¿Era posible que Jesús pecara?

Posted on Sunday, March 22, 2009 at 10:04PM by Registered CommenterRev. Milton Villanueva | CommentsPost a Comment

Esta pregunta no puede ser contestada por una declaración directa de las Escrituras. Tenemos que deducirlo de la Biblia usando el principio interpretativo “por buena y necesarias consecuencias”.

Por un lado, nadie afirmaría que siendo Jesús ciento por ciento Dios (Juan 1:1) pueda pecar. Dios no puede pecar. Al mismo tiempo, sin embargo, la Biblia dice que Jesús tomó para sí mismo la verdadera naturaleza humana. Él estuvo en la misma condición y situación de Adán antes de pecar. Pero distinto a Adán, él también poseía una naturaleza Divina incapaz de pecar. Cristo fue hecho en todo semejante a nosotros pero sin pecado (Hebreos 4:15). Eso no quiere decir que no pudiera ser tentado por el diablo, pero no podía pecar. Las razones son:

1. Era el plan de Dios desde la eternidad que Jesús nunca pecara.

2. Jesús sabía la terrible calamidad que el pecado de Adán había causado al mundo, y él vino a revertir esa realidad.

3. La naturaleza humana en Cristo es distinta a la Divina, pero no está separa de ella en su persona como Hijo de Dios.

4. Él sabía que era la voluntad del Padre que resistiera y venciera la tentación.

5. Jesús sólo escogió desde la eternidad hacer la voluntad de Dios, y sólo en hacerlo estaba su placer.

Ahora bien, de ninguna manera caigamos en el error de minimizar la tentación de Jesús. Cierto es que él no tuvo una naturaleza pecaminosa como nosotros que lo atrajera hacia el pecado, pero eso no quiere decir que Satanás en persona no le pusiera más presión en la tentación que a nosotros. Él, al igual que el primer Adán antes de la caída, no tenía una naturaleza pecaminosa, pero eso no quiere decir que no fuera tentado por el mismo diablo más de lo que fue Adán. A mayor resistencia, mayor debió ser la fuerza e intensidad de la tentación.

Finalmente, no olvidemos que Cristo no pasó como el primer Adán por un periodo de prueba para escoger entre la obediencia y la desobediencia. Cristo vino a obedecer al Padre venciendo el pecado y la tentación. A garantizar para su pueblo la victoria sobre el pecado y Satanás. En el último análisis, Cristo no tuvo la habilidad de pecar, sino la habilidad de no pecar por tener en su persona una naturaleza humana inseparablemente unida a la Divina.

Fe en el Poder Sanador

Posted on Sunday, March 8, 2009 at 10:03PM by Registered CommenterRev. Milton Villanueva | CommentsPost a Comment

Pregunta: ¿Cree la OPC que la fe en el poder sanador de Dios en todas las áreas de la vida en este mundo es aplicable hoy a quienes creemos que se nos ha dado autoridad por medio de Jesús para hacerlo?

Respuesta: La respuesta es ”Sí”. Pero debemos aclarar que hay mucha confusión respecto a la manera de entender esto con respecto a la oración y la sanidad, por lo cual necesitamos aclararlo. Aún Pablo el gran Apóstol no recibió sanidad aunque se la rogó a Dios en tres ocasiones (2 Corintios 12:8). Esto nada tenía que ver con que no tuviera suficiente fe, ni que no creía en el poder de Dios para sanar. No perdamos de vista que no siempre el Señor contesta que “sí” a nuestras oraciones. En este caso la contestación a Pablo fue en la negativa. Pablo tuvo que aprender que aún en medio de la enfermedad o los ataques diabólicos, la gracia de Dios es suficiente.

 

Otro error es pensar que nosotros hoy día podemos esperar hacer todo lo que los apóstoles de Jesús hicieron, tal y como está registrado en el Nuevo Testamento. En dos ocasiones, por lo menos, Pedro y Pablo resucitaron muertos (Hechos 9:36-42 y 20:9-10). No tenemos registros creíbles de resurrecciones como estas aparte de las registradas en la Biblia. El Nuevo Testamento se refiere a estos hechos como “señales de los apóstoles” (2 Corintios 12:12). Hubo milagros y señales sobrenaturales que fueron hechas en ese contexto “por la mano de los apóstoles” (Hechos 5:12). Esperar la repetición de estas cosas es como esperar que otra virgen conciba y de a luz como María lo hizo.

 

Esto no significa, sin embargo, que Dios no sana. Él lo hace. La iglesia tiene instrucciones claras “¿Está alguno enfermo entre vosotros? Llame a los ancianos de la iglesia, y oren por él, ungiéndole con aceite en el nombre del Señor.” (Santiago 5:14). Notemos que hay una acción corporativo “los ancianos”, no necesariamente ninguno en particular. El problema que tenemos hoy día es que tenemos “sanadores” sueltos e independientes, que no se sujetan a nada ni a nadie, y que usan sus supuestos ministerios de sanidad y milagros (que correspondían exclusivamente a los apóstoles) para derivar fama, autoridad y fortuna. Como alguien dijo: “Dios sigue siendo soberano, y puede hablarnos hasta por medio de una mula, pero ninguna iglesia invita a una mula para predicar cada domingo.”

Tomado y adaptado de la Revista New Horizons OPC

Posted on Sunday, March 1, 2009 at 09:00PM by Registered CommenterRev. Milton Villanueva | CommentsPost a Comment

Pregunta: ¿Podría explicar el punto de vista distintivo Presbiteriano/Reformado de la “Presencia Real” en la Cena del Señor, y lo que eso implica?

Respuesta: Calvino, Lutero y Zuinglio, asumieron diferentes posiciones al respecto en respuesta a los abusos que estaban siendo enseñados por la iglesia Católica. El punto de vista de la iglesia Católica sirvió de trasfondo, según el cual cuando el sacerdote pronuncia la bendición sobre los elementos, el pan y el vino, hay una misteriosa transformación de estos en el cuerpo y la sangre de Cristo. A esto se le llama transubstanciación. Ellos consideran a Cristo presente en la comunión para ser sacrificado una vez tras otra en el oficio de la misa.

Sin embargo, la Palabra de Dios enseña que Cristo se “ofreció una vez para siempre”, y eso fue en la cruz. (ver Hebreos 9 y 10, especialmente 9;24-28).
24For Christ did not enter a man-made sanctuary that was only a copy of the true one; he entered heaven itself, now to appear for us in God's presence. 25Nor did he enter heaven to offer himself again and again, the way the high priest enters the Most Holy Place every year with blood that is not his own. 26Then Christ would have had to suffer many times since the creation of the world. But now he has appeared once for all at the end of the ages to do away with sin by the sacrifice of himself. 27Just as man is destined to die once, and after that to face judgment, 28so Christ was sacrificed once to take away the sins of many people; and he will appear a second time, not to bear sin, but to bring salvation to those who are waiting for him.


La idea de la transubstanciación y la repetición del sacrificio de Cristo en la misa fue rechazada por las todas las mayores ramas de los reformadores. Zuinglio asumió el punto de vista que mantienen la mayoría de las iglesias evangélicas hoy. Básicamente Zuinglio sostuvo que la Cena del Señor era un “memorial” o “recordatorio” de algo que había ocurrido.

Lutero sostuvo que Cristo está presente “en, con y debajo” los elementos. Este punto de vista se conoce como la “consubstanciación”. El problema cristológico que esto presenta es uno de “ubicuidad”, es decir, si el cuerpo de Cristo está en el cielo, y aunque está glorificado no deja de ser un cuerpo humano, no puede convertirse en uno omnipresente y estar en más de un lugar a la misma vez.

Calvino, y aquellos que caminan en su misma dirección, representan la posición más bíblica, clara y provechosa de esta polémica. Mientras negó que los elementos mismos sufrieran algún cambio, él argumentó fuertemente que Cristo está verdaderamente presente por su Espíritu en tal forma que su presencia es real en la Cena del Señor, pero espiritualmente. La Cena del Señor, de acuerdo a Calvino y la enseñanza Reformada es que tenemos un encuentro único con el Cristo resucitado, quien promete nutrir las almas de su pueblo a la vez que participamos de él por la fe. Lea la Confesión de Fe de Westminster, Capítulo 29, Artículo 7. Para un estudio más detallado recomendamos el libro Given for You: Reclaiming Calvin’s Doctrine of the Lord’s Supper por Keith Mathison, publicado por P & R Publishing.