DEJEN DE SER MENTIROSOS, HABLANDO LA VERDAD Por Milton Villanueva

“Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros.” -Efesios 4:25

     Aquí el apóstol Pablo comienza a aplicar la dinámica del “quita y pon” a cosas específicas. En este caso se trata de la mentira.  La mentira es parte del ropaje de la vieja criatura.  Todo el que miente es un mentiroso. Por tanto, el cristiano no puede ser un mentiroso como los no cristianos. Aquello de que “Jorge Washington nunca dijo una mentira” es de por sí una gran mentira  -“antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso” –Romanos 3:4

     “Desechando la mentira” Así que la primera pieza de la vestidura de la vieja criatura que hay que echar a la basura es la mentira. En el original griego la palabra que ser usa para la mentira es “to pseudos”, que en buen español quiere decir falso.  Como en el caso de un escritor que usa un seudónimo, es decir que está usando un nombre falso para encubrir el suyo propio. 

     La mentira es un encubrimiento de la verdad.  Podemos hacerlo, negando, añadiendo, restando, exageran, callándola, distorsionando.  Los motivos para mentir también pueden ser varios:  no auto incriminarse, proteger una apariencia falsa, lograr un objetivo, engañar, justificarse o justificar algo, quedar bien, etc..  Pero no importa cuáles sean los motivos, en el último análisis, el mentiroso no es otra cosa que un pobre diablo engañador asustado, que no soporta enfrentar en público la verdad con que se enfrenta a solas consigo mismo.  La psicología etiqueta esta conducta persistente como una patología que se la denomina "mitomanía", un trastorno psicológico-paranoide.  La Biblia le llama por su nombre “pecado”.  Y porque corresponde a la vestimenta del viejo hombre, todo aquel que ama y practica la mentira estará excluido de la Vida Eterna – Apocalipsis  22:14-15.

     Pero un mentiroso deja de serlo, no cuando deja de mentir, sino cuando solamente dice la verdad –“desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo”.  La verdad y solamente la verdad es parte de vestimenta que le corresponde al cristiano.  Y hay otra gran razón para no mentirnos:  “porque somos miembros los unos de los otros.”  Somos miembros de Cristo y miembros los unos de los otros. Como miembros de Cristo, cuando mentimos, cometemos un sacrilegio contra lo que Él es, contra lo que nos ha hecho 

y contra los demás miembros de la misma iglesia en la que Dios nos ha puesto.  Dice Martyn Lloyd-Jones, que el que le miente a un hermano, también se está mintiendo a sí mismo que es parte del mismo cuerpo.

     Estamos de acuerdo en que se llega a ser un mentiroso por la práctica habitual de mentir.  Eso no significa que cuando nacemos de nuevo, automáticamente desaparecerá ese viejo hábito pecaminoso. Pero sí que teneos que bregar seriamente con despojarnos de algo de nuestra naturaleza pecaminosa que ya Cristo crucificó y venció en la cruz.  Tenemos que morir a la mentira y vivir para la verdad que es Cristo.  El diablo es padre de mentira, y cuando habla de mentira de sí mismo habla (Juan 8:44).  Nosotros no somos hijos del diablo sino hijos de Dios.

     Así como mentir es un hábito que tomó tiempo y práctica, decir la verdad también nos tomará tiempo y práctica para convertirse en un nuevo hábito de la nueva criatura creada a la imagen de Cristo. Posiblemente algunos debieran comenzar el cambio confesando a Dios su pecado y los hombres sus mentiras.  Y la iglesia podría ayudarlos confrontándolos con ellas, y perdonándolos.