EL GRAN DISCIPULADOR JUAN 1:35-49 Por Milton Villanueva

Posted on Sunday, January 24, 2010 at 03:55AM by Registered CommenterRev. Milton Villanueva | CommentsPost a Comment

Está claro que Jesucristo vino al mundo a salvare a los pecadores. Que esta es la buena noticia que debe ser proclamada a toda la humanidad. Que la forma o método que el Señor usó para lograr su propósito fue, es y será el discipulado. Aunque su ministerio público tuvo la duración limitada de 3 años aproximadamente, se redujo a una relativamente pequeña área geográfica, se concentró en un pequeño grupo de personas y no contó con los medios de comunicación que tenemos hoy, podemos decir que su propia generación fue enteramente evangelizada. ¿Cómo lo hizo? Sencillamente, mediante la formación de discípulos.

Hay tres elementos sumamente importantes de la actividad discipuladora de nuestro Señor Jesucristo que queremos considerar aquí, porque son principios permanentes que debe tomar en cuenta toda iglesia que desee cumplir fielmente con su mandato: “vayan y hagan discípulos de todas las naciones… enseñándoles a obedecer todo lo que les he mandado a ustedes.”-Mateo 28:19-20

  1. MODELANDOLES UNA VIDA CON UN IMPACTANTE ATRACTIVO ESPIRITUAL

El primer punto de referencia que tenemos en todo este proceso de discipulado de Jesús es una vida espiritual impactante. El primer impacto se lo llevó Juan el Bautista, que hasta entonces vociferaba como una fiera en el desierto. La presencia de Jesús le impresionó tanto espiritualmente, que sufrió un cambio radical; de autoritario bautizador, insistía ahora en ser bautizado por Él.

Al otro día de su bautismo, y estando Jesús lleno del Espíritu Santo, fue identificado nuevamente por Juan el Bautista ante sus discípulos. Su presencia en aquel lugar cautivó de tal manera a dos de ellos, que no pudieron resistir la fuerza de su atractivo espiritual. Desde entonces comenzaron a seguirle y le expresaron su deseo de estar con él: - “Maestro, ¿Dónde vives?” Jesús los llevó consigo, y se quedaron con él.

La impresión que causó su vida en ellos fue tal que Andrés no pudo contener el impulso de ir en busca de su hermano Pedro para contarle de su hallazgo. Habiendo encontrado a Pedro, lo trajo a Cristo. A su encuentro su vida fue transformada. Y así, por el estilo, se sumó Felipe al primer grupo de discípulos. Este fascinado con Jesús encontró al escéptico Natanael, a quien por la lógica y razón no pudo convencer. Entonces le invito a conocerle personalmente. Frente a Jesús, Natanael exclama: “Rabí, tú eres el Hijo de Dios; tú eres el Rey de Israel.” Una vida espiritual atractiva y cautivante es el primer recurso y el mejor argumento en la tarea de discipulado.

Desde el punto de vista del discipulado, el aspecto más importante, fascinante y cautivante de Jesús fue su misma vida, lo que él era. Hasta ese momento no había predicado ningún gran mensaje ni había realizado ningún milagro. Su vida era su primer mensaje. Él no era un especialista más, era un ser especial. Lo mismo rige para el discipulado hoy. El punto de partida de la tarea discipuladora no es un programa o imposición eclesiástica. Tiene que surgir del impacto de una vida espiritual. Que la gente quiera estar con nosotros porque pueden percibir al Señor en nosotros. Que reconozcan en nosotros más que la autoridad oficial, la autoridad espiritual que proviene de nuestra relación con Jesús.

Entonces, TODO PROCESO DE DISCÍPULADO COMIENZA CON UNA VIDA ESPIRITUAL IMPACTANTE Y CAUTIVADORA QUE PROVOQUE A LA GENTE A QUERER ESTAR CON NOSOTROS COMO LOS DISCÍPULOS DE JUAN ANHELARON ESTAR CON JESÚS. La clave para lograrlo es estar en más íntima comunión con el Señor, y dejar que natural y espontáneamente la frescura de nuestra vida espiritual trascienda a otros.

 

SOMOS EL AROMA DE CRISTO 

Posted on Sunday, January 17, 2010 at 03:53AM by Registered CommenterRev. Milton Villanueva | CommentsPost a Comment

“Haced Discípulos”

“La Única Manera Bíblica para Formar una Iglesia Bíblica.”

SOMOS EL AROMA DE CRISTO

“y, por medio de nosotros, esparce por todas partes la fragancia de su conocimiento.  ...somos el aroma de Cristo.” 2 Cor. 2:14-15

     Mi esposa  y yo tenemos que usar diariamente el ascensor de nuestro condominio, ya que vivimos en un apartamento del noveno piso.  A menudo nos percatamos de los olores que dejan impregnados los usuarios que nos precedieron.  Algunas veces son agradables perfumes, pero otras, el aliento inmundo o el olor peculiar de algún perro flota en el ambiente cerrado de la cabina en la cual viajamos.

     Los discípulos de Cristo estamos llamados a ser el aroma de Cristo. Un aroma que queda impregnado en nuestras vidas por su presencia y relación devocional con él.  Un aroma que inevitablemente será percibido entre los que se salvan y entre los que se pierden con resultados diferentes.  Pero, es imposible que si hemos estado con él, su aroma pase por desapercibido a los demás.

      Para ser un discípulo de Cristo es inevitable entrar en una relación personal con él y mantenerla.  Esa relación se da en el contexto de la vida devocional por medio de hablar con él por medio de la oración, y escuchar su voz por medio de la lectura y meditación en la Palabra de Dios.  Para los primeros dos discípulos todo comenzó cuando se quedaron con Jesús aquella noche, y al día siguiente continuaron una jornada sempiterna con él.  Jesús los llamó a estar con él, a seguirle, a venir en pos de él, a renunciar a sí mismos y a vivir para él.  El apóstol Pablo sabía por experiencia lo que es “no vivo yo, mas vive Cristo en mí”. 

      Para un discípulo del Señor (y todos estamos llamados a serlo) no hay nada que pueda sustituir o reemplazar esa relación.  Todo el conocimiento bíblico, doctrinal y teológico que tengamos, no nos hace a discípulos si no hemos  aprendido a “estar con él”.  Y el resultado obvio de esa relación es que otros reconocían “que habían estado con Jesús”, que a los discípulos se les llamó “cristianos” por parecerse tanto a Jesús; que Pablo volvía a estar con dolores de parto hasta que Cristo fuera formado en los creyentes, que era un imitador de Cristo y quería ser semejante a él en su vida y en su muerte, para glorificarlo en cualquier forma.  

       Cuando la gente trata con nosotros, ¿qué “fragancia” perciben de nosotros?  Nadie puede dar lo que no tiene, nadie puede oler al perfume que no se pone.  Nadie puede emanar el olor fragante de Jesucristo si no se ha impregnado de él en su vida devocional. Por

BUSCANDO A LOS PERDIDOS Y DISCIPULANDO A LOS ENCONTRADOS

Posted on Sunday, January 10, 2010 at 03:49AM by Registered CommenterRev. Milton Villanueva | Comments1 Comment

“Haced Discípulos”

“La Única Manera Bíblica para Formar una Iglesia Bíblica.”

Por Milton Villanueva

BUSCANDO A LOS PERDIDOS
Y DISCIPULANDO A LOS ENCONTRADOS

     Estoy convencido de que no hay otro lema que describa o plantee mejor la misión de la Iglesia que éste.  Lo único que hay que añadirle es “para la gloria de Dios”. 

     Y es que para hacer discípulos, primero tenemos que evangelizar.  No podemos discipular a un inconverso.  Primero tenemos que conducirlo a los pies de Cristo.  Sólo, entonces, es que puede comenzar la tarea de enseñanza y formación a la imagen de Jesucristo. Sin embargo, tanto la evangelización como el discipulado tienen que ser tareas intencionales.  Sabemos que es el Señor quien añade a la Iglesia los que han de ser salvos, pero no podemos sentarnos a esperar que nos entren por el techo.  Hay un claro mandato para “ir” y predicar el evangelio, y para “ir” y hacer discípulos –Marcos 16:15 y Mateo 28:19.

     Sin embargo, no basta con encontrar a los perdidos, es decir, ganarlos para Cristo.  Ese es sólo el comienzo.  Estamos llamados y tenemos la responsabilidad de darle una atención personal a cada nuevo convertido con el propósito de enseñarle  todas las cosas que el Señor ha mandado.  Este es un proceso de toda la vida, cuya efectividad se puede comprobar en vidas que conocen bien la Palabra de Dios, la viven y modelan a otros en quien ellos mismos están repitiendo el proceso.

     ¿Por qué es importante cumplir con ambas tareas de la gran comisión?  Imagínese que el Señor hubiera dejado la edificación de su Iglesia a cargo de cristianos, convertidos pero para quienes Cristo y Su Iglesia representaran tan sólo un extra en sus vidas, con un servicio condicionado a su conveniencia. Que el Señor tuviese que acomodarse a ellos, en vez de ser todo lo contrario. Miembros que ni el Señor ni su Iglesia pudiesen contar con ellos. Creo, sinceramente, que la Iglesia no hubiera superado el primer siglo.

     Piensa en esto, si tú no estás integrado a toda la vida de la iglesia, en todas sus reuniones y ministerio, seguramente tampoco tus hijos lo estarán.  Y no habrá que esperar cien años para ver los resultados.  No solamente algunos ya están fuera de la iglesia sino que, tanto tú como ellos, están sufriendo las consecuencias de querer seguir a Cristo a la distancia y en sus propios términos.



“Haced Discípulos” “La Única Manera Bíblica para Formar una Iglesia Bíblica.” Por Milton Villanueva

Posted on Saturday, January 9, 2010 at 04:18PM by Registered CommenterRev. Milton Villanueva | CommentsPost a Comment
BUSCANDO A LOS PERDIDOS
Y DISCIPULANDO A LOS ENCONTRADOS

     Estoy convencido de que no hay otro lema que describa o plantee mejor la misión de la Iglesia que éste.  Lo único que hay que añadirle es “para la gloria de Dios”. 

     Y es que para hacer discípulos, primero tenemos que evangelizar.  No podemos discipular a un inconverso.  Primero tenemos que conducirlo a los pies de Cristo.  Sólo, entonces, es que puede comenzar la tarea de enseñanza y formación a la imagen de Jesucristo. Sin embargo, tanto la evangelización como el discipulado tienen que ser tareas intencionales.  Sabemos que es el Señor quien añade a la Iglesia los que han de ser salvos, pero no podemos sentarnos a esperar que nos entren por el techo.  Hay un claro mandato para “ir” y predicar el evangelio, y para “ir” y hacer discípulos –Marcos 16:15 y Mateo 28:19.

     Sin embargo, no basta con encontrar a los perdidos, es decir, ganarlos para Cristo.  Ese es sólo el comienzo.  Estamos llamados y tenemos la responsabilidad de darle una atención personal a cada nuevo convertido con el propósito de enseñarle  todas las cosas que el Señor ha mandado.  Este es un proceso de toda la vida, cuya efectividad se puede comprobar en vidas que conocen bien la Palabra de Dios, la viven y modelan a otros en quien ellos mismos están repitiendo el proceso.

     ¿Por qué es importante cumplir con ambas tareas de la gran comisión?  Imagínese que el Señor hubiera dejado la edificación de su Iglesia a cargo de cristianos, convertidos pero para quienes Cristo y Su Iglesia representaran tan sólo un extra en sus vidas, con un servicio condicionado a su conveniencia. Que el Señor tuviese que acomodarse a ellos, en vez de ser todo lo contrario. Miembros que ni el Señor ni su Iglesia pudiesen contar con ellos. Creo, sinceramente, que la Iglesia no hubiera superado el primer siglo.

     Piensa en esto, si tú no estás integrado a toda la vida de la iglesia, en todas sus reuniones y ministerio, seguramente tampoco tus hijos lo estarán.  Y no habrá que esperar cien años para ver los resultados.  No solamente algunos ya están fuera de la iglesia sino que, tanto tú como ellos, están sufriendo las consecuencias de querer seguir a Cristo a la distancia y en sus propios términos.



¿Por Qué Debemos Hacer Discípulos?

Posted on Saturday, January 9, 2010 at 03:24PM by Registered CommenterRev. Milton Villanueva | CommentsPost a Comment

     En estos días en que me he visto obligado a reorganizar y darle atención a la parte de mi biblioteca pastoral que quedó en Arecibo, he tenido que reencontrarme con los libros acerca del discipulado cristiano que alguna vez marcaron mi vida y ministerio.  Volví a tomar uno de ellos, en busca de algo útil para un devocional que se me ha asignado para la Segunda Conferencia Hispana de la Iglesia Presbiteriana Ortodoxa en Orlando, Florida.  Providencialmente mis ojos se fijaron en esta cita marcada con un amarillo ya casi imperceptible por el tiempo:  “La vasta mayoría de los cristianos de occidente –miembros de iglesia, llenadores de escaños, cantadores de himnos, probadores de sermones, lectores de la Biblia, incluso los “creyentes “nacidos de nuevo” o “carismáticos llenos del Espíritu”, no son verdaderos discípulos del Señor.  Si nosotros estamos dispuestos a ser discípulos, la iglesia en occidente será transformada, y su impacto en la sociedad será asombroso.”  -David Watson, Called & Commited.  Como conozco bien el tema y sus implicaciones, quedé cautivo de mis inevitables pensamientos y conclusiones.

     Inmediatamente que emprendimos el viaje de regreso a nuestro apartamento en San Juan, llamé a mi amigo y compañero ministerial de toda la vida, Rev. José Antonio Juarbe.  Le dije: “Te estoy llamando para desearte ¡feliz año nuevo!, y  para decirte que lo que de alguna manera dejamos inconcluso hace 25 o 30 años atrás, es lo que debimos haber continuado haciendo todo el tiempo: hacer discípulos.”

       Reflexionamos acerca de las fuerzas y circunstancias en que nos desenvolvíamos en esos tiempos, y por qué no, hasta el día de hoy, con sus  variantes por supuesto.  Por un lado la iglesia tradicional contenta con predicar y evangelizar hasta lograr convertidos e integrarlos al programa o actividades de la iglesia. Por otro lado, el movimiento de iglecrecimiento sembrando la ambición de mega iglesias con mega pastores y mega templos.  En el último análisis, esta última corriente ha tenido como resultado iglesias más grandes numéricamente pero con los mismos defectos de antaño.  Y los pastores conscientes del rebaño nos hemos quedado con la insatisfacción en cualquiera de las dos escalas, de, en el mejor de los casos, tener apenas miembros de la iglesia, convertidos pero no discípulos.

     Cuando Cristo mandó “Haced Discípulos”, estaba implicando mucho más que evangelizar y que la gente sea salva, y que luego se hagan miembros de la iglesia, se congreguen fielmente y aporten sus ofrendas y diezmos.  Ser un discípulo tiene que ver con el impacto trasformador de la vida de Cristo en todas las áreas de nuestra vida durante toda nuestras vidas.  Es una relación personal con Jesucristo y una obediencia a su palabra que nos hace semejantes a él.  A los discípulos se les llamó cristianos por primera vez en Antioquía (Hechos 11:26).  Antes de ser llamados cristianos, eran discípulos. Y porque eran discípulos (seguidores fieles de Cristo en todo) fue que se les llamó “cristianos”.  Se les llamó cristianos como si se dijera de ellos “los cristos”, por ser semejantes a Cristo, por encarnar sus enseñanzas, por reflejarlo en sus vidas.

      Fíjense que previo a que a los discípulos se les llamara cristianos, hubo todo un proceso de enseñanza y discipulado, que desembocó en la formación de vidas que eran réplicas de Cristo y su enseñanza, como lo eran también sus discipuladores.  Pero, nosotros nos hemos conformado con menos, con meros convertidos y miembros fieles de la congregación local.  Hemos perdido el rumbo, y la iglesia contemporánea está pagando las consecuencias al tener cada vez menos impacto en la sociedad en que vivimos.

     Cristo dedicó toda su vida ministerial a hacer discípulos.  Cierto es que fue un reducido número de doce, pero él sabía que no había otro “método” para que la iglesia cumpla a cabalidad la gran comisión efectivamente hasta que él venga, que haciendo discípulos.  Y los discípulos aprendieron bien la lección, y no hicieron otra cosa que hacer discípulos.  Y es que hacer discípulos lo abarca todo, y es lo que le da sentido, permanencia y continuidad a la obra de la iglesia de generación a generación.  

     “Tú has oído lo que les he enseñado a muchas personas.  Ahora quiero.  Ahora quiero que enseñes eso mismo a cristianos en los que puedas confiar y que sean capaces de enseñar a otros.”- 2 Timoteo 2:2 (TLA).   Examinado bien este texto, alguien a señalado que ser un verdadero discípulo de Cristo, sólo queda demostrado en la cuarta generación de nuestra gestión: Pablo (primera generación), Timoteo (segunda generación), cristianos en los cuales puedas confiar y sean capaces de enseñar a otros (tercera generación y cuarta generación).

     Entonces, a “hacer discípulos”.  No hay tiempo que perder.  Pero, recuerda, que primero tú mismo(a) tienes que ser uno de ellos.