Primera Iglesia Presbiteriana Ortodoxa: Jesús es la Verdad

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Sermón: Joel 2:12-13 ¿Qué es la Conversión?

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Sermón: Joel 2:12-13 ¿Qué es la Conversión? Pastor Roberto Quiñones

Joel 2:12-13 “Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento. 13 Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos, y convertíos a Jehová vuestro Dios; porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo.”

 

            En el día de hoy todos nosotros nos matriculamos en la escuela de explosivos. Todos vamos a ser entrenados en desmantelar bombas. Una de las cosas que debemos aprender es que no todos los cables que se corten para detener la explosión son los cables verdaderos. Hay cables que desconectan la bomba y hay cables que lo que hacen es acelerar la explosión. Así que más no vale que aprendamos cuáles son los cables correctos no sea que la bomba nos explote en la cara. Por tanto, esta clase es algo seria. Es una clase de vida o muerte. Y es una clase en la cual debemos estar súper atentos no sea que entendamos mal la clase y al final nos explote la bomba en la cara.

            El tema de hoy es la conversión.  Es un tema importantísimo. Es uno de vital importancia no solo para ti sino también para los tuyos. Y nos debe llevar a hacernos varias preguntas: ¿Me he convertido verdaderamente? ¿Son mis hijos, esposo, esposa, padre, madre, hermanos, amigos, familiares, convertidos?

            La Biblia habla sobre la conversión verdadera. Pero también habla de la conversión falsa. Jesús mismo decía lo siguiente cuando explicaba la parábola del sembrador. No toda la semilla cae en buena tierra. Hay una que cae en suelo pedregoso. Y Jesús explica qué significa eso en Lucas 8:13 “Los de sobre la piedra son los que habiendo oído, reciben la palabra con gozo; pero éstos no tienen raíces; creen por algún tiempo, y en el tiempo de la prueba se apartan.” Esto es un ejemplo de una falsa conversión. Y como esto es posible cada uno de nosotros debería preguntarse: ¿Es mi conversión una verdadera, genuina o falsa? ¿Cómo yo sé si me he convertido verdaderamente? Siendo esto tan importante para ti y para los nuestros, vamos a predicar sobre lo que es la verdadera conversión y lo que no es la verdadera conversión. Para esto Joel 2:12-13 es medular. Veamos en primer lugar lo que no es la conversión.

I. Lo que no es la Conversión

            1. La palabra de Dios por medio de Joel nos dice que no es un cambio de conducta externa V. 13Rasgad vuestro corazón, y no vuestros vestidos”. Los judíos, como parte de su cultura, cuando había algo que les afligía, les molestada o era algo terrible, lo manifestaban rasgando su ropa. El rasgar su ropa era supuestamente una forma externa de demostrar su enojo en el corazón. Pero aquí Dios nos dice que la verdadera conversión no es rasgar el vestido y sino “rasgar el corazón”.

            Hay muchos que piensan que convertirse es meramente dejar de hacer las cosas malas. Ya no voy a fumar, ir a los bailes, ir al cine, dejar de ver películas pornográficas, dejar de hablar malo, etc. Pero eso no es la conversión. La conversión verdadera no es dejar de hacer lo malo por dejar de hacer lo malo, sea porque me dicen que eso es malo o porque yo haya llegado a creer que eso es malo. Toda esa forma de actuar no necesariamente es conversión.

            Una persona puede creer que es convertida porque ha dejado de hacerlo malo y ahora hace lo que es bueno. Ahora voy a la iglesia, leo la Biblia, hablo como “cristiano”. Llamo a las mujeres varonas y a los hombres varón. Cuando escucho un sermón digo: me estoy gozando del sermón. Nada de eso es sinónimo de genuina conversión. Toda esa conducta es meramente externa y no es equivalente a ser convertido.

            Si te das cuenta la conversión es algo del corazón, de nuestra alma, de la fibra más profunda que define lo que somos: “Rasgad vuestro corazón”.

            2. No es un cambio parcial V. 12 “convertíos a mí con todo vuestro corazón”. Hay algunos que no se convierte con todo el corazón. Algunos se convierten con los pies solamente: ahora asisten a la iglesia. O se convierten de los ojos solamente: ahora no voy al cine, o no veo películas clasificadas R. O se convierten de los labios solamente: ya no digo malas palabras. O se da una combinación de algunas de ellas.

            Yo me acuerdo cuando adolescente lo estricto que yo era. Cuando iba a jugar baloncesto yo les decía a mis amigos que me iba a ir y llevar mi bola de baloncesto si ellos hablaban malas palabras. Y tan pronto alguien hablaba malo yo me iba. Pero no me motivaba el amor a Dios ni la gracia de Dios. estaba buscando salvarme por las obras y no por la gracia de Dios.

            La conversión verdadera afecta a todo nuestro ser. No hay verdadera conversión si no es una con todo nuestro corazón. Cuando nos rendimos total y absolutamente a Dios para salvación y vida.

            3. No es un cambio producido solo por ver la ira de Dios “Por eso pues, ahora,”. Cuando dice “Por eso pues, ahora” del versículo 12 conecta este versículo con los primeros 11 del capítulo 2. Y al principio de este capítulo Joel nos habla del día de Jehová. Y ese día de Jehová en el contexto inmediato es cuando Dios visite con su ira a las naciones que han perseguido a Israel. Pero en el caso de Joel Dios revela que su ira se derramará incluso sobre su pueblo no convertido verdaderamente. 

            Ese día es un día terrible. Mira cómo es descrito por Joel y otros profetas. Joel 2:2 “Día de tinieblas y de oscuridad, día de nube y de sombra”. V. 11 “grande es el día de Jehová, y muy terrible; ¿quién podrá soportarlo?” Sofonías 1:15 “Día de ira aquel día, día de angustia y de aprieto, día de alboroto y de asolamiento, día de tiniebla y de oscuridad, día de nublado y de entenebrecimiento,” Amós 5:18 “¡Ay de los que desean el día de Jehová! ¿Para qué queréis este día de Jehová? Será de tinieblas, y no de luz;”  

            Hermanos, Dios juzgará a todos los seres humanos. Y todos los que no se hayan convertido a Jesús serán destruidos. Y como esto es cierto Joel dice: V.11-12 “porque grande es el día de Jehová, y muy terrible; ¿quién podrá soportarlo? 12 Por eso pues, ahora, dice Jehová, convertíos a mí con todo vuestro corazón, con ayuno y lloro y lamento.” Todo el mundo sabe que hay un infierno. Y como es tan terrible nadie quiere hablar de eso. Y muchos cambian su forma de ser y comportarse porque no quieren ir al infierno. Pero eso no es una genuina conversión. No es un cambio producido por ver la ira de Dios meramente y así evitar el castigo.

            Es cierto que Joel nos dice que el contemplar la realidad de la ira de Dios en el juicio final es un motivo para convertirnos, pero no es el único motivo en le verdadera conversión. Si el terror que infunde el infierno te motiva a buscar de Dios eso es bueno. Es como cuando un doctor le dice al paciente: no puedes regresar a tu casa hoy, tienes que ir inmediatamente al hospital o no verás el día de mañana. El paciente puede decir: pero doctor no me asustes. Si es bueno y necesario para ti, entonces el susto es bueno.  

            Ahora bien, entonces qué es la verdadera conversión.

II. Lo que sí es la Conversión

            1. Es un cambio total del corazón “convertíos a mí con todo vuestro corazón”. Todo nuestro corazón significa todo nuestro ser: nuestra mente, nuestra voluntad, nuestras emociones, nuestros valores, nuestra forma de ver la vida, la esencia de nuestro ser, de lo más profundo de nuestro ser y que nos define lo que somos. Es un cambio total de vida. Tan es así que es llamado en la Biblia “un pasar de muerte o vida”. Es un pasar “del reino de Satanás al reino del Señor Jesucristo”. Ahora El es mi Señor y Dueño y yo le pertenezco a El en cuerpo y alma.

            Mi alma le pertenece porque El la ha redimido. Y ahora hablar de Jesús, pensar en Jesús, consagrarme a Jesús, vivir para El es mi pasión. Mi corazón tiene ahora un solo dueño y ese es Jesús. Es un cambio de 180 grados. Cambia totalmente la dirección de nuestra vida.  

            Y ese cambio es acompañado con dolor y odio por el pecado “con ayuno y lloro y lamento”. Pero es dolor y odio por el pecado como pecado (por lo sucio y odioso que es) y no meramente por el castigo y las consecuencias del pecado (problemas, pérdida de dinero). Yo conocí a una mujer que avergonzada por haber abortado comenzó a ir a la iglesia. Pero su sentido de culpa no era porque el pecado en sí mismo es odioso ya que ofende a Dios sino por la vergüenza de que ella no había sido criada así. La conversión nos lleva a odiar el pecado porque es una ofensa a mi Esposo que me ama y yo deseo agradarle en todo. Y odio lo que El odia al igual que amo lo que El ama.

                        La verdadera conversión conlleva un apartarse del pecado. 1 Juan 3:9 Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. Una vida que no se aparte del pecado no ha conocido a Dios salvadoramente.

            2. Es una conversión hacia Jehová “convertíos a Jehová vuestro Dios”. El no creyente no tiene a Dios como su Dios. Podrá profesar su fe en Dios, podrá hacerse miembro de la iglesia, incluso podrá ser bautizado, pero Dios no reina supremo en su vida. En cambio, en la conversión verdadera el creyente escogerá Dios como su Dios. Ahora Dios es lo más importante en su vida. Y todas las cosas giran alrededor de Dios. Procura con plena resolución de vivir para El y solo para Él. Como dice el Salmo 73:25-26 “¿A quién tengo yo en los cielos sino a ti? Y fuera de ti nada deseo en la tierra. 26 Mi carne y mi corazón desfallecen; Mas la roca de mi corazón y mi porción es Dios para siempre.”

            3. Es un cambio producto de ver la ira y la misericordia de Dios. La verdadera conversión reconoce la realidad de que Dios es un Dios airado contra el pecado. Y sabe que Dios tiene toda la razón del mundo para castigarlo. El ve que sus pecados merecen castigo. Que su vida es una sucia por causa del pecado. Y está consiente que si no se convierte será condenado. Pero junto con ello ve que Dios es un Dios de perdón. Y por la fe ve la misericordia y compasión de Dios en Cristo a los que se arrepienten. V. 13 “porque misericordioso es y clemente, tardo para la ira y grande en misericordia, y que se duele del castigo.” Él cree lo que la Palabra de Dios dice acerca de Dios. Ve que Dios ha venido a buscar y a salvar lo que se ha perdido. Que Dios es misericordioso, que El es compasivo. Que Dios se duele del castigo, pero que nunca considerará inocente al impío y pecador. Ve que Dios desea salvar y se goza en salvar. Que no hay pecado horrible que Dios no pueda perdonar. Que en Cristo Jesús Dios ha provisto salvación y perdón para siempre. Que su perdón es pleno y total. Que El nunca se acordará de sus pecados jamás. Y que nos da el privilegio de ser sus hijos y heredar la vida eterna.

            4. Es un cambio producido por la gracia de Dios, su Palabra y Espíritu. Hay algo importante que tener presente. La conversión es nuestra responsabilidad. Somos nosotros los que nos hemos desviados y somos nosotros los responsables en venir a Cristo para tener vida. Pero este venir es la obra de Dios en nosotros por medio de su Palabra y Espíritu. Nadie tiene el poder para convertirse por sí mismo. En última instancia es Dios quien nos convierte. Fue Jesús mismos quien dijo en Juan 6:44 “Ninguno puede venir a mí, si el Padre que me envió no le trajere; y yo le resucitaré en el día postrero.” Cuando Pedro confesó que Jesús es el Cristo, el Hijo del Dios viviente, Jesús dijo, Mateo 16:17 “Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos.”

            ¿Qué es la conversión entonces? Es un cambio producido en la vida de un creyente por medio de la Palabra y el Espíritu de Dios, cambiando a la persona totalmente en un verdadero adorador de Dios. Es un cambio del corazón al ver no solo la ira de Dios por el pecado sino la misericordia de Dios en Cristo a los que se arrepienten. Es una transformación total y que lleva a abrazar a Dios con toda el alma y a consagrar nuestra vida absolutamente a su voluntad.