Hoy y mañana iremos a tal ciudad, y estaremos allá un año, y traficaremos, y ganaremos;”. ¿Quiénes son ellos? Aparentemente son comerciantes cristianos. ¿Cómo lo sabemos? Por las palabras que hablan de traficar y ganar. Estos cristianos estaban planificando su futuro: hoy y mañana iremos a tal ciudad. Y no solo eso: estaremos un año residiendo allí, lo que implica planes para buscar una casa, análisis de lo que se mueve allí, etc. Entonces traficaremos, es decir, haremos comercio y ganaremos, lograremos las ventas que deseamos, sin lugar a duda nos irá bien. Aunque Santiago no lo dice, es posible que algunos en la iglesia tuvieran la misma mentalidad.

            Pero ¿cuál es el problema con eso? ¿Es malo planificar el futuro? Hermanos, no es malo planificar el futuro. Es más, sería tonto no hacerlo. Todos nosotros lo hacemos. Pero entonces ¿cuál es el problema? El problema es hacerlo sin tomar en cuenta varias cosas importantes. Para nuestros planes futuros debemos tener presente…

I. Una clara perspectiva de la realidad de la vida

            V. 14 “cuando no sabéis lo que será mañana”.  Parecería una contestación tonta a esas palabras. ¿Acaso no sabe el mundo que nosotros no sabemos lo que ocurrirá mañana? La respuesta es sí. Todos sabemos que no sabemos el mañana. Para nosotros el mañana es totalmente desconocido, aunque no para Dios. Pero estos hermanos aparentan planificar como si controlaran el mañana. Ese es uno de los problemas. Ellos planifican como si fuesen los que controlan el mañana. Piensan que son dueños del mañana.

            A lo cual Santiago les recuerda: “no sabéis lo que será mañana”.  Ustedes no son dueños del mañana. Ustedes no controlan lo que sucederá el mañana. Por tanto, no se jacten del mañana. Miren lo que dice Proverbios 27:1 “No te jactes del día de mañana; Porque no sabes qué dará de sí el día”. No te jactes de que el mañana está en sus maños porque no es así. ¿Qué nos enseña eso? Nos enseña que no somos los dueños de la vida. Podrás planificar, pero no eres el dueño del mañana.

            A veces somos así. Y yo diría que en nuestros tiempos muchos de nosotros vivimos como si lo fuéramos. Gastamos el dinero que ganamos como si controláramos el mañana. “Gasto todo lo que tengo porque el día quince y el treinta recibiré de nuevo mi salario”, esa es la mentalidad moderna. ¿De verdad es eso así? Ni los trabajos, ni los salarios, ni las pensiones garantizadas por el gobierno o los depósitos de los bancos son seguros. Pero Dios nos dice: “no sabéis lo que será mañana”. 

            Ahora bien, el problema no es solo eso. El peligro es preocuparnos más por el cuerpo que por el alma. Lo triste es que es sacamos más tiempo para el cuidado de las cosas de la tierra y poco tiempo para cuidado del alma. Mira a uno que pensó que era el dueño y controlador del mañana quien buscaba proveer para su cuerpo y no su alma en Lucas 12:16-21 “También les refirió una parábola, diciendo: La heredad de un hombre rico había producido mucho. 17 Y él pensaba dentro de sí, diciendo: ¿Qué haré, porque no tengo dónde guardar mis frutos? 18 Y dijo: Esto haré: derribaré mis graneros, y los edificaré mayores, y allí guardaré todos mis frutos y mis bienes; 19 y diré a mi alma: Alma, muchos bienes tienes guardados para muchos años; repósate, come, bebe, regocíjate. 20 Pero Dios le dijo: Necio, esta noche vienen a pedirte tu alma; y lo que has provisto, ¿de quién será? 21 Así es el que hace para sí tesoro, y no es rico para con Dios.”

            Para nuestros planes futuros debemos tener presente, una clara perspectiva de la realidad y en segundo lugar…

II. Una clara perspectiva acerca de nosotros mismos

            V. 14 “Porque ¿qué es vuestra vida? Ciertamente es neblina que se aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.” Nosotros no solo no somos dueños del mañana tampoco somos dueños de nuestra vida. Dos cosas nos dice Santiago acerca de nuestra vida. Una: nuestra vida es como neblina; es algo frágil, casi sin sustancia, es débil. Y dos: es de poca duración: “aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.”

            Ese es el testimonio de toda la Escritura. Job 7:7 “Acuérdate que mi vida es un soplo”. ¿Cuánto dura un soplo? Varios segundos. Así es nuestra vida. Nuestra vida es como aire que desaparece rápido.

            Ese es el testimonio de la experiencia diaria. ¿Cuántas personas conocemos que han muerto, como diríamos a destiempo? No solo mueren los viejos, sino los jóvenes, los niños, los bebés, los que hacen ejercicio y siguen una dieta cuidándose muchísimo. Nuestra vida es como neblina que “aparece por un poco de tiempo, y luego se desvanece.”

            ¿Qué nos enseña? Nos enseña que nosotros no somos dueños de nuestro destino, ni dueños de nuestra vida. No escogimos dónde nacer, que siglo vivir, quiénes serían nuestros padres, en qué país naceríamos, etc.

            Pero sobre todo recordar que el tiempo que tenemos aquí es preparatorio para la eternidad. El día de salvación es hoy. ¿Por qué hoy? Porque no sabemos el mañana. El mañana nos puede sorprender con que no hemos conocido salvadoramente, en fe salvadora y arrepentimiento verdadero, al juez que nos juzgará y nos sentenciará: cielo o infierno. Recuerda que lo que hagas aquí ahora cuenta para siempre.

            Para nuestros planes futuros debemos tener presente, una perspectiva clara de la realidad, una perspectiva clara de nosotros mismos y en tercer lugar…

III. Una perspectiva clara acerca de Dios

            V. 15 “En lugar de lo cual deberíais decir: Si el Señor quiere, viviremos y haremos esto o aquello.” Santiago nos dice que con respecto a los planes futuros Dios siempre debe ser el primero con quien contemos. No debemos hacer planes sin contar con Dios. Y para ello debemos tener una perspectiva clara de quién es Él y lo que Él hace en nuestra vida. 

            Dos cosas con respecto a Dios nos señala Santiago. Una: Él es el Dueño y Amo de nuestra vida: “Si el Señor quiere, viviremos”. Nuestra vida se la debemos a Dios. Él es el Dador de la Vida. ¿Amén? Pero El también determina el tiempo de nuestra muerte. Cada amanecer es un regalo de Dios. Cada vez que abrimos los ojos debemos darle las gracias a Dios que nos regala un día más. Cada latido del corazón, cada suspiro de nuestra vida se la debemos a Dios. ¿Cuán agradecido estamos de El?

            Nuestra vida se la debemos al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo. Dios Padre crea por medio de su Hijo en el Espíritu. De aquí que nuestra vida le pertenece a Dios.

            En segundo lugar, Dios determina lo que hacemos. “Si el Señor quiere… haremos esto o aquello.” Nuestros actos están bajo el control absoluto de Dios. Como nos dice las Escrituras. Proverbios 19:21 “Muchos pensamientos hay en el corazón del hombre; Mas el consejo de Jehová permanecerá.” Hermanos, podemos planificar, pero Dios tiene el derecho de desbaratar nuestros planes.  Proverbios 16:1 “Del hombre son las disposiciones del corazón; Mas de Jehová es la respuesta de la lengua.” El hombre propone, pero Dios dispone.

            Por eso, si esto es así, es absurdo hacer planes futuros sin contar con Dios. Es absurdo hacer planes futuros sin buscar la bendición de Dios. Y no la buscamos a menos que hagamos las cosas como Dios manda, en obediencia a su Palabra.

            Nuestra vida y nuestros actos dependen de Dios. Con El podemos contar todos los días de nuestra vida porque Él es un Padre que se ha reconciliado con nosotros por medio de Cristo Jesús. Podemos tener la seguridad de que Dios adelantará nuestros planes, bendecirá nuestras empresas porque por Cristo gozamos de su favor.

            Pero no perdamos de perspectiva que Dios gobierna nuestras vidas. Todo lo que sucede en ellas ha sido marcado por Dios. No solo por un Dios soberano sino por un Padre amante. Entonces, confiemos en que Dios sabe cómo gobernar nuestras vidas. Tengamos plena confianza que si Dios estorba nuestros planes Dios sabe más. No hay razón para quejarnos de Dios. ¡Aunque Dios me mate en El confiaré!

Aplicaciones:

1. La vida cristiana es una vida de humilde sumisión y dependencia de Dios. V. 16 “Pero ahora os jactáis en vuestras soberbias. Toda jactancia semejante es mala;” Dios nos llama a no jactarnos, a no enorgullecernos como si fuéramos los amos de nuestra vida. Vivamos como aquellos que reconoceos que dependemos totalmente de Dios para todo. Debemos reconocer que la victoria está en la debilidad no en el poder. Y que vivimos para El no para nosotros mismos.

2. No hay excusa para no vivir así. V. 17 “y al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.” Aparentemente los hermanos sabían que lo que Santiago les dice era cierto. Pero aun así vivían como si Dios no existiera en este mundo. A lo cual Santiago les dice: “ustedes saben esto, ustedes saben que esto es así, que así es como deben vivir. Entonces, póngalo en obra”. Porque no es suficiente que conozcan la verdad, hay que vivir la misma. De nada nos vale conocerla y no practicarla. ¿Porqué? Porque “al que sabe hacer lo bueno, y no lo hace, le es pecado.

            ¿Cómo debemos hacer planes para el futuro? Con Dios al frente en todo momento, con una clara perspectiva acerca de la vida, de nosotros mismos, de Dios y en humilde dependencia de El para todo.

Sermón: Santiago 4:11-12 No murmuréis contra tu hermano

Santiago 4:11-12 “Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez. Uno solo es el dador de la ley, que puede salvar y perder; pero tú, ¿quién eres para que juzgues a otro?”

 

            Una de las cosas de no pasan de moda es el uso de lo que llamamos en Puerto Rico el “bumper sticker”. Muchos de ustedes tienen uno en sus carros. Hubo un tiempo cuando la moda era poner los muñequitos de los miembros de la familia. Allí podías ver el papá, la mamá, los hijos, incluso los perros y gatos, que hoy día son parte de la familia. Y siempre hay un gracioso que cuando veía que la familia era grande decía: cómprense un televisor. Y me imagino que algunos de ellos responderían: “lo tenemos, pero no lo usamos”.

            Es bien común, y yo diría bastante común, que las personas les guste emitir juicio, o juzgar, sobre la forma de vida de los demás. Y en Puerto Rico hay expresiones como si tenemos más de dos hijos somos güimos.  Es común que las personas les encante meter la cuchara, como decimos aquí, sobre la forma de vida de los demás.

            De eso está hablando Santiago aquí. Veamos qué nos enseña Santiago sobre el uso de la lengua y cómo debe ser nuestro trato hacía nuestro hermano que difiere de nosotros.

            V. 11 “Hermanos, no murmuréis los unos de los otros.” El énfasis del pasaje lo es el mandamiento “no murmuréis los unos de los otros”, lo sabemos porque es lo primero que aparece en el original griego. Una traducción literal sería: “Dejen de seguir murmurando los unos de los otros”. Es decir, paren esa práctica, esa mala costumbre de estar murmurando los uno de los otros. Así que aparentemente ésta era una práctica común en la iglesia a la cual Santiago les escribe. “Ustedes son dados a quemarse los unos a los otros. Ustedes tienen esa mala costumbre de murmurar unos contra otros”, esto tiene que para ahora mismo, les dice Santiago.

            Ahora bien, qué significa murmurar. La palabra murmurar en el griego es “Katalaleite” la cual significa “hablar en contra de”. Por eso la RV2015 traduce: “no hablen mal los unos de los otros”. Y el DRAE define murmurar como: “Conversar en perjuicio de un ausente, censurando sus acciones.” ¿Qué es lo que estaba sucediendo allí? Los hermanos estaban criticándose unos a otros. Hablaban mal los unos de los otros a sus espaldas. Pero ¿qué es lo que les llevó a esto? ¿Cuál es la causa de esto? El pasaje no nos dice solo podemos especular. Posiblemente porque en medio de esa transición entre el AT y el NT, unos hermanos seguían observando las leyes ceremoniales o dietéticas del AT y otros no, y esto dio paso a críticas fuertes de parte y parte. A lo cual Santiago les dice: no murmuréis los unos de los otros. No hablen mal ni en contra los uno de los otros.

            Claro está, hay un momento cuando hablar en contra tu prójimo es necesario. Por ejemplo, en Levíticos 5:1 “Si alguno pecare por haber sido llamado a testificar, y fuere testigo que vio, o supo, y no lo denunciare, él llevará su pecado.” Aquí se le considera pecador a aquel que cuando fuere llamado a testificar de lo que vio o supo no lo denunciare, es decir, no dijera lo que vio o supo. No testificó, se quedó callado. No es pecado testificar en contra mi prójimo cuando he sido llamado a ello. Otro ejemplo, 1 Corintios 1:11 “Porque he sido informado acerca de vosotros, hermanos míos, por los de Cloé, que hay entre vosotros contiendas.” Aquí la familia de Cloé puso al tanto a Pablo de los problemas que había en la iglesia de Corinto. Pero fíjate que aquí el propósito no es llevar chismes sino la de informar a Pablo para que ayude en ese problema, de las peleas y contiendas que había en la iglesia de Corinto. Y el pasaje clásico en Mateo 18:15 “Por tanto, si tu hermano peca contra ti, ve y repréndele estando tú y él solos; si te oyere, has ganado a tu hermano.” ¿Qué debo hacer cuando mi hermano peca contra mí? ¿Ir y llevar el chisme a los demás para que piensen mal de mi hermano y bien de mí? Jesús nos dice que no. Ve a solas, nadie se tiene que enterarse, y repréndele, amonéstale en amor. No lo dejes pasar por alto. ¿Con qué fin? Para ganar a tu hermano, para que haya reconciliación. 

            Así que hay momentos cuando es lícito, es correcto hablar contra nuestro prójimo: cuando somos llamados a testificar, cuando somos llamados a informar para resolver un problema, cuando pecan contra nosotros, entre otros.

            Pero aquí Santiago nos informa que los hermanos estaban hablando uno en contra de los otros. No había intención de ayudar al hermano, no se menciona que lo que estaban criticando era que alguien había violado la ley de Dios. Estaban criticando lo que hacían los hermanos, criticando sus actos, sus motivos e intenciones.

            ¿Cuál es el principio? El principio es que no debemos hablar en contra los unos de los otros. No debemos ser chismosos. No debemos estar hablando de espaldas a nuestros hermanos. O como lo dijo Jesús en Mateo 7:1 “No juzguéis, para que no seáis juzgados.”  ¿Qué quiso decir Jesús? El no eliminó todo juicio, sino todo juicio sin misericordia. Todo juicio que se olvida que nosotros también somos pecadores como los demás. Todo juicio que es de una sola dirección. Todo juicio apresurado. Todo juicio que busca exaltarse sobre los demás y decir: yo no soy como esa persona: mira la paja de su ojo, yo no tengo pajas en mis ojos. Tienes toda la razón no tienes pajas sino un tronco en tus ojos.

            ¿Por qué no debemos murmurar los unos de los otros? Santiago no da tres razones.

I. Porque somos hermanos

            V. 11 “Hermanos, no murmuréis los unos de los otros. El que murmura del hermano y juzga a su hermano”. Tres veces Santiago usa la palabra hermanos en este versículo. “Hermanos, del hermano, a su hermano”. ¿Por qué no debemos murmurar los unos de los otros? No debemos hablar en contra los uno de los otros porque somos hermanos. Somos una sola familia. Dios Padre es mi Padre, pero también es el Padre de mi hermano. Cristo Jesús es hermano de ambos. Jesús derramó su sangre preciosa tanto por mí como por él. Él es mi Señor como lo es de mi hermano. El mismo Espíritu Santo que me santifica mora también en él. Esa misma idea la trae Pablo cuando habla de un tema similar en Romanos 14:15 “Pero si por causa de la comida tu hermano es contristado, ya no andas conforme al amor. No hagas que por la comida tuya se pierda aquel por quien Cristo murió.” Cristo murió para salvar tanto al hermano fuerte como al hermano débil. Por tanto, cómo es posible que hablemos mal contra nuestra propia familia.

            Hermanos, la iglesia no es un grupo de personas que se reúnen juntas a adorar a Dios. La iglesia es un cuerpo, es el cuerpo de Cristo. Y cada uno de nosotros somos miembros los unos de los otros. Si mi mano, mete la pata, y toca algo caliente y se quema. ¿Qué hacemos con ella? La sanamos, la curamos, buscamos que se restablezca. No le caemos a palos, ni la cortamos por lo que hizo. Es cierto nos molestamos, pero o cortamos la mano por lo que hizo. A menos, claro está que desarrolle gangrena o algo por el estilo. De igual manera tenemos hacer así con los hermanos.

            Cuando criticamos a nuestros hermanos por el hecho de criticar, aunque lo que digamos sea cierto, pecamos contra nuestros hermanos y contra Dios. La frasecita tan mencionada en Puerto Rico: a mí no me gustan los chismes, pero me entretienen, no tiene razón de ser en la vida de los cristianos.

            ¿Por qué no debemos murmurar los unos de los otros? En primer lugar, porque somos hermanos los unos de los otros, somos una misma familia. En segundo lugar…

II. Porque yo no soy juez de mi hermano

            V. 11b-12 “El que murmura del hermano y juzga a su hermano, murmura de la ley y juzga a la ley; pero si tú juzgas a la ley, no eres hacedor de la ley, sino juez. Uno solo es el dador de la ley, que puede salvar y perder”.  El que murmura de su hermano o juzga a su hermano, la conjunción “y” no aparece en el original, se opone a la ley de Dios. El que hace eso habla en contra de la ley y juzga a la ley. ¿A qué ley se refiere Santiago? El contexto de la carta nos debe llevar a concluir que se refiere a la ley moral de Dios Santiago 2:8 “Si en verdad cumplís la ley real, conforme a la Escritura: Amarás a tu prójimo como a ti mismo, bien hacéis”. ¿Qué significa murmurar de la ley y juzgar la ley? Significa dos cosas:

            (1) hablamos mal de la ley y la juzgamos al decir con nuestros actos que la ley no me aplica a mí. Yo estoy por encima de la ley. O la ley no es lo suficientemente estricta como debe ser. La ley me ordena amar a mi hermano a no murmurar contra él, pero al hacerlo decimos que estamos por encima de la ley. Al hacerlo decimos que la ley no cubre esas áreas y por lo tanto es incompleta. De esa manera murmuramos de la ley y juzgamos a la ley.

            (2) Nos hacemos señores de la ley.  Pero fue Dios quien dio la ley. El único legislador lo es Dios. Y nosotros somos llamados a obedecer la ley, a cumplir la ley. En cambio, cuando murmuramos al hermano o juzgamos al hermano nos atribuimos algo que no nos pertenece: el ser señores de la ley, creadores de la ley en vez de hacedores de la ley. Asumimos las prerrogativas que son de Dios.

            Nosotros no somos jueces de nuestros hermanos. No tenemos el derecho de condenar a nuestros hermanos porque tal oficio le pertenece a Dios. A parte de que somos incompetentes como jueces. Solo Dios conoce las intenciones del corazón, nadie posee tal capacidad. Además, nadie es más misericordioso que Dios. Por eso David prefería ser juzgado por Dios y no por los hombres.

            Solo Dios es el que salva y el que condena. Todos compareceremos al tribunal de Dios, no al tribunal de Perencejo. Y es El el único que es el juez de toda la tierra. Y es a El que daremos cuenta, porque solo Él es el Señor.

            Nuestro deber es obedecer la ley, someternos a la ley, cumplir la ley y no ser jueces de la ley ni de los hermanos.

            En tercer lugar, no debemos murmurar de nuestros hermanos…

III. Porque yo soy como mi hermano

            V. 12b “pero tú, ¿quién eres para que juzgues a otro?” ¿Quiénes somos nosotros para juzgar al hermano o juzgar al prójimo? Nosotros somos tan débiles como ellos. También tenemos los mismos defectos que los demás en diferentes áreas de la vida, pero tenemos faltas como los otros. Nadie tiene el derecho de exaltarse sobre los demás. Cuando alguno murmura de su hermano o juzga al hermano se levanta por encima de él como superior a él. Pero Dios nos llama tener la misma actitud de Cristo Jesús. Filipenses 2:5-8 “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” Aunque Jesús era Dios y por tanto exaltado sobre todas las cosas. Nada de eso impidió que se humillara haciéndose siervo para salvarnos. Jesús se humilló para exaltarnos. Ese mismo espíritu debe estar en nosotros. Por tanto, Filipenses 2:3-4 “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros.”

            La humillación de Cristo es el modelo que debemos seguir en la iglesia. Cuando lo hacemos así no habrá razones para murmurar al hermano o juzgarlo. ¿Quiénes somos nosotros para hacerlo? No somos sus dueños, no somos señores de los hermanos. Solo Dios es el Señor de todos nosotros. Eso mismo les dijo Pablo a los romanos en Romanos 14:4 “¿Tú quién eres, que juzgas al criado ajeno? Para su propio señor está en pie, o cae; pero estará firme, porque poderoso es el Señor para hacerle estar firme.” ¿Quiénes somos nosotros para juzgar a nuestro prójimo? Somos iguales a ellos, débiles, ignorantes, llenos de faltas como los demás.

 

Aplicación:

1. Hermanos, solo Dios es el Señor de la conciencia. Y Dios ha dejado libre a nuestra conciencia de toda doctrina y mandamiento humano que sea contrario a la Biblia o esté al margen de la misma. ¿Qué significa? Significa que tenemos a prender a aceptar que los demás hermanos tienen la libertad de vivir sus vidas de una manera diferente a las nuestras. Siempre y cuando no violen la ley de Dios, tienen libertad en Cristo de vivir de formas diferentes a las nuestras. Nadie tiene el derecho de decidir cómo los demás hermanos tienen que gastar su dinero, escoger la escuela de sus hijos, cuántas veces deben bañarlos, criarlos, qué marca de ropa deben vestir, qué deben hacer con su tiempo libre, cómo deben alimentar a sus hijos, cuántos viajes darán al año, cómo deben combinar los colores de su ropa (si cuadros con líneas, etc.). Nadie tiene la autoridad de imponer sus criterios personales o gustos personales sobre los demás.

            ¿Por qué no debemos murmurar del hermano? No debemos hacerlo porque es mi hermano, hueso de mis huesos y carne de mi carne en el Espíritu, porque yo no soy su juez, solo Dios lo es. Y porque yo soy como él: débil, frágil, lleno de miles defectos y virtudes. Pero, sobre todo: tenemos el mismo Padre, Cristo Jesús murió tanto por él como por mí. Y a ambos se nos dio a beber de un mismo Espíritu. Somos uno en Cristo, somos uno. Amén.