¡CUIDADO CON LO QUE DICES! Por Milton Villanueva

Posted on Saturday, October 24, 2009 at 10:57PM by Registered CommenterRev. Milton Villanueva | CommentsPost a Comment

“No salga de vuestra boca ninguna palabra mala, sino sólo la que sea buena para edificación, según la necesidad del momento, para que imparta gracia a los que escuchan.” -Efesios 4:29

     Para hablar de este tema yo tengo mis credenciales.  Fui criado en un ambiente donde se hablaban todas las malas palabras y maldiciones imaginables, las cuales aprendí bien.  Y entrando a la adolescencia, equivocadamente pensaba que decirlas me hacía sentir o lucir ante los demás como más machito.  Afortunadamente, cuando el Señor llegó a mi vida y me hizo nacer de nuevo, ese hábito pecaminoso de mi vida cambió milagrosamente.  No puedo decir que soy perfecto en esto, pero puedo asegurar que ha sido una rarísima excepción que se me haya zafado alguna.  De esto pueden dar testimonio mi esposa, hijos y todo el que haya tratado conmigo. 

     Debido a esto tengo que confesar lo chocante que me resultan las malas palabras, sobre todo cuando son proferidas por cristianos, y más lamentablemente por compañeros ministros.  Por otra parte, también tengo que confesar mi admiración y respeto por aquellos cristianos y ministros que tienen esta área de sus vidas bajo lo que constituye la ética cristiana de la comunicación.

     Ahora bien, en honor a la verdad tenemos que reconocer que limitar este pasaje a las malas palabras no le hace justicia al texto bíblico.  Tenemos que considerar este asunto dentro del contexto más amplio:

  • Lo que revelan nuestras palabras – “de la abundancia del corazón habla la boca.”
  • Las consecuencias de nuestras palabras – edifican o destruyen, bendicen o maldicen, ofenden o animan.
  • La intención de nuestras palabras  - por qué decimos lo que decimos.
  • Lo oportuno o inoportuno de nuestras palabras – hay que saber cuándo hablar y cuando callar.
  • Lo adecuado de nuestras palabras – si son conforme a la palabra de Dios, y si sirven a la necesidad del oyente.
  • La naturaleza de nuestras palabras – corrompidas o buenas.

Pero, sobre todo, nuestras palabras hablan de nosotros mismo y de nuestra madurez cristiana:  “Si alguno no ofende en palabra, éste es varón perfecto, capaz también de refrenar todo su cuerpo.” –Santiago 3:2

EL MANEJO CRISTIANO DE LA IRA Por Milton Villanueva

Posted on Sunday, September 20, 2009 at 10:54PM by Registered CommenterRev. Milton Villanueva | CommentsPost a Comment

“Airaos, pero no pequéis, no se ponga el sol sobre vuestro enojo,

ni deis lugar al diablo.” -Efesios 4:26

     Dios no nos prohíbe airarnos, sino que nos manda a no pecar cuando lo estamos.  Y es que la ira es parte del equipo original con que fuimos dotados por Dios.  La Biblia nos habla ampliamente de la ira de Dios, sin atribuirle ningún pecado. Nuestro Señor Jesucristo actuó airado cuando limpió el templo de los mercaderes.  El día que los seres humanos perdamos la capacidad de indignarnos contra el mal, la injusticia, la corrupción y toda otra expresión de pecado, será porque habremos llegado a la profanación más terrible de la imagen de Dios conforme a la que fuimos creados. Posiblemente no haya un lado más oscuro de una persona, ni una peor imagen de ella, que verla bajo el control absoluto de la ira.

      Lo que la Palabra de Dios nos advierte es a no dejar que nuestra ira nos haga pecar.  Cuando en vez de tener la ira bajo control, ella llega a controlarnos, el pecado está a la puerta, y no tardará en enseñorearse de nosotros.  Podremos racionalizarla diciendo que “somos así”, que “es algo hereditario”, que “no nos podemos contener”, pero nada de eso justifica una ira descarriada, explosiva, ventilada, fuera de control, hiriente y destructiva. Cuando la ira nos maneja a nosotros, estamos pecando. Cuando tratamos de controlar a otros con nuestros predecibles arranques de ira, estamos pecando.

     Pero, la internalización de la ira, también es pecado. Es el uso auto destructivo de la ira. El mutismo obstinado es como tragar fuego. Esto produce amargura, resentimiento y raíz de amargura que nos contamina personalmente y a otros, también.

      El manejo cristiano de la ira presupone tenerla bajo control y usarla adecuadamente -“Airaos, pero no pequéis.”  Lo primero que no nos debe impedir la ira es amar porque “el amor cubrirá multitud de faltas”.  Si la falta no puede ser cubierta por el manto del amor, entonces debemos orientar nuestra ira en la búsqueda de una solución al problema, que es algo muy distinto al ataque personal.  De lo contrario podemos caer en acciones destructivas o hipócritas.

      El manejo cristiano de la ira no impone un control en la forma de comunicarla: nada de agresiones verbales o malas palabras.  Un control de tiempo:  “No se ponga el sol sobre vuestro enojo.”  Y un control sobre las ventajerías que pueda tomar el diablo: “ni deis lugar al diablo.”  No olvidemos que el es el acusador de

nuestros hermanos.  Que la especialidad del diablo es hurtar, matar y destruir.  Y los cristianos no podemos jugar de ese equipo, porque el que no recoge con el Señor, desparrama.

     Si no estás manejando la ira como Dios manda, estás pecando contra Dios, pecando contra el prójimo y pecando contra ti mismo.

     Tienes un problema con Dios que se arregla con arrepentimiento, confesión y perdón.

     Tienes un problema con el prójimo que se arregla con buena comunicación y reconciliación.

     Tienes un problema contigo que se arregla cambiando ese mal hábito pecaminoso de la vida antigua, por el que Dios ha diseñado para que sus hijos sean felices.

     Identifica tus fuentes de ira:  maltrato físico y verbal, infidelidad, divorcio, fracaso, pérdidas, problemas de los hijos, la injusticia, etc., y considera la forma inapropiada que has bregado con ella.   Recuerda que nada de esto en realidad te da ira, tú eres quien te airas o te dejas airar.  Asume responsabilidad sobre tu ira, manejándola como Dios manda en su Palabra.  Esto tiene que ver con la gloria de Dios, tu felicidad, y la de otros.

Renunciando a la Idolatría del Dinero by Eduardo Flores

Posted on Sunday, June 7, 2009 at 11:25PM by Registered CommenterRev. Milton Villanueva | CommentsPost a Comment | References1 Reference

Si puse en el oro mi esperanza, Y dije al oro: Mi confianza eres tú; Si me alegré de que mis riquezas se multiplicasen, Y de que mi mano hallase mucho; Si he mirado al sol cuando resplandecía, O a la luna cuando iba hermosa, Y mi corazón se engañó en secreto, Y mi boca besó mi mano; Esto también sería maldad juzgada; Porque habría negado al Dios soberano” Job 31: 24-28

     ¿Cuántos de nosotros no hemos deseado tener el auto último modelo, vivir en una mansión, poder salir de paseo y gastar dinero sin tener que preocuparse por el mañana? Si ponemos la mano en nuestro corazón, muchos de nosotros levantaríamos la mano aceptando que así hemos vivido. El amor al dinero ha traído destrucción en la vida de muchas personas, e inclusive en la vida de muchas iglesias “cristianas”. Este mal ha calado en el cristianismo y ahora vemos doctrinas en donde se enseña la “prosperidad material” que según los hombres que así lo enseñan, Dios quiere darnos.  El deseo por las riquezas ha causado divorcios, división familiar, en fin muchos males. Familias enteras se pelean por ver quien se queda con la mejor parte del legado de algún familiar que ha muerto. Verdaderamente es algo trágico.

Ningún siervo puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas.” Lucas 16: 13

Cuando leemos Éxodo 20 comprendemos que Dios nos exige que le adoremos únicamente a Él. Nos dice claramente que NO debemos tener otros dioses. Pero, ¿cómo se convierte el dinero en un dios? El amor a ser rico, nos transforma. En algunos casos entregamos nuestra vida al trabajo para hacer dinero; en otros casos delinquimos para ganar dinero fácil; hacemos negocios sucios para ser ricos; y perdemos de vista a Dios. En otras palabras, ese amor al dinero, nos hace olvidar que Dios es el dueño de nuestras vidas y que el único fin por el cual fuimos creados fue para alabarle y adorarle. Si trabajamos en exceso, nos gana el cansancio y no tenemos tiempo para estar en contacto con Dios diariamente; si delinquimos es porque no tenemos a Dios como ser supremo en nuestra vida y por ello nos dedicamos a hacer lo malo. Lo importante es que comprendamos que si rompemos el primer mandamiento de Dios, de seguro pecaremos.

LO QUE ES UN APÓSTOL

Posted on Sunday, March 22, 2009 at 09:56PM by Registered CommenterRev. Milton Villanueva | CommentsPost a Comment

1. La palabra “apóstol” (en griego apóstolos) quiere decir: uno que es enviado; normalmente se interpreta como “uno enviado para cumplir con una función especial en la iglesia”.

2. La primera mención del título aparece a principios del ministerio de Jesús: Lucas 6:12-13: En aquellos días él fue al monte a orar, y pasó la noche orando a Dios. Y cuando era de día, llamó a sus discípulos, y escogió a doce de ellos, a los cuales también llamó apóstoles (véanse Mateo 10:1-4 y Marcos 3:13-19). Se trata de un nuevo y distintivo llamamiento por parte de Jesucristo. No era un llamado general, abierto a cualquiera, sino sumamente específico y particular. Incluyendo a Pablo, que se refiere a sí mismo como “el último y el más pequeño de los apóstoles” (1 Corintios 15:7-9)

3. Convencidos de que el número de doce apóstoles era importante, tras la muerte y ascensión de Jesús, los once que quedaban se reunieron en Jerusalén (Hechos 1:12-26) para elegir al sucesor de Judas Iscariote. Eligieron a Matías. En el proceso, especificaron cuidadosamente los requisitos para ser apóstol:

• Tenía que haber convivido con los doce desde el bautismo de Jesús.

• Tenía que haber sido testigo de la muerte y ascensión de Jesús.

• Tenía que haber sido testigo de la resurrección de Jesucristo.

En 2 Corintios 12:12 se menciona otro requisito de un verdadero apóstol: las señales autenticadoras – “Entre vosotros se operaron las señales de un verdadero apóstol, con toda perseverancia, por medio de señales, prodigios y milagros.” Estas señales fueron hechas por los apóstoles para confirmar la verdad del evangelio y dar testimonio de la resurrección de Cristo de la cual ellos eran testigos y predicaban como algo esencial; y también eran señales propias y particulares de los verdaderos apóstoles (Hechos 2:43; 14:3; Hebreos 2:3 y 4) que pusieron el fundamento de la iglesia de una vez y para siempre.

4. Es interesante observar que cuando Jesucristo llama a Saulo de Tarso (ya que este no había gozado de las mismas experiencias que los primeros doce), lo hizo mediante una aparición especial; además, le dio tres años de revelación especial en el desierto de Arabia (Gálatas 1:11-19), y una comisión particular para que fuese apóstol a los gentiles (Gálatas 1:1; Hechos 22:17-21; 26:16-18; 1 Corintios 9:1; 15:8).

La Palabra de Dios no enseña ni la sucesión apostólica, ni la existencia de profetas contemporáneos como lo enseñan la Iglesia Católica Romana y Coalición Internacional de Apóstoles (ICA).

Respuesta a algunos argumentos usados a favor de la ordenación femenina

Posted on Sunday, March 15, 2009 at 09:53PM by Registered CommenterRev. Milton Villanueva | CommentsPost a Comment

En este artículo analizaremos los argumentos generalmente empleados en favor de la ordenación de mujeres.

Pregunta #12 Pablo escribía sus cartas para atender problemas locales y específicos. ¿Cómo podemos aplicar hoy lo que Pablo escribió si las situa-ciones y contextos son diferentes?

Respuesta: Casi todos los libros del Nuevo Testamento fueron escritos en respuesta a alguna situación específica en una o más de las comunidades cristianas del siglo 1. Pero los que defienden la ordenación femenina no dirían por esto que nada del Nuevo Testamento se aplica a las iglesias cristianas de hoy. La carta a los Gálatas, por ejemplo, en que Pablo defiende la doctrina de la justificación por la fe sola, fue escrita para combatir el legalismo de los judaizantes que procuraban desviar las iglesias gentiles de Galacia a mediados del siglo 1. ¿Nos atreveríamos a decir que la enseñanza de Pablo sobre la justificación por la fe no tiene relevancia hoy por haber sido enseñada en reacción a una herejía que afligía las iglesias en el siglo 1? El punto es que existen principios y verdades permanentes que fueron transmitidos para atender las cuestiones locales, culturales y pasajeras. Pasan las circunstancias históricas, mas el principio teológico permanece. La conducta inadecuada de las mujeres en las iglesias de Corinto y Éfeso, a quienes Pablo escribió indicando que se quedaran calladas en la Iglesia, fue un momento histórico definido, pero los principios aplicados por Pablo para resolver los problemas causados por estas actitudes permanecen válidos. O sea, la enseñanza que las mujeres deben estar sumisas al liderazgo masculino en las iglesias y en las familias, sin ocupar posiciones de liderazgo y gobierno, es el principio permanente y válido para todas las épocas y culturas.

Pregunta #13 ¿Dónde se encuentra en la Biblia que solamente los hombres pueden ser pastores, presbíteros y diáconos


Respuesta: Los textos más explícitos son Hechos 6:1-7; 1 Timoteo 2:11-15; 1 Corintios 14:34-36 y 1 Corintios 11:2-16. Algunos de estos pasajes fueron analizados con más profundidad en los capítulos anteriores. Además, la relación intrínseca entre la familia y la Iglesia muestra que aquél que es cabeza en la familia (Efesios 5:21-33) también debe ejercer el liderazgo en la Iglesia.

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